por Clarissa González

Cuando Cae la Noche

Agosto 2010

When night is falling, de Patricia Rozema. Con Pascale Busières, Rachael Crawford, Henry Czerny, David Fox, Don McKellar, Tracy Wright e Clare Coulter. Canadá, 1995, 94 min.

Ya han pasado 15 años del estreno de Cuando cae la noche. Por eso, precisamente, resulta interesante volver a ver esa película canadiense que tiene como tema central una historia de amor entre dos mujeres. Pocos largometrajes hasta entonces han dado protagonismo al tema. Quizás Media hora más contigo, de Donna Deitch, de 1985, sea una de las pocas excepciones. El hecho es que la gran mayoría de las películas a abordar el lesbianismo eran muy tendenciosas: o apostaban en estereotipos o daban una visión negativa del amor entre mujeres, muchas veces justificado como frivolidad o fruto de una obsesión, como Rebecca, de 1940, la primera obra realizada por Alfred Hitchcock para un gran estudio norteamericano. Otro punto a tener en cuenta es que la película fue escrita y dirigida por una mujer. Y cuenta con un diferencial: está dirigida al público lésbico. Eso es significativo porque rompió con la tendencia de satisfacer el morbo heterosexual masculino y restringir el tema a subramas paralelas, restándole importancia. Habría que destacar, asimismo, que Cuando cae la noche cuenta con bellas escenas de sexo e intercambio de caricias, cuando la mayoría de las películas optaban por un abordaje asexuado, como Tomates verdes fritos, de 1991, que, por más que sugiriera algo más allá de la amistad entre las protagonistas, no presentaba ninguna toma de demostración de afecto explícita. Por todo eso, el tercer largo de Patricia Rozema se convirtió en una obra de culto para lesbianas.

Ya han pasado 15 años del estreno de Cuando cae la noche. Por eso, precisamente, resulta interesante volver a ver esa película canadiense que tiene como tema central una historia de amor entre dos mujeres. Pocos largometrajes hasta entonces han dado protagonismo al tema. Quizás Media hora más contigo, de Donna Deitch, de 1985, sea una de las pocas excepciones. El hecho es que la gran mayoría de las películas a abordar el lesbianismo eran muy tendenciosas: o apostaban en estereotipos o daban una visión negativa del amor entre mujeres, muchas veces justificado como frivolidad o fruto de una obsesión, como Rebecca, de 1940, la primera obra realizada por Alfred Hitchcock para un gran estudio norteamericano. Otro punto a tener en cuenta es que la película fue escrita y dirigida por una mujer. Y cuenta con un diferencial: está dirigida al público lésbico. Eso es significativo porque rompió con la tendencia de satisfacer el morbo heterosexual masculino y restringir el tema a subramas paralelas, restándole importancia. Habría que destacar, asimismo, que Cuando cae la noche cuenta con bellas escenas de sexo e intercambio de caricias, cuando la mayoría de las películas optaban por un abordaje asexuado, como Tomates verdes fritos, de 1991, que, por más que sugiriera algo más allá de la amistad entre las protagonistas, no presentaba ninguna toma de demostración de afecto explícita. Por todo eso, el tercer largo de Patricia Rozema se convirtió en una obra de culto para lesbianas.

Para ubicar cómo eso se dio, habría que contextualizar el momento en el que fue realizada: a mediados de los años 90. A partir de la segunda mitad de la última década del siglo XX, las lesbianas empezábamos a conformar un colectivo con voz propia. Ya no éramos apenas aquellas que hacían coro a las reivindicaciones gays y/o feministas. Finalmente las lesbianas pasamos a entender la visibilidad como una de las claves para librase de ciertos estigmas. Eso se refleja en el cine y se percibe el creciente esfuerzo de algunas cineastas por llevar a la pantalla grande narrativas acerca del universo lésbico. Merecen destaque las trayectorias de Lisa Cholodenko (High Art, 1998), Kimberly Peirce (Boys don’t cry, 1999) y Patricia Rozema.

Oriunda de una familia de emigrantes holandeses muy religiosos, Patricia Rozema rodó Cuando cae la noche en su ciudad natal: Ontario. Los toques autobiográficos, no obstante, se hacen notar no sólo en la elección de locaciones, sino también en la trama, protagonizada por una mujer que pasa a cuestionar los preceptos de una religión que la aprisiona. Camille (Pascale Busières), profesora de teología de una universidad protestante de Toronto, se compromete con Martin (Henry Czerny), también teólogo. Junto a él, lleva una ejemplar vida cristiana, coherente con lo que predican. Pero la aparente felicidad de Camille esconde la fragilidad de su relación con Martin, más motivada por la comodidad y obligación religiosa que por el amor. Cuando pierde a su mascota en un extraño accidente de coche de desdoblamientos surrealistas, su mundo parece desmoronarse. Bajo el impacto de la supuesta pérdida, conoce, en una lavandería, a Petra (Rachael Crawford), una artista de circo. Después de un cambio intencional de ropas, Petra consigue un pretexto para volver a ver a Camille. Durante el reencuentro, percibe que la atracción que siente por Camille es correspondida.

Oriunda de una familia de emigrantes holandeses muy religiosos, Patricia Rozema rodó Cuando cae la noche en su ciudad natal: Ontario. Los toques autobiográficos, no obstante, se hacen notar no sólo en la elección de locaciones, sino también en la trama, protagonizada por una mujer que pasa a cuestionar los preceptos de una religión que la aprisiona. Camille (Pascale Busières), profesora de teología de una universidad protestante de Toronto, se compromete con Martin (Henry Czerny), también teólogo. Junto a él, lleva una ejemplar vida cristiana, coherente con lo que predican. Pero la aparente felicidad de Camille esconde la fragilidad de su relación con Martin, más motivada por la comodidad y obligación religiosa que por el amor. Cuando pierde a su mascota en un extraño accidente de coche de desdoblamientos surrealistas, su mundo parece desmoronarse. Bajo el impacto de la supuesta pérdida, conoce, en una lavandería, a Petra (Rachael Crawford), una artista de circo. Después de un cambio intencional de ropas, Petra consigue un pretexto para volver a ver a Camille. Durante el reencuentro, percibe que la atracción que siente por Camille es correspondida. Su narrativa convencional no llega a chocar con el realismo mágico que salpica el guión. Tal detalle, lejos de desorientar o comprometer la trama, cumple el objetivo de atar cables. La actuación del dúo de protagonistas es correcta. Pascale Busières y Rachael Crawford están convincentes tanto en las escenas de embate como en las de seducción. La dirección de fotografía ayuda a tornar memorables los momentos de amor, con planos picados y travellings que muestran el encaje de los cuerpos, el contraste de pieles y el engranaje que gana fuerza cuando las dos se entregan a un deseo recíproco. Las escenas del circo son, igualmente, bellas. Sutiles y de buen gusto, los encuadramientos seducen al espectador, así como Petra a Camille. Y viceversa. Diálogos bien cadenciados dejan claro que Patricia Rozema supo transponer para la pantalla, con desenvoltura, su propio guión. Por más que la película no profundice la paradoja de la pérdida de la fe en los dogmas religiosos y la recuperación de la fe en uno mismo, no decepciona. La cuestión religiosa y los malabarismos circenses sirven apenas de trasfondo para contar una historia de amor entre dos mujeres. Atenta, Patricia Rozema no la pierde de vista en momento alguno.

Curiosidad: Patrícia Rozema ya había realizado otra película de temática lésbica. Su debut en largometrajes, Yo escuché las sirenas cantar, se hizo con el premio a la juventud en el Festival de Cannes de 1987 y con el premio a la mejor obra audiovisual de humor en Francia el mismo año. Después de dirigir Habitación blanca y el episodio Desperanto de Montreal vu par…, se dedicó al guión y a la dirección de la película por la que suele ser recordada, Cuando cae la noche.

Más información:
http://www.imdb.com/title/tt0114916/

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