Revista MiraLes - Por la visibilidad Lésbica

por Beatriz Gimeno

Reportaje de la polémica

Febrero 2011

 

La revista Vogue publicó este mes un reportaje en el que aparecían niñas de 7 años vestidas y maquilladas como adultas (http://www.adn.es/cultura/20110119/PGL-0001-vogue-pedofilia-ninas-reportaje/_withThumbs/1.html). Hubo muchas protestas, aunque me pareció que no demasiadas para lo escandaloso que a mí me pareció el reportaje.

Al día siguiente, los medios se hacían eco de la polémica, pero curiosamente lo hacían de una manera extraña. Es como si no hubiéramos visto las mismas fotos. La mayoría de los medios centraban el debate en la cuestión de si debía permitirse o no que unas niñas “trabajaran” como si fueran top models, sometiéndose a largas sesiones de maquillaje, vestuario y peluquería. Si eso era o no explotación laboral. El defensor del menor hacía unas declaraciones en las que afirmaba que la ley define claramente cómo y en qué condiciones pueden trabajar los niños, así que, según él, el reportaje era aceptable. Algunas madres opinaban que toda la polémica era una exageración y que las niñas de mayores se alegrarían de haber tenido la oportunidad de aprender un oficio (el de modelos) y de ganar un dinerillo.

Y yo me dije: ¿Y el sexo? ¿Es que nadie ha visto sexo en esas fotos? ¿Soy la única que ha visto que las niñas están presentadas ante la mirada masculina como objetos de deseo? En realidad, el reportaje no muestra a unas niñas haciendo de adultas y nada hubiera pasado si las niñas hubieran aparecido vestidas de juezas o médicas. El reportaje presenta a niñas como cuerpos sexualizados, aunque no todos los medios lo mencionaran. El maquillaje, las posturas, los altísimos zapatos de tacón, la ropa utilizada… son todo ello símbolos de la sexualización cada vez más acusada que las mujeres admitimos y padecemos ya como casi obligatorias para tener una presencia social exitosa. Al presentar así a unas niñas, obviamente se las está convirtiendo en objeto de deseo sexual. El deseo se construye en parte; no del todo, pero sí en parte. El deseo no es fijo e inmutable en las distintas culturas, sino que existen pautas históricas y culturales que son cambiantes. Si presentamos a los niños como sexualmente deseables, pues entonces los niños serán deseados sexualmente. Es hipócrita combatir la pederastia o escandalizarse ante ella mientras se viste a unas niñas y se las presenta absolutamente sexualizadas. Como decía Marta Nebot en el diario Público, esas fotos se habrán convertido en los pósters que todo pederasta colgará en su habitación.

Esas fotos hubieran debido prohibirse, sí, pero hay un problema para hacerlo y que quizá obligaría a enfrentar un debate de fondo que no se aborda, o que las feministas no abordamos con contundencia; o que incluso por ahora parece perdido. Las ropas, los maquillajes, las posturas, los gestos que adoptaban esas niñas, si los adoptan adultas obviamente no es igual de grave, pero el sentido es el mismo: sexualización, marca de diferencia, el cuerpo femenino presentado siempre y en cualquier situación como objeto de deseo masculino, hipersexuado, guardianas de los valores masculinos. No se puede convertir a los niños en objetos sexuales, pero tampoco deberíamos las mujeres haber aceptado el retroceso que hemos sufrido en los últimos años respecto a nuestra imagen, ahora hipersexualizada, aniñada, estupidizada, degradada. Y como muchas mujeres supuestamente feministas se visten así, ¿qué puede decir nadie si las niñas quieren ser como sus mamás?

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  • ¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.

    Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.

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