

High art, de Lisa Cholodenko. Con Ally Sheedy, Radha Mitchell, Gabriel Mann, Patricia Clarkson, William Sage. EE.UU. y Canadá, 1998, 102 min.

Con la gran manzana como trasfondo, Lucy y Syd no logran controlar la atracción mutua que sienten desde un primer y furtivo encuentro. No resisten al fruto prohibido. Todo lo contrario: se embarcan, sin medir las consecuencias, en una historia de amor poco prometedora. Son conscientes de ello, pero no lo pueden evitar. Tampoco lo desean.

Luego la atracción se convierte en amor. Y llega a ser una posibilidad de redención. Tanto para Syd, que trata de ascender profesionalmente para no encarar el vacío en su vida personal, como para Lucy, que vio caer en el olvido su carrera como fotógrafa por culpa del ciclo vicioso que la mantiene rehén de una relación autodestructiva con Greta, una ex actriz adicta a la heroína.

Problemas con las drogas, una carrera como fotógrafa interrumpida y los bajos fondos neoyorquinos. Este es el mundo de Lucy (Ally Sheedy). Un futuro prometedor, la escena yuppie del final de la década de los 90 y un novio con el que mantiene una relación sin pasión desde hace años. Este es el mundo de Syd (Radha Mitchell). Dos mujeres que viven en el mismo edificio, pero que difícilmente intercambiarían más que un saludo si el destino no se la hubiese jugado.

Las dos pertenecen a mundos muy diferentes, pero viven a solamente una planta de distancia. Lucy y Greta son las vecinas de arriba de Syd y su novio James. Cuando descubre que la gotera que la molesta proviene del piso de arriba, Syd, una ambiciosa empleada de una prestigiosa revista, decide ir a hablar con su vecina, una fotógrafa brillante que, hace años, dejó de estar en el candelero. Cuando conoce a Lucy y su entorno, siente una fascinación tremenda por ambos.
Syd necesita seguir viendo a Lucy. Para ello, busca un pretexto. Propone a su editora publicar un ensayo fotográfico con material inédito de Lucy. Eso la ayudaría a destacarse profesionalmente, impulsando su carrera en la revista donde trabaja y, a la par, podría ayudarle a Lucy a retomar su carrera como fotógrafa. Es una gran oportunidad. Tanto para Syd como para Lucy.

La dirección de fotografía de la película, a cargo de Tami Reiker, explora bien los espacios, marcando la diferencia territorial y psíquica entre Lucy y Syd. Los travellings por el piso de Lucy envuelven a Syd y al espectador. El vicio impregna el ambiente y colorea la pantalla de ámbar: poca luz, cuerpos, dependencia, entrega. La luz fría, sin embargo, le traslada a Syd de vuelta a su realidad: su trabajo poco ingenioso y casi mecánico.
Merecen, no obstante, especial destaque las escenas del ensayo realizado por Lucy. Y la contribución de Syd, mucho más allá de lo profesional. En medio al caos, arte y amor se encuentran, aunque desde un primer momento queda expuesta su fragilidad y condición efímera.

Libremente inspirado en la vida de la fotógrafa Nan Goldin, High art tiene como principal mérito la inspirada actuación de Ally Sheedy, una de las actrices más solicitadas por John Huges, el maestro de las comedias románticas de los años 80. El trabajo de composición de Lucy, que se refleja tanto en la delgadez de su tipo físico y su cara de ángulos bien delineados como en su perfil psicológico, marcado por la dependencia emocional y química, nos hace olvidar a sus personajes anteriores. Es, sin lugar a duda, su mejor actuación.
Después de High art, su primer largometraje como guionista y directora, Lisa Cholodenko alternó proyectos en el cine (es el caso de las películas Laurel Canyon y The kids are allright) con otros tantos para la televisión. Dirigió episodios de The L Word y A tres metros bajo tierra, entre otras series.
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¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.