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Amores y lesbiandramas en Tinder: hay cosas peores que estar soltera (y no quererlo)

Si preguntamos a cualquier grupo de amigas qué opinión tienen sobre Tinder, seguro que encontramos las más diversas, e incluso opuestas, opiniones. Tinder es simplemente una herramienta y cómo la uses depende de ti. Una cosa es segura: esta aplicación no deja a nadie indiferente. Aquí os dejamos algunos ejemplos de chicas que ya han probado las mieles del Tinder.

Estefanía (28 años, Madrid) lleva en Tinder un año y medio aproximadamente y ha tenido “más citas de las que puedo contar”: a cual peor. Recuerda con simpatía a una chica a la que llama “La intensa”, la típica bolli que quiere casarse contigo en la segunda cita. Sí, el cliché existe. Era la tercera cita, habían quedado para comer y por la tarde Estefanía tenía que irse al cumpleaños de su sobrina de 3 años. La otra chica no dudó en autoinvitarse al cumple. Cuando Estefanía puso unos tímidos reparos, la chica empezó a echarle en cara su falta de compromiso y cobardía. “Creía que teníamos algo especial”, le soltó. No hubo una cuarta cita.

Laura (27 años, Alicante) encontró, hace casi un año, a la que considera el amor de su vida a través de Tinder. Lo había dejado con su novia hacía poco más de dos meses y se sentía preparada para conocer gente nueva, gente que no perteneciera directa o indirectamente a su círculo de amistades. Su ex la había dejado por una de sus mejores amigas (cosa no tan extraña dentro de un mismo bollocírculo). Un martes por la noche, mirando la televisión sin verla, decidió abrirse una cuenta en Tinder, parecía fácil. Empezó a ver perfiles. Nope. Nope. NopeNope? Nope. Mmm, like, Match! Empezaron a hablar, conectaron y decidieron quedar. La atracción surgió nada más verse. Esa misma noche la pasaron juntas y comieron perdices. Literalmente: cenaron perdiz escabechada con verduras de la huerta en un restaurante muy bonito del centro.

La experiencia en Tinder de Andrea (31 años, Barcelona) puede resumirse así: casi treinta matches y ninguna cita provechosa. Ella le da un like a cualquier mujer con el pelo largo: “Bueno, media melena me sirve también”, afirma. Andrea cree que el saludo inicial ya puede determinar si esa persona le va a gustar o no. Es medio bruja. Quizá parezca un poco extremo, pero no es lo mismo saludar con un simple “Hola”, que saludar diciendo que por tus venas corren cerveza artesanal y guacamole. Por ejemplo. También le ha pasado de hacer match con alguien y no saludar ni ser saludada (cosa que ocurre con demasiada frecuencia). Por otro lado, también opina que a mucha gente le gusta hablar, hablar y hablar y a eso se reduce todo con ellas: “Bla, bla, bla y nada de conectar fluidos”, sentencia. Andrea confiesa asimismo no ser una persona con mucha iniciativa, pero prefiere charlar cara a cara delante de un buen vino y comprobar en persona si existe química o no.

Virginia (33 años, Madrid) no es muy activa en Tinder, pero ha tenido alguna que otra cita. Recuerda con especial cariño una que tuvo con una chica por la que no sintió la química suficiente para empezar una relación seria, pero que a día de hoy sigue siendo una buena amiga (una amiga con la que folla de vez en cuando). Como se parecen mucho físicamente, hay gente que les pregunta si son hermanas: “Sí, somos las Scissor Sisters”, afirman entre risas y complicidad.

Natalia (29 años, Barcelona) es nueva en Tinder y hace un par de semanas tuvo su primera cita. Hicieron match un jueves por la noche y decidieron quedar al día siguiente para tomar una copa y ver qué tal. Se puso muy nerviosa a la hora de elegir lo que se iba a poner, no debía ir ni muy sexy (y parecer desesperada) ni muy informal (y parecer descuidada). Unos vaqueros y una camiseta de algodón con escote en V nunca fallan. Un toque de rimmel y un ligerísimo colorete. Al acercarse al lugar de la cita le temblaban las piernas y estuvo a punto de darse la vuelta y volver a casa, pero no quería hacer el ridículo. Al llegar vio a la chica y le dejaron de temblar las piernas: llevaba un pantalón corto de chándal y una camiseta de baloncesto agujereada. “Aguanté dos horas de conversación sobre sus desastrosas citas anteriores en Tinder, un poco sobre baloncesto, y ahí acabó todo”, nos cuenta. No volvieron a quedar.

Sofía (28 años, Madrid) estuvo viviendo en Emiratos Árabes un año con su novio, pero echaba de menos España y decidió volverse y dejarlo con él. Al volver a Madrid lo tuvo claro y se instaló el Tinder nada más aterrizar en el aeropuerto. Conoció a una chica, tuvieron un par de citas y se gustaron. A la cuarta o quinta cita descubrió, por casualidad, que esa chica era la hermana de su ex novio de Emiratos Árabes. Vamos, aquello parecía el argumento de una peli mala de sábado por la tarde. Muchas os preguntaréis cómo es posible que ocurran cosas así viviendo en la sociedad de la información, pero lo que no sabéis es que aún existen seres vivos sin Facebook, sin Twitter y sin Instagram, por muy hipster que parezca. ¿Cómo acabó esta historia? Al volver a casa después de esa cuarta o quinta cita, Sofía se desinstaló el Tinder.

Algunas historias acaban bien, otras acaban mal, como todo en la vida. Pero eso es Tinder: la herramienta con la que puedes encontrar al amor de tu vida o descubrir que hay cosas mucho peores que estar soltera.

Por Ana Ferrández




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