Claude Cahun: Me veo, luego existo

Fotógrafa y escritora francesa, icono proto-queer de principios del siglo XX, objetivo de la Gestapo, activista revolucionaria, amante de su hermanastra.

El 25 de octubre de 1894 nació en Nantes Lucy Renée Mathilde Schwob, una mujer que revolucionaría sus tiempos y que no dejaría inmune a nadie. Fotógrafa, ensayista, poeta, traductora. Sus facetas eran múltiples, y se valía de todas ellas para reivindicar una clara actitud militante y subversiva ante determinados valores de la sociedad. Entre ellos, el género.

“Mezclar las cartas. ¿Masculino? ¿Femenino? Depende de la situación. El neutro es el único género que siempre me sienta bien”: ésta es ya una famosa cita suya.

Su primer texto, Vues et Visions, publicado en el número 406 de la revista Mercure de France el 16 de mayo de 1914, lo firmó bajo el pseudónimo de Claude Courlis. Courlis significa zarapito, un ave de pico delgado y encorvado en la punta. Seguramente hacía referencia a su nariz, que daba ese toque perculiar y único a su perfil. Sin embargo, desde muy pronto adoptó el nombre por el que llegaría a reconocerse entre el gran público: Claude Cahun. Claude fue un nombre escogido con la única intención de que no denotara género alguno, y Cahun se lo puso en honor a su tío-abuelo Léon Cahun.

Estudió Filosofía y Letras en la Sorbonne, en París, y allí se instaló a partir de 1920. La capital francesa gozaba, durante aquellos años, de un significativo auge cultural y artístico, momento que Claude supo aprovechar para compartir vida y experiencias con las mujeres de la Rive Gauche, las mismas que frecuentaban el salón de nuestra amazona, Natelie C. Barney. Hablamos de escritoras y artistas de la talla de Renée Viven, Romaine Brooks, Colette, Djuna Barnes… También se rodeó de escritores como André Breton y Georges Bataille, con quienes trabajó en la fundación de la revista Contre-Attaque, en 1935. Por estas fechas, Claude ya se había asociado al grupo surrealista, movimiento que se hacía evidente en su obra.

Claude Cahun fue una mujer controvertida, transgresora, soñadora, idealista, ambigua, luchadora, extravagante, provocadora. Fue una feminista y lesbiana militante. Suya es esta reflexión extraída de su libro L’Amitié, de 1925:

Mi opinión sobre la homosexualidad y los homosexuales es exactamente la misma que mi opinión sobre la heterosexualidad y los heterosexuales. Todo depende de los individuos y las circunstancias. Yo reclamo una libertad general de comportamiento.

Su amor y compañera de vida fue la dibujante Marcel Moore (pseudónimo de Suzanne Malherbe), con quien se instala en París en 1920. La madre de Marcel se casó con el padre de Claude en 1917, por lo que ambas artistas se convirtieron en hermanastras. Y así como la vida jugaba con sus roles familiares, ellas jugaban con los roles del género, con la multiplicidad del ser, con la androginia, con la ambigüedad, con la propia metamorfosis. Sus autorretratos representan una magnífica muestra de toda esta gran inquietud que sentía por caminar y moverse en los límites de lo femenino y lo masculino. Lo suyo era la performance en estado puro y le caracterizaba una búsqueda constante por reinventarse a sí misma. Es por todo ello que se le considera un icono proto-queer de los años 20. Estamos ante una auténtica pionera del mundo queer.

La relación entre Claude y Marcel era fuerte, sólida y provocadora, como ellas mismas. Durante la Segunda Guerra Mundial, asistían a actos organizados por los nazis vestidas de hombres y deslizaban panfletos anti nazis en los bolsillos de los soldados. Sus personalidades transgresoras y controvertidas encabezaban la lista negra de la Gestapo. Fueron detenidas por los nazis, torturadas y condenadas a muerte, pero la sentencia, por suerte, no llegó a ejecutarse.

La obra de Claude Cahun estuvo durante muchos años en la sombra, sin embargo, hace ya más de 20 años que su arte se ha hecho visible y está presente en las grandes salas de exposiciones. Su fotografía, así como sus fotomontajes, son sinónimo de fantasía, sublevación, parodia, rebeldía, plétora, indomabilidad, transgresión, metáfora. Esta mujer, quien no escondió en ningún momento y bajo ningún contexto, su condición de lesbiana y feminista, emanaba arte por todos sus poros. Fue precursora de la revolución del mundo de los géneros a través de su cámara, mucho antes de que Simone de Beauvoir diera vida a “El segundo sexo”.

Claude Cahun reivindicó, no solo los derechos de la mujer, sino el derecho de cada cual a desarrollar su propia identidad sexual. Entre los libros que nos dejó como legado, se encuentran varios sobre la identidad del género, sobre el cuerpo y su metamorfosis. También merecen la pena destacar su ensayo autobiográfico Aveux non avenus (“Confesiones mal avenidas” sería su traducción), cuyos fotomontajes son un juego de autorretratos a través de disfraces, máscaras y espejos que dan vida a la androginia.

En 1945, Claude y Marcel se retiran a la isla de Jersey, donde vivieron aún una década más, antes de que la vida de nuestra querida fotógrafa tocara su fin en 1954, a la edad de 60 años.

Quedémonos con este testimonio suyo extraído de su obra autobiográfica Aveux non avenus, y que viene a definir su carácter revolucionario: Desertaré de vuestros ejércitos. Circularé libremente por el espacio intermedio. Y ya veremos si vuestros dioses o vuestras balas pueden expulsarme de él.

Más información:

Claude Cahun (Nantes 1894 – Jersey 1954) Las Identidades de Claude Cahun




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