
Boys don’t cry, de Kimberly Peirce. Con Hillary Swank, Chloë Sevigny, Peter Sarsgaard, Brendan Sexton, Alison Folland. EE.UU., 1999, 119 min.

En la noche del 31 de diciembre de 1993, un par de jóvenes asesinaron a tres personas en una casa rural a las afueras del pequeño poblado de Falls City, Nebraska. Este crimen levantó protestas de asociaciones LGTBy una vez más evidenció el puritanismo armado que impera en la América profunda. Más allá de la indignación, la historia de Teena Brandon/Brandon Teena ganó notoriedad por la forma en que Teena, convertida en Brandon, conquistó la simpatía y la confianza de quienes después la violaron y asesinaron. Teena Brandon/Brandon Teena se convirtió en una leyenda urbana para el imaginario colectivo estadounidense, puesto que encarnaba al forastero encantador que llega a una comunidad y trastoca la vida de sus habitantes.
Es interesante contrastar las dos versiones cinematográficas sobre el crimen del que fue víctima Teena Brandon. La película de ficción, Boys don’t cry, de Kimberly Peirce, y el documental The Brandon Teena Story, de Susan Muska y Greta Olafsdottir. La principal diferencia entre ambas cintas radica en el punto de vista desde el que se cuenta la historia. En el documental se reconstruye la vida de Teena/Brandon desde la perspectiva de las personas que la conocieron en Lincoln, su ciudad natal, situada a 120 Km de Falls City. Se centra en el deslumbramiento y posterior desprecio de la gente del pequeño poblado, las justificaciones de los policías que no detuvieron a los violadores de Teena antes de que ella fuera asesinada y las entrevistas con los asesinos confesos, John Lotter y Marvin Nissen. De esta serie de testimonios fragmentados emerge una larga justificación individual y colectiva: la población de Falls City había sido engañada y la policía no podía tomar en serio las denuncias de violación de una joven de 21 años que se hacía pasar por hombre.
La película de ficción, a su vez, se centra en la relación de Teena Brandon con una joven del lugar, Lana, que es amiga de infancia de Lotter, uno de sus asesinos. Todo transcurre en un mes, desde la llegada de Brandon al poblado hasta su asesinato. Noches de fastidio en la pequeña población, donde el grupo de Lotter y Nissen se entretienen inventando juegos riesgosos para dar pruebas de su masculinidad. Los machos tienen que estar constantemente dando pruebas de su hombría a la sociedad y a ellos mismos.
En las dos versiones, las directoras y coguionistas entrevistaron a la población de Falls City, a Lana y a los asesinos. Ambas obras, sin proponérselo, resultan complementarias. El documental deriva en una acusación tácita a la sociedad. La ficción, en una historia de amor en contra de todo y todos. Si se tiene en mente la complejidad de la situación planteada en el documental, el guión de ficción resulta un excelente ejercicio de síntesis dramática que no tergiversa los hechos principales. De Boys don’t cry fueron excluidos algunos elementos, caso del asesinato de Philip DeVine, un joven negro en quien Lisa Lambert, la otra sacrificada, había buscado refugio. Estas licencias no comprometen el objetivo de la narrativa, que es el de contar lo que le pasó a Teena Brandon en Falls City. Merecería la pena hacer un pequeño paréntesis sobre la posición de las creadoras mujeres con relación a la temática de género. Tanto para las realizadoras del documental como para la de la ficción, queda claro que la historia de Teena Brandon las cautivó porque se trataba de un caso real de rechazo, llevado a las últimas consecuencias, a causa de que la víctima tenía una identidad de género disonante.
Kimberly Peirce trabajó la historia de Teena Brandon para su cortometraje de graduación en 1995, en la Facultad de Columbia. Después, depuró el guión en colaboración con Andy Bienen hasta llegar a la versión final de Boys don’t cry. Un guión efectivo, en términos cinematográficos, y correcto en su aproximación a la historia real. El trabajo de interpretación de Hilary Swank y Chloë Sevigny da veracidad a la adaptación cinematográfica, así como el desempeño de los actores. Merece destaque la escena en la que Lotter y Nissen le bajan a la fuerza los pantalones a Brandon en el baño de la casa de Lana para comprobar a qué sexo pertenece. Nissen, aterrorizado, no quiere ver. Hay un temor supersticioso al andrógino. Superado el horror previo a la revelación, le obliga a Lana a ver el pubis de Brandon. La toma cerrada del rostro de Lana frente al pubis de Brandon es la secuencia más bien resuelta en términos de raccord, convirtiéndose en una síntesis de las emociones encontradas que conllevan al clímax de la obra. Casi sin palabras, la escena muestra la violencia heteronormatizante, la sanción masculina al amor entre mujeres —cuando no es para satisfacción y morbo del hombre— y la humillación de Brandon por ser exhibida de esa manera ante Lana.
La historia de Teena Brandon nos permite reflexionar sobre la construcción de la masculinidad, sobre todo en lo que se refiere a ser lo que tradicionalmente implica ser hombre. Para entender la construcción social de la masculinidad, primero hay que aclarar qué se considera ser hombre y qué implica serlo, identificando los valores y las maneras de actuar propias de un hombre. El primer paso sería observar qué atributos utiliza Brandon Teena para que su masculinidad no sea puesta en duda. Demostraciones de fuerza y valentía, un lenguaje corporal característico… Esto hace que Brandon, en cierta manera, teatralice sus gestos y movimientos a fin de que parezcan masculinos. Otros atributos, que no suelen ser tradicionalmente asociados a los hombres, provocan sospechas en su entorno, como la sensibilidad de Brandon, que se valora como rara siendo él un varón. Su intento de pasar por hombre es un esfuerzo por acercarse al rol de género con el que más se identifica. Su dificultad en incorporar ciertos atributos proviene de la manera en que están construidas socialmente las identidades sexuales. Los problemas de Brandon surgen a la hora de definir su identidad sexual, puesto que la sociedad le obliga a ello.
Las identidades y opciones sexuales no tradicionales y no dominantes suelen ser penalizadas socialmente. La reacción agresiva cuando la historia de Brandon es descubierta nos muestra la valoración que, en una comunidad conservadora, se hace de las opciones sexuales que transgreden los límites de lo que predica el sistema binario de clasificación de género. No sólo su condición de transgénero, sino también su homosexualidad es rechazada y vista con temor, especialmente por chicos que ostentan una pose varonil. Lana, en cambio, percibe que lo que siente por Brandon supera cualquier traba biológica. Y aunque su ambigüedad sexual también sea claramente rechazada socialmente, a ella se le perdona. Al final, ella también fue engañada.
Estos sucesos, ocurridos en el interior de Estados Unidos, en un entorno hostil y conservador, tuvieron lugar en el año 1993. Teena Brandon, una chica que se presenta como chico, se enamora de Lana, la chica más deseada de Falls City, y entabla amistad con chicos de allí, quienes, al descubrir su identidad sexual verdadera, primeramente la violan y, días después, la asesinan. Estos hechos abren el debate sobre el proceso de construcción de las identidades sexuales. Por otro lado, muestran la discriminación social y la violencia vinculada a las opciones sexuales diferentes a la dominante. ¿Quién y qué era, en realidad, Brandon Teena? ¿Por qué hubo una reacción tan violenta hacia él? Éstas fueron las cuestiones que se plantearon cuando el caso apareció en los medios de comunicación y que inspiraron la producción tanto de la película documental como la de ficción. Incluso se convirtió también en un proyecto de web art, que permite al internauta conocer la historia de Teena Brandon a través de la concepción artística de múltiples creadores. Su idealizadora, Shu Lea Cheang, montó un proyecto web con cuatro interfaces, que fue desarrollado entre 1996 y 1997, poco antes del estreno del documental, The Brandon Teena Story, y dos años antes del estreno de la película de ficción Boys don’t cry.
Cuando se accede a la web, van apareciendo imágenes sobre la pantalla blanca según se desliza el ratón. El proyecto, interactivo, nos brinda con un constante cambio de perspectiva. El paseo conduce a obras que nos dan acceso a un paseo a lo largo del cual nos encontramos con elementos relacionados con Brandon Teena y, al hacer un clic sobre ellos, descubrimos la importancia que cobran en esta crónica de lo que fue su vida. La idea es imaginar lo que pasaba en el interior de Brandon y contar cómo él se había (re)inventado a sí mismo. Lástima que como indica la canción de The Cure, que puntúa el largometraje de Kimberly Peirce, a los chicos no se les permite llorar. Y a las chicas, muchas otras cosas.
Para mayores informaciones sobre la película
Boys don’t cry

El título de la película es idéntico al de la canción de The cure que hace parte de su banda sonora. La película, dirigida por Kimberly Peirce, estrenó en 1999 en los Estados Unidos. Ganó el Oscar a la mejor actriz protagonista, Hillary Swank.
The Brandon Teena Story

El documental, dirigido por Susan Muska y Greta Olafsdottir, estrenó en 1998 en los Estados Unidos. Ganó el Oso Teddy al mejor documental en el Festival Internacional de Cine de Berlín en el mismo año.
Para mayores informaciones sobre el documental
BRANDON – a one year narrative project in installments
El proyecto fue desarrollado por Shu Lea Cheang entre 1996 y 1997 cuando el Guggenheim neoyorquino decidió apoyar su iniciativa, cediendo sus instalaciones y financiando también la versión web de este proyecto multimedia.


¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.