por Clarissa González

The Secret Diaries of Miss Anne Lister

Enero 2012

 

The Secret Diaries of Miss Anne Lister. De James Kent, Con Maxine Peake, Anna Madeley, Susan Lynch. Reino Unido, 2010, 89 min.

Yo amo y solo amo al sexo más justo y al ser amada por su parte mi corazón repugna cualquier otro amor que no sea el suyo. Fragmento del diario de Anne Lister

Si hoy en día no solo el cine sino también el activismo lésbico concentra sus acciones en visibilizar a las lesbianas, la trayectoria de Anne Lister constituye un marco de referencia en este proceso. Tanto para sus contemporáneas como para las nuestras. Su determinación y valentía hacían de ella una mujer admirable. La manera como decidió vivir su vida –jamás se curvó ante las convenciones sociales– la convirtió en “la primera lesbiana moderna de Gran Bretaña”.

Basada en hechos reales, el telefilm producido por la BBC en 2010 muestra como Anne Lister (1792– 1840) vivía –y registraba en un diario codificado– sus amoríos. Desde tierna edad (confiesa que en el colegio se acercaba a otras niñas con segundas intenciones), ya sabía lo que quería e iba a por ello. La película, sin embargo, obvia esta etapa de su existencia. En su hora y media de duración, la trama se centra en un momento crucial de la vida de Anne: enamorada de Mariana Belcombe, tiene que decidir si la esperará (ésta se compromete a ser su compañera una vez que su marido, considerablemente mayor que ella, se muera) o si buscará “otra compañera femenina”.

El planteamiento central de la película, sencillo y eficaz, muestra a una lesbiana del siglo XVIII en su entorno familiar y rutinario: su vida en Shibden en compañía de sus tíos solteros, su paseos en el bosque, sus estudios, sus labores, sus amores. Movida por la pasión, esta mujer inquieta, pero también determinada y firme, no se contenta con los pocos encuentros furtivos que tiene con Mariana y se muestra incapaz de ocultar sus sentimientos. Ni siquiera en eventos sociales o en encuentros casuales con otras personas de por medio: su ojos –y actitud– la delatan ante la presencia de su amada. Incapaz de vivir una vida doble, ignora habladurías de gente cuya opinión cambia según las circunstancias. Todo le resbala: no se lo piensa dos veces antes de cortejar a una joven guapa o de acostarse con Tib, una amiga con derecho a roce. No solo de amor –como las protagonistas de novelas de Jane Austen– se vive. El placer carnal también necesita ser saciado y Anne emplea sus medios para lograrlo.

Romántica y sexual (dos adjetivos que no tienen por qué ser incompatibles), Anne lo registra todo en su diario. Su reciente desciframiento sirvió de base para que la guionista Jane English y el director James Kent realizaran la película, una invitación para compartir su intimidad y, de paso, entender cómo la sociedad victoriana –marcada por la rigidez y el recatamiento– toleraba la homosexualidad femenina. Las tácticas de seducción empleadas por Anne –casi siempre evocaba la poesía de Lord Byron para envolver a las mujeres que intentaba conquistar– mostraban que ella vivía su sexualidad de manera elegante y abierta. No se cortaba a la hora de hacer la corte (ni durante la misa desviaba la mirada), y cuando su tío trata de conseguirle un pretendiente, le dice con todas las letras que o será una persona solitaria como él o compartirá su vida con una mujer.

No deja de sorprender (de manera positiva, claro) que esta película, más allá de retratar la época victoriana sin pudores –pasean por la pantalla jóvenes aristócratas de marcada desenvoltura que levantan el vestido para otras jóvenes, se morrean en el bosque y se bañan juntas– muestre a la mujer lesbiana sexualizada. Nada queda subentendido. No pasan por amigas. Utilizan la palabra “compañera”. Es claro el tipo de vínculo que las une: en algunos casos sentimental, en otros meramente sexual. Hay las que deciden vivirlo de puertas hacia dentro y otras, como Anne, que lo hacen abiertamente. Si alguien tiene algún problema con ello, desde luego no es ella. La manera valiente con la que lo encara no permite que el prejuicio de los demás salpique en ella, restringiendo su libertad.

Esta cinebiografía de Anne Lister es bastante intimista (al fin y al cabo está basada en su diario) y mantiene el buen ritmo. El guión, inteligente, en lugar de dispersarse en una sucesión de acontecimientos en orden cronológico que busque abarcar muchos hechos, privilegia el dilema sentimental que consume a la protagonista, a la par que dibuja su perfil psicológico (calidad cada vez más escasa en el cine contemporáneo, sobre todo en producciones televisivas). Se logra así dar sustancia a la historia y a los personajes, haciendo que las elecciones y renuncias de Anne cobren coherencia, a parte de matizar rasgos del carácter de la protagonista. Todo un logro.

Después de la exitosa combinación de era victoriana con romances lésbicos de la mano de la escritora Sarah Waters, autora de los éxitos literarios y televisivos (en España exhibidos en festivales de cine de temática LGTB) Tipping the velvet (2002) y Fingersmith (2005), la BBC decidió apostar por dos proyectos de temática lésbica en 2010: la serie Lip service y esta película de época. La segunda temporada de Lip service, ya rodada y con estreno previsto para el primer semestre de este año, además del éxito de The Secret Diaries of Miss Anne Lister (cosechó buenas críticas en los festivales de cine en los que fue exhibida y superó la cuota de pantalla al ser emitida en la televisión británica) muestran que apuestan acertadamente.

Sin pretensiones más allá que contar (y bien) los más significativos romances de Anne Lister, la película fascina por su simplicidad y eficacia. Las actrices están muy bien, la fotografía y la ambientación son perfectas; el guión y la dirección, competentes. La BBC, una vez más, se luce con una producción que brinda al espectador personajes fascinantes, una historia envolvente y un análisis interesante de la sexualidad lesbiana en la era victoriana. ¿Qué más se puede pedir? Que el éxito les anime a seguir apostando por proyectos como este.

 

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