Benedetta

Benedetta Carlini: La monja lesbiana del siglo XVII

mirales.esLo habitual en el proceso de reconstrucción de una historia (coherente) del lesbianismo es que sea difícil encontrar evidencias históricas rotundas que permitan sostener ciertas biografías que tal historia reivindica para sí. La ausencia de datos concluyentes que faciliten realizar afirmaciones es siempre un hándicap para quienes tratamos de reconstruir esa memoria, pero en el caso de Benedetta Carlini el déficit de evidencias da un giro vertiginoso. Cuando la historiadora Judith C. Brown supo de ella durante una investigación sobre la historia económica y social de Pescia (Italia)  no pudo dejar de subrayar ese dato relevante, y al rescatar a Benedetta Carlini (1591- 1661) del olvido, elaboró el primer documento de lesbianismo de Occidente.

Hija de una familia acomodada de la Toscana italiana, Benedetta fue una religiosa mística, bastante revolucionaria, del renacimiento italiano. Culta, espontánea, devota y apasionada, su especial temperamento la hizo destacar, y ya desde el primer momento recibió un trato especial por parte de las hermanas del convento en el que fue internada como consecuencia de sus visiones sobre la Virgen María y de su relación mística con Dios. Debido a su particular forma de religiosidad y su particular carácter, pronto la nombraron Abadesa.

Ya el Renacimiento en sí fue una época de grandes convulsiones y de cambios profundos. Dentro de ese contexto de revolución cultural, la historia de Benedetta es el síntoma de una sociedad en trasformación. Estas profundas trasformaciones se trasladaron a todas las esferas y la respuesta conservadora a estas últimas no se hizo esperar. La Contrarreforma fue una de estas respuestas, que buscó frenar el avance de la reforma protestante intentando hacer regresar a las órdenes religiosas a sus orígenes tradicionales, tratando de frenar el incipiente desarrollo de nuevas formas de entender el cristianismo y castigando cualquier intento creativo de religiosidad. En aquel momento, por tanto, las manifestaciones de espiritualidad herética estaban fuertemente penadas y la Inquisición  muy alerta a cualquier epifanía aguda.

La popularidad de las visiones de Benedetta, que fueron creciendo en intensidad, pronto se extendió por la Italia de la época y rápidamente llegó hasta oídos del Papa. Como parte de esa corriente de manifestaciones alternativas que se extendió por los reinos cristianos, se decidió que dicha fama había de ser sancionada. La veneración que las hermanas de Benedetta Carlini profesaban a ésta en un principio fue menguando y su credibilidad comenzó a cuestionarse. Después de varios episodios escandalosos de visiones sobrenaturales, sus hermanas la acusaron de estar endemoniada. Pronto la relevaron de su puesto.

BenedettaA partir de este momento estalló el escándalo. En su empeño por silenciar a los místicos peligrosos, el papado de Roma inició una investigación que trataría de aclarar lo ocurrido con la hermana Benedetta, pues algo oscuro residía en sus episodios de intensidad religiosa. Así, indagando en la supuesta naturaleza demoníaca de la misma, varias veces se entrevistaron con las protagonistas las autoridades eclesiásticas, tratando de encontrar una explicación racional y una justificación teológica razonable. Fue al contactar con la hermana Bartolemea cuando las piezas del puzzle comenzaron a encajar. Al contacto con ésta se supo de los encuentros sexuales que la hermana Benedetta había mantenido con varias de las residentes del convento. Según el relato de Bartolemea, ambas eran amantes: Benedetta la obligaba a hacer el amor con ella mientras era poseída por un ángel macho llamado Splenditello y ambas experimentaban las epifanías místicas que la hermana Benedetta describía. La autoridad eclesiástica, sumamente alarmada, elaboró un informe sobre el caso, informe que aún hoy se conserva y que constituye la médula del trabajo de investigación de la autora Judith C. Brown. En él, se recogen las declaraciones de las personas implicadas en los hechos y se describen situaciones tales como:

“Actuando como si fuera un hombre, ella [Sor Benedetta] se movía encima de la subordinada con tal intensidad que ambas quedaban corrompidas.”

“Benedetta, para obtener mayor placer, ponía su cara entre los pechos de la otra y los besaba, y siempre quería estar así sobre ella.”

“Durante el día, pretendiendo estar enferma y mostrando que necesitaba algo, asía con fuerza la mano de su compañera y poniendo dicha mano bajo sí, habría puesto el dedo de su compañera en los genitales propios y manteniéndolo allí, se excitaba tanto que se corrompía.”

Tras ponerse al corriente de tales hechos, la Inquisición castigó a la hermana Benedetta a prisión de por vida, lugar en el que moriría en 1661, un año después que la hermana Bartolemea.

A partir del conocimiento de estos hechos, en la última parte del siglo XX, Benedetta Carlini se convirtió en un fuerte icono de la reconstrucción de la historia del lesbianismo, y es comprensible. Muchas han sido las estudiosas que se han interesado por su figura. La ya citada Judith Brown relató su vida en Immodest Acts (Actos impúdicos)[1], explicando los acontecimientos que la llevaron a ser de importancia para los historiadores de la espiritualidad femenina y del lesbianismo. La dramaturga y directora teatral canadiense Rosemary Rowe escribió una obra de teatro sobre su relación amorosa con la hermana Bartolemea titulada Benedetta Carlini: Lesbian Nun of Renaissance Italy (Benedetta Carlini: monja lesbiana de la Italia renacentista)[2] y E. Ann Matter, una teóloga feminista, realizó una profunda investigación sobre el caso en Discourses of Desire: Sexuality and Christian Women’s Visionary Narratives[3].

Fuera cual fuera la naturaleza de su pasión, y sin entrar a discutir la sutil línea entre lo sexual y lo espiritual que la hermana Benedetta (y también de muchas otras místicas contemporáneas) osó a transgredir, es justo subrayar que los acontecimientos que marcaron su historia aportan una nueva visión a la investigación teológica y son hoy un punto de referencia indiscutible en la historia de la feminidad y del lesbianismo.

[1] Judith Brown. Immodest Acts: The Life of a Lesbian Nun in Renaissance Italy. New York. Oxford University Press. 1986

[2] Glenda Stirling. NeXtfest Anthology: Plays from the Syncrude NeXt Generation Arts Festival 1996-2000, NeWest Press, 2000 (recoge la obra de teatro de Rosemary Rowe sobre Sor Benedetta)

[3] E. Ann Matter. Discourses of Desire: Sexuality and Christian Women’s Visionary Narratives, en Journal of Homosexuality: 18/89(1989–1990): 119 – 132

Para saber más:

Frederika Randall. Divine visions, diabolical obsessions. The New York Times, 19 de enero de 1986.

Vanda, Vile. Affections: Based on the True Story of Benedetta Carlini, Original Works, 2006 (estreno en el NY International Fringe Festival, agosto de 2006)




There are 11 comments

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  1. Libertad

    “Durante el día, pretendiendo estar enferma y mostrando que necesitaba algo, asía con fuerza la mano de su compañera y poniendo dicha mano bajo sí, habría puesto el dedo de su compañera en los genitales propios y manteniéndolo allí, se excitaba tanto que se corrompía.”

    O sea, que se corr(omp)ía. Llamemos a las cosas por su nombre…

  2. Chavala

    Perdón, pero tal como lo explicáis da la sensación que se le acusa de lesbianismo para quitársela de en medio, y de acosar a otras monjas. ¿Es cierto esto? Porque me da la sensación de que os estáis haciendo una paja mental con una falsa acusación de la inquisición para ensombrecer la fama de esta mujer.


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