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por Beatriz Gimeno

Bisexualidad

Octubre 2011

 

El 23 de septiembre se ha celebrado el Día de la Bisexualidad y las personas bisexuales han aprovechado para visibilizarse. Apoyo sus reivindicaciones sin lugar a dudas, simplemente porque si la gente se organiza alrededor de algo que sienten como una desigualdad, discriminación o falta, y si esa reivindicación, además, está encaminada a ampliar los márgenes de libertad y derechos, no queda sino apoyarla. Sin embargo, yo siempre he tenido una relación ambivalente con la bisexualidad organizada. Sé muy bien que muchas de las quejas que expresan las personas bisexuales son ciertas. Lo sé porque lo he vivido en carne propia. Cuando llegué al Movimiento lgtb muchos gays y lesbianas sostenían que la bisexualidad no existía. Ahora ya nadie se atreve a defender eso públicamente, pero conozco a personas que lo siguen pensando. Estas personas siguen pensando que la bisexualidad es un estadio intermedio que se asume mientras llega la “verdadera” decisión; o bien que muchos gays y lesbianas dicen que son bisexuales para no encarar la homo-lesbofobia, porque ser bisexual genera menos agresividad social que ser gay o lesbiana. Por supuesto que hay personas bisexuales, yo misma soy bisexual y no creo que nadie piense que lo digo porque no me atrevo a asumir que soy lesbiana.

Es verdad que a las personas bisexuales se les veía como personas que no se atreven a salir completamente del armario y que prefieren definirse como “bisexuales” antes que como gays o lesbianas. Como si los bisexuales fueran personas a medio camino entre la hetero y la homosexualidad. Como consecuencia de todo eso, las personas bisexuales eran vistas como si fueran “menos”: menos serios, menos valientes, menos comprometidos/as, menos activistas, etc. Es verdad que esto ocurría, y aunque las cosas han cambiado un poco, gracias en parte a su activismo, es verdad que aún sigue pasando. Entiendo y comparto su reivindicación de visibilidad, de que se entienda cabalmente que un bisexual no es un gay o una lesbiana camuflada, ni alguien que está en medio de nada.

Me pregunto qué hubiera pasado de haber yo dicho desde el principio que era bisexual. ¿Hubiera llegado a ser presidenta de la FELGT (a la que, por cierto, entonces le faltaba la B)? ¿Y si siendo presidenta me hubiera echado un novio? ¿Cómo hubiera reaccionado la gente? ¿Y la organización? La verdad es que me cuesta imaginar que se hubiera admitido en aquel momento que una bisexual emparejada con un hombre estuviese al frente de las asociaciones de gays, lesbianas y trans. ¿Hubiera sido posible un/una bisexual heterosexualmente casado al frente del movimiento lgtb? No lo sé. En los años en los que yo lo fui estoy segura de que no; hoy día sería complicado pero supongo que sí podría darse el caso.

Por otra parte, también sé que la bisexualidad genera problemas personales. La verdad es que a mis parejas, tanto hombres como mujeres, les creaba mucha inseguridad que yo fuese bisexual, como si al desear a hombres y mujeres desearas el doble en cantidad y tuvieras el doble de posibilidades de ser no monógama. Cuando estaba con hombres (hace mil años) tenía que decírselo, puesto que ya militaba y hacía política LGTB. Pero eso siempre era una fuente terrible de conflictos. No podían soportar que estuviera con ellos y me definiera políticamente como lesbiana, como si eso les quitara algo. Cuando estaba con mujeres era más fácil, pero aun así siempre me ha resultado imposible moverme en el ambiente LGTB y hacer al mismo tiempo vida familiar y de pareja hetero. La separación entre el ambiente hetero y el gay-les era total, y moverse con naturalidad en los dos a la vez resultaba imposible. Así que el armario bisexual es muy difícil de abrir, porque a veces, como me ocurría a mí, ni siquiera ves la necesidad. Esto, que está muy extendido, tampoco lo he entendido nunca. Si lo que preocupa es la infidelidad sexual, ¿qué importa que ésta se produzca con hombres o mujeres? Pues parece que para mucha gente no es lo mismo.

En todo caso, entiendo perfectamente lo que expresan los y las bisexuales. Definirme como lesbiana nunca me costó, estoy acostumbrada a situarme en lugares vitales difíciles. Sin embargo, no decía (o lo decía en voz muy baja) que era bisexual. A veces el rechazo de “los tuyos” puede resultar más amenazante que el rechazo que proviene de “los otros” lejanos.

Dicho todo esto, yo no me definiría en mi actividad militante y públicamente como bisexual. Quizá porque para mí estas definiciones no son más que definiciones políticas, tienen poco que ver con “la verdad” de cada uno, con una esencia, una orientación o una práctica sexual. Para mí, estas definiciones se hacen para cambiar leyes, para combatir la homofobia y la transfobia que matan o que arruinan vidas y posibilidades de felicidad. No lo sé... Soy bisexual, pero la definición política de bisexualidad me resulta difícil de entender y no me la aplicaría a mí misma. Definirme como lesbiana es mi opción política.

Que yo no lo entienda o que no me sienta cómoda con la autodefinición de bisexual no quiere decir nada. Si las personas bisexuales quieren organizarse políticamente será que ven la necesidad de hacerlo, y que lo hagan no quita nada a nadie; al contrario, amplía en cualquier caso los derechos de todos y todas, así que no hay más que hablar. Algunos me han dicho que padezco de bifobia internalizada. Me parece que no. Simplemente tengo otra visión de las cosas y otra opinión. Gays, lesbianas y trans no estamos de acuerdo en todo, especialmente en lo que se refiere a cuestiones que tienen que ver con cómo nos definimos o nos entendemos. Lo importante es que nadie pretenda convertir su autodefinición o autocomprensión en una definición para todos y todas.

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