
Hay gente muy callada en el sexo, hay gente que habla mucho. Y no me refiero a hablar cuando estás follando (que las hay que hablan mucho): me refiero a hablar antes de empezar. Yo antes pensaba que esto era lo normal, especialmente si la relación iba a ser esporádica o si era la primera vez… hablar para asegurarse de que saliera lo mejor posible. Es cierto que yo soy muy racional para todo, para casi todo. Y para el sexo soy también muy racional. Y ese ser racional implica pensar en la manera de que funcione bien, de que sea lo más placentero posible, porque el sexo es también una mecánica, la pasión es una mecánica. Sí, ya lo sé, lo contrario de lo que piensa todo el mundo.
Es mejor hablar de las preferencias sexuales; una pincelada rápida, tampoco hay que dar una explicación detallada que parezca la lista de la compra, pero se pueden dar explicaciones generales mientras estás ya con las primeras caricias: ¿te gusta que te penetren o lo odias? ¿Te gusta fuerte o suave? ¿Cómo te corres? ¿Dónde, exactamente dónde hay que tocar? “Llévame la mano”, porque cada cuerpo es distinto y cada cuerpo hay que aprenderlo, y a veces hay tiempo y entonces no importa, porque ya lo aprenderás, pero a veces sabes que no, que es ahora y nunca más. Y tener que ir completamente a ciegas no es lo mejor para que ambas lo pasemos bien. Es desagradable sentir que lo que haces no es lo que le gusta, que eso que haces tan suave, ni lo está sintiendo; o que estás tocando algo que más bien preferiría que no tocaras. Y claro que puedes moverle la mano y susurrárselo o decirle muy finamente “por favor, por ahí no sigas”, pero a veces eso corta el rollo y genera inseguridad. Y además, por mucho que expliques antes, eso no es más que una vaga aproximación, necesaria, pero vaga aproximación a lo que será después la realidad.
En todo caso yo siempre hablo antes y pregunto: ¿Qué te gusta? ¿Qué no te gusta? ¿Qué quieres que te haga? Y suelo contar lo que a mí me gusta o no, enumero las cosas que me gustan y las que ni se te ocurra hacerme. La gente lo encuentra antierótico. Yo encuentro mucho más antierótico que, por ejemplo, te metan la lengua en la oreja ya metidas en harina y tu des un respingo, o peor aun, que te aguantes para no cortar a la chica mientras piensas: “¡Saca esa lengua de mi oreja!”. No viene al caso, pero tengo comprobado estadísticamente que a muy poca gente le gusta que le metan la lengua en la oreja y, sin embargo, es algo que casi siempre se empeñan en hacer: ¿por qué? me pregunto yo. ¿Por qué? Bueno, como he dicho, esa es otra cuestión.
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¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.