
Elena undone, de Nicole Conn. Con: Necar Zadegan, Traci Dinwiddie, Gary Weeks y Sam Harris, Sabrina Fuster, Mary Wells, Connor Kramme. Estados Unidos, 2010, 100 min.

Desde fuera, Elena, Barry y Nash parecen muy unidos y felices. La típica familia americana: una casa en los suburbios (lejos de las tentaciones de la ciudad), un coche en el garaje, un hijo cariñoso y aplicado. La materialización del sueño americano (60 años después). Pero, como el título indica, Elena (Necar Zadegan) está deshecha. Atrapada en un matrimonio sin amor, su rutina es monótona: se dedica a las tareas del hogar y a asistir a los sermones proferidos por su marido (Gary Weeks), un pastor protestante. Fotógrafa con futuro prometedor, dejó su profesión a un lado para dedicarse exclusivamente a su familia. Infeliz pero resignada, Elena nunca se había planteado dar un giro radical a su vida hasta que conoce a Peyton (Traci Dinwiddie) y, por primera vez, se enamora.
Ellas coinciden en una clínica de fertilización. En la búsqueda de dar un sentido a sus vidas, ambas contemplan la maternidad como solución (o más bien, como válvula de escape). Cupido no permite que aquel encuentro casual entre las dos pase incólume. Ellas cruzan miradas y se hablan. Luego vuelven a verse en una fiesta organizada por Tyler (Sam Harris), un amigo común. Es cuando Elena se entera de que Peyton es escritora y lesbiana. Ella acude al evento con Wave (Mary Wells), una amiga poco discreta. De hecho, su ex, la responsable de algunos de los momentos más graciosos de la película.
Sorprendida por la revelación, Elena, en lugar de alejarse, se acerca a Peyton. Las dos entablan amistad y pasan a quedar cada vez con más frecuencia. Cuando Peyton se entera de que Elena se dedicaba a la fotografía, le incentiva a que lo retome. Incluso le pide su portafolio. Le gusta lo que ve y decide contratar a Elena para sacar las fotos que ilustrarán la contraportada de su próximo libro. La relación entre ellas se va estrechando. Se construye de manera bonita, sin prisas. Con apoyo y muestras sutiles de afecto. Complicidad y compañerismo, aunque el deseo sexual no sea sublimado. Antes de que todo estalle, materializándose en una muestra física de lo que siente la una por la otra, Peyton, al darse cuenta de lo que le despierta Elena, sugiere que pisen el freno. Elena, que no piensa renunciar a los momentos que comparten, le pide a Peyton que no la prive de su compañía.
Esta escena es prácticamente una declaración de amor. En lo que dice Elena, se puede leer entre líneas un “no me abandones”. Ella ya no consigue imaginar su vida sin Peyton, el aliento que hace su existencia más llevadera. No concibe distanciarse de aquella mujer que le despierta sensaciones que nunca antes había experimentado. El sentimiento es recíproco; el deseo, creciente. Es curioso percibir que en muchas películas de temática lésbica cuyo planteamiento inicial reúne a una mujer lesbiana con una que no lo es (o que por lo menos no había vivido semejante experiencia previamente), generalmente, quien da el paso inicial es la segunda. Las lesbianas, al involucrarse a nivel afectivo con una mujer de pasado hasta entonces heterosexual, suelen ser más recelosas cuando el vínculo no es meramente carnal o morboso. Por lo menos, es lo que muestra el cine, como se puede constatar en Sevigné (2004), cuya crítica fue publicada en la edición anterior de MíraLes. Los hechos: es Elena quien le da el primer beso a Peyton (uno de los más largos de la historia del cine de temática lésbica). También es Elena quien toma la iniciativa de buscarla. Peyton, asustada, intenta actuar con prudencia. Quizá porque simples gestos y demostraciones de cariño ganan una dimensión que Elena no percibe. O esto por lo menos es lo que cree Peyton, que no quiere malinterpretar las cosas y hacerse ilusiones.

Es interesante ver cómo las dos protagonistas lidian con los sentimientos que afloran y, en paralelo, se enfrentan a sus dilemas tanto en el campo personal (Elena se rinde ante un matrimonio fallido; Peyton, ante la soledad: su madre se murió y ella no ha vuelto a echarse novia), como en el profesional (Peyton tiene su trayectoria bien encaminada; Elena intenta retomarla). Esto las acerca al espectador, las humaniza. Acompañamos a Peyton encarando sus temores, desahogándose con su ex. Y a Elena en su tour de force: no le cuesta asumir lo que siente por Peyton ni permitirse vivirlo; lo que le resulta complicado es hallar el momento adecuado para decir lo que tiene que ser dicho tanto a su hijo (Nash, interpretado por Connor Kramme) como a su marido, antes de que pierda la confianza de uno y se le agoten las excusas para esquivar las embestidas sexuales del otro. En este proceso, Elena percibe que ciertas cosas no se pierden, simplemente cambian. Que ellos también necesitan asimilar la nueva realidad. Buscará, entonces, darles a los demás las herramientas y el tiempo necesario para aprender a convivir con ello y, a la par, tratar de ser feliz. Encarar las cosas de frente, llamarlas por su nombre y respetarse a sí misma: he ahí el desafío de Elena.

El argumento (mujer, rehén de un matrimonio fracasado, entabla amistad con otra mujer y luego se enamora de ella) no es muy original. Ya se ha visto en unas cuantas películas, como The gymnast (2006) que, al igual que Elena undone, también cuenta con una pareja formada por mujeres de diferentes etnias. El combate entre religión y deseo tampoco tiene carácter inédito en el cine lésbico. El entorno familiar de Elena es bastante similar al de Camille Parker en Cuando cae la noche (1995). Esto no impide que la película acapare la atención del espectador con una buena dosis de romance, sexo y drama. Todo ello puntuado por declaraciones de diversas parejas (formadas por dos mujeres, dos hombres, además de las heterosexuales) que irrumpen en la narrativa. éstas cuentan cómo se conocieron y cómo llevan la relación. Hablan directamente a la cámara, dando un aire documental a la película. Esto, a nivel narrativo, se justifica: Tyler, que se dedica al cine, las está grabando para un proyecto audiovisual. A veces se le ve ajustando la cámara, hablando con sus entrevistados. él también le habla al espectador. Sin embargo, los personajes de la historia de amor principal (la vivida por Elena y Peyton) no lo hacen. Se sabe lo que les sucede a través de sus rutinas, no a través del discurso oral directo de sus testimonios. En este caso, los hechos son narrados de forma clásica, naturalista. Quizá porque de todas las historias presentadas, ésta haya sido la elegida por Tyler para ilustrar sus teorías acerca del amor.



¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.