
Ciudad de fronteras (City of borders), de Yun Suh. Con Boody, Ravit Geva, Sa’Ar Netanel, Adam Russo, Samira Saraya. EE.UU., 2009, 66 min.

¿Qué podría pasar si una joven doctora judía se enamorara de la enfermera palestina que trabaja en el mismo hospital que ella en Israel? La vida de Ravit Geva, de 33 años, cambió cuando Samira, una compañera de trabajo de 31 años, le declaró su amor. ¿Qué hacer con el sentimiento que surge? ¿Cómo lidiar con el apartheid social y físico? Como transfondo gráfico y metafórico figura la construcción de un muro de separación entre Israel y los territorios palestinos.

Esta y otras historias de vida están narradas en Ciudad de fronteras, documental que acompaña los dilemas vividos por otros tres personajes además de Ravit y Samira. Judíos y palestinos, todos se entrecruzan en el Shushan, único bar de ambiente de Jerusalén. Boody, joven palestino de 19 años, se encuentra dividido entre su religión y sus deseos. Trata de compaginar su vida personal con las responsabilidades que le corresponderían por ser el mayor de sus hermanos cuando su padre abandona la familia. Su valentía y manera de expresarse le obligan a marcharse a Estados Unidos puesto que su vida corre peligro. Precisamente por no esconderse – es la primera drag queen a hacer performances en un bar de Jerusalén – recibe seguidas amenazas de muerte. Su madre, a pesar de ser consciente de la homosexualidad del hijo, tiene la pretensión de casarlo con una prima. Ya Sa’ar, israelí de 35 años, es el primero concejal asumidamente homosexual a ocupar el puesto. También recibe amenazas de muerte por su doble condición: además de homosexual, es una persona pública. Las amenazas se incrementan cuando él se involucra en la organización del Orgullo Gay en la ciudad. Consciente de la necesidad de hacerse visible y de crear espacios para el intercambio afectivo y étnico, en el 2003, mismo año en el que es elegido concejal, abre el bar de ambiente Sushan. Adam, de 19 años y origen israelí, también es frecuentador del Shushan. Trae en el cuerpo las cicatrices del odio hacia los homosexuales: fue acuchillado por un judío ortodoxo durante la manifestación del Orgullo Gay en el año 2005. Vive con su pareja, Amit, en Givat Ze’ev, un pueblo al norte de Jerusalén. A pesar de la hostilidad, no piensa irse del lugar donde creció. Todo lo contrario: construye una casa allí.

Ciudad de fronteras, desde su primer escena, expone la situación limítrofe – en todos los aspectos – vivida por palestinos y judíos. Luego el documental, presenta a los personajes, ubicándolos en sus entornos. Y, poco a poco, da a conocer la intimidad de cada uno de ellos. Es cuando la realidad mostrada en pantalla se hace mucho más cercana. La pareja lésbica, por ejemplo, se divierte en cenas con amigas, hace la colada, pasea, trabaja. Tiene discusiones acerca de temas como tener o no tener hijos. Ravit lo desea, Samira es reticente respecto a que su pareja se quede embarazada. Ella, junto a Boody y su mirada tierna y a la vez penetrante, es el personaje más carismático del documental. Quizás por su espontaneidad y autenticidad. No por casualidad, uno de los mejores momentos de la cinta lo protagoniza ella al explicar la doble paradoja étnico-sexual que vive con Ravit desde el punto de vista tanto israelí como palestino: “Uno de los grandes tabúes en Israel es la relación entre árabes y judíos. Si le preguntas a mi madre, antes que el tabú de las relaciones entre árabes y judíos está el tabú de las relaciones entre homosexuales. Si le preguntas a una madre israelí prefiere que su hija sea gay antes que se case con una árabe.”

Sin perder el ritmo, a la par que da una idea de cómo es ser homosexual y vivirlo públicamente en Israel de ambos lados de la frontera, la película va profundizando en los dilemas personales de los personajes más que en la denuncia en sí, aunque ésta se haga presente en cada uno de sus fotogramas. Su mérito está en no ser panfletaria. Puede que precisamente por esto la denuncia gane más fuerza, ya que no se queda solo en el discurso directo. El espectador se ve involucrado en la narrativa y a partir de ahí en cuestiones de orden sociopolítica, cultural y religiosa. Tal logro es virtud de la dirección, que opta por un abordaje intimista. Aunque también merece destaque el manejo de cámara, que sigue la cartilla de los reportajes bien realizados, desvelando la realidad sin descuidar el aspecto técnico. Y la edición, ágil e inteligente. Las estructura está bien definida y las tramas, perfectamente entrelazadas. .

Tal como las películas corales, los documentales basados en historias de vida suelen acompañar fragmentos de las trayectorias de un selecto grupo de personajes. En este caso, Ravit, Samira, Boody, Sa’ar y Adam. El gran logro de este documental es que está planteado como una película de personajes. Y funciona porque ‘su reparto’ cautiva y mantiene el interés. Mérito de la directora, productora y guionista Yuh Suh, una surcoreana radicada en Estados Unidos que también vivió en país dividido. Tal vez por esto tenga tamaña habilidad para hablar del tema. Sin lugar a duda, lo hace suyo. Y a nosotros, espectadores, nos lo hace llegar como una experiencia que a ella le caló hondo. Se le agradece el que la comparta blindándonos este inspirado documental.
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¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.