por Clarissa González

Chloe

Diciembre 2010

Chloe, de Atom Egoyam. Con Julianne Moore, Amanda Seyfried, Liam Neeson, Michael Thieriot. EE. UU., 2009, 96 min.

Mujer sospecha que su marido la traiciona y decide ponerlo a prueba. Contrata a una joven para seducirlo. Lo que ella no podría imaginarse era que caería en su propia trampa al solicitar los servicios de Chloe (Amanda Seyfried).

Catherine (Julianne Moore) tiene una vida aparentemente bien estructurada. Ginecóloga dedicada, goza de prestigio profesional. David (Liam Nesson), su marido, es un atractivo profesor. Michael, el hijo del matrimonio, es un músico de futuro prometedor. Los tres viven en una linda casa, tienen amigos elegantes y un buen coche. Motivos para celebrar no les faltan. Tal vez por esto, a Catherine le gusta organizar fiestas.

A raíz del cumpleaños de David, Catherine decide prepararle una fiesta sorpresa. Invita a sus amigos a casa, les sirve buen vino y aperitivos, mientras espera a que su marido regrese de un viaje laboral. Pero él no regresa. O por lo menos no a tiempo de comparecer en la fiesta. Como se entretiene después de una charla, pierde el último vuelo. Catherine se mosquea. Él trata de restarle importancia a lo ocurrido. Decepcionada, ella llega a la conclusión de que su marido prefiere estar con sus alumnas a estar con ella. Muy atento, David intercambia mensajes con algunas de ellas tanto por correo electrónico como por móvil. Catherine, al interceptar el teléfono de David y constatar que el flujo de mensajes no cesa, decide pasar a la acción. Habría que dar un paso más y averiguar qué estaba sucediendo.

Cuando conoce a Chloe, cree que ella es la chica perfecta para ayudarle a descubrir la verdad sobre David. Le explica lo que le sucede y le pide a Chloe que lo busque. Ella lo hace. Pero, para sorpresa de Catherine, Chloe lo exime. Obsesionada, Catherine decide insistir en ello. Le pide a Chloe que se acerque más a David, que lo seduzca. Chloe lo hace: sigue las instrucciones que le son dadas y después se lo cuenta todo a Catherine. Como el plan procede sin grandes avances, acaba extendiéndose más tiempo del previsto. Quizás porque Catherine está más interesada en encontrar lo que estaba buscando que en descubrir la verdad. O simplemente porque no sabía cómo ponerle fin a aquella situación. Todo se complica aún más cuando las dos pasan a compartir más que secretos. Chloe, a medida que se acerca más a David, también se hace más íntima de Catherine. Si en un primer lugar, el dolor de Catherine la conmueve y conquista, después ella se descubrirá perdidamente enamorada de su clienta. Las dos se implican tanto a nivel físico como afectivo. Catherine carece de atención, mimos y orgasmos. Chloe está dispuesta a dárselo todo.

El problema surge cuando Catherine decide no seguir más. Chloe no se conforma. Las mentiras son desveladas. La situación se les escapa de las manos. Las personas heridas son peligrosas. Un fin trágico que se deja prever.

Cabe aquí un pequeño paréntesis. Para Catherine, ¿qué habrá significado lo suyo con Chloe? ¿Algo más que una aventura? ¿Un desliz en un momento emocionalmente turbio? ¿El combustible que necesitaba para dar nuevo gas a su matrimonio?

Puede que haya ahí un interesante pero discreto mensaje subliminal: retratar la hipocresía de una familia de clase media al mostrar el intento desesperado de una mujer de salvar un matrimonio que ya ha dado de sí. ¿Acaso no os da la impresión de que Catherine y David sólo siguen juntos por comodidad/conveniencia? Ni compañerismo, ni complicidad. Sexo y deseo, menos. Para huir de esta trampa sin arriesgar la seguridad que teóricamente aporta la familia nuclear, se opta por una aventura. Se aplaca el deseo sin comprometer lo otro. Es patético, pero también verosímil, constatar que tal vez a Catherine le encantaba creer en las mentiras que le contaba Chloe. Y que aquello que sucedió entre ellas fue lo que le permitió a Catherine redescubrir su sexualidad.
Hasta este punto, la historia fluye sin grandes percances. Especialmente por la química entre Julianne Moore y Amanda Seyfried, ambas muy felices en sus composiciones de personaje. También por la forma en que las sospechas y mentiras atrapan al espectador/a hasta el clímax. Julianne Moore, toda una especialista en mujeres atormentadas, no decepciona. Su presencia en pantalla es lo que puntúa ese drama. En cartelera por partida doble –¡y con dos personajes lésbicos!– la actriz también puede verse en The Kids are all right, cuya crítica publicó Mírales el mes pasado. Amanda Seyfried sorprende por su madurez. Defiende muy bien a Chloe y acierta al no juzgarla. La actriz, de apenas 25 años, después de hacerse muy popular gracias a un musical (Mamma Mía) y a una comedia romántica (Cartas para Julieta), ambas muy taquilleras, vuelve a interpretar a una mujer a vueltas con relaciones obsesivas y… lésbicas. No nos olvidemos de que en Jennifer’s Body le da un caliente beso a la musa adolescente Megan Fox. Por todo ello, despunta como una de las actrices más prometedoras de su generación. Liam Neeson, aunque quede algo ofuscado por las protagonistas (su presencia es más pasiva que activa: él sufre la acción), emplea cierta ambigüedad necesaria para hacer creíble tanto las sospechas de Catherine como las mentiras de Chloe.
A pesar del excelente reparto y de la destreza del director Atom Egoyan, que hábilmente narra esta historia hasta su clímax, la película tiene una conclusión que decepciona. Su final llega a ser predecible. ¿Cuándo una película de gran estudio le brindará a un personaje bisexual/lésbico un rol que no sea antagónico? Ni Catherine Tramell, interpretada por Sharon Stone en Instinto básico, lo ha logrado. Morbo a parte, no dejaba de ser la villana de la historia. No sorprende, por tanto, que el destino trágico de Chloe guarde un gran parecido con el de muchas mujeres obsesivas retratadas por el cine clásico hollywoodiense. Cualquier semejanza con Alex Forrest –personaje de Glenn Close en Atracción Fatal– no es pura casualidad. Pero Chloe tiene un diferencial: su sexualidad. El hecho de ser bisexual y enamorarse perdidamente de su cliente le da un cierto aire “contemporáneo” al guión, que no parte de un argumento muy original (mujer, desconfiada de una supuesta traición de su marido, contrata a una persona para pasar la historia a limpio). Incluso llega a molestar porque se ve oportunista en el peor de los sentidos.
No obstante, aunque el final puede resultar algo molesto –suena poco pausible el “straight family happy end”-, el atrezzo que ostenta Catherine Stweart en su última aparición llena de interrogaciones un cierre que, gracias a este pequeño detalle, da un nuevo giro a la historia. ¿Por qué Catherine no se libra del regalo que le había hecho Chloe? ¿Lo usa como un trofeo? ¿Lo mantiene porque extraña a Chloe? ¿O porque aquello la remite a los orgasmos que le brindó su amante? Sea como sea, Chloe se hace presente. No sale de la cabeza de Catherine.
Comentarios de Mirales generados por Disqus