Clue relato erotico lésbico

CLUE. Novela erótica ilustrada. Capítulo Catorce

Catorce. Todos tenemos pasado

“Treat me like a fool, treat me mean and cruel

But love me…”

Love me. Elvis Presley

 

Kali no había vuelto a su retiro divino ahuyentada por mi esencia mortal ni se había esfumado entre la neblina remota de su última exhalación. Kali puso tres horas asesinas de distancia para llegar hasta mí. Cuando la vi venir ya no me acordé de nada. Había estado temiendo hasta el último momento que no acudiera a mi encuentro, que me dejara esperando con cara de lela, que me apartara, tan fácil como eso. Mientras subía al tren en Madrid para poder llegar hasta ese punto a medio camino que ella había determinado, estaba casi segura de que lamentaría como una necia el vacío absoluto que dejaría su ausencia enrevesada en la muchedumbre de la estación de destino, pero la benevolencia de Kali derrocó a los demonios que conspiraban en mi contra y me abrigó con su presencia. Bajé salvando la plataforma concurrida que se adentraba en la terminal, agobiada por el calor del vagón había ido deshaciéndome de envolturas, las cuales sostenía con no poca dificultad. Rebasadas las puertas automáticas de entrada, la Clue 14 Encuentro bajadetecté. Se acercó despacio como si quisiera que la contemplara sin dejar escapar un detalle, tanto si era su intención como si no, eso fue lo que hice. ¿Para qué negarlo? Observarla avanzado supuso el comienzo de mi euforia, estaba sensacional. Echándole un lazo mental del que tiraba con toda mi capacidad de telequinesis, no conseguí más que permanecer mirándola con fervor. Kali también encañonaba mi posición con gesto serio, ni siquiera eso me detuvo porque, para cuando la tuve a tiro, mis brazos, mis piernas y mi hambre se proyectaron contra Sara. No me entrañaron inconveniente alguno los varios pasajeros que se movían por allí, tampoco me importó que Kali quisiera o no quisiera, lo deseara o no lo necesitara, preferí no preguntar nada, solté todo de un golpe y lo siguiente que recuerdo son mis manos que se atropellaron en su pelo y que movían su cuello para aproximarla a recoger el beso que Sara supo que me desvivía por darle. Ni se lo pensó, me arrastró de la cintura y me besó. Aunque afuera la temperatura era de invierno, curiosamente ella también venía con poca ropa, parecía que sólo nosotras sentíamos ese calor, la quemazón que provoca la combustión del amor, o eso suponía yo entretanto.

—¿Cómo ha ido el viaje? —preguntaba Sara a la vez que nos separábamos.

—No ha ido mal —contesté—. Me dio tiempo a quitarme todo lo que tenía encima.

—La gente va a pensar que estás loca —se burlaba entre carcajadas—. Primero te quedas medio en cueros con este frío y luego te das el lote con otra mujer en público, será mejor que no miremos alrededor y que corramos al coche.

—Pues espero que estén curados de espanto —replicaba también entre risas.

Todo eso nos daba lo mismo, muestra fehaciente eran aquellos lugares donde Sara y yo habíamos follado días atrás y que ahora me parecían tan lejanos.

—¿Por qué en esta ciudad? —dirigiéndome a Sara de nuevo.

—Ya te lo dije, está a medio camino. No me parecía justo que tuvieras que recorrer un montón de kilómetros sólo para verme.

—Espero que no sea sólo verte lo único que he venido a hacer aquí.

—Entonces será mejor que de una vez subamos al coche —ordenó.

No continué con el interrogatorio, ya dispondríamos de tiempo después, me incliné para recoger mis pertenencias del suelo y desaparecimos de ese lugar. Sara conducía, no hablábamos demasiado, al momento se le antojó ese silencio cómplice de cuando el vehículo sigue su trayecto y los ocupantes sentados en el traqueteo vigilan el horizonte, nada nos hubiera delatado si nuestros dedos acariciándose no hubieran turbado el espacio con su revoloteo. De cuando en cuando besaba a Sara y así llegamos hasta uno de esos hoteles cuidados al milímetro que tanto complacen a Kali.

Su pelo desprendía aroma a algún champú de flores y sus palabras iban pisando con su textura de chupa-chups el nostálgico acelerador de mi pasión. Su voz de azúcar me estaba embrujando. Ni siquiera colocamos nada ni encendimos la luz. La abracé por la espalda y se giró hacia mí. Me dejó probarla suavemente primero, después me confitó los labios con su aliento.

—¡Te he echado tanto de menos! —le confesé.

—Eres preciosa. —A la vez que me decía esto posó sus dedos en mi boca y me besó de nuevo.

Atisbé a un lado un sillón deshabitado. La llevé hasta allí y le hice que se sentara. Llegué poco a poco a descubrir sus pechos y deslicé las bragas por sus piernas hasta que salieron por los pies. Ahí estaba para mí, entregándome su néctar y retorciéndose en ese sillón porque estaba sintiendo mi presión en su cuerpo. Sí, extrañamente todo resultaba dulzón. Sus gemidos parecían caramelos perdiéndose en el aire antes de llegar a mis papilas gustativas. Me quité mis trapos con desesperación y me senté encima de sus muslos. Comencé a moverme con agilidad para sentir la caricia de su piel en mi cráter alborotado. No se amedrentó y cogió mis caderas con ambas manos para unirse al movimiento. Yo me volvía loca y me agitaba sin parar.

—Esto me está poniendo muy cachonda —me soltó.

—Pues todavía no hemos terminado.

Saltamos del sillón a la moqueta y de la moqueta a la cama, plantándonos improvisadamente hombros enClue 14 Cama baja bocas, bocas en vientres, vientres en sexos, sexos en lenguas, lenguas en espaldas, espaldas en labios, labios en cuellos, cuellos en manos, manos en cachas, cachas entre dientes, dientes en dedos, dedos entrando atormentados en vaginas, vaginas humeantes, ardientes, y así estuvimos infinitamente.

Recostadas, extenuadas por el baqueteo no soltaba a Kali ni aunque viniera Shiva a sacarme de esa habitación. Embelesada por el ambiente aglomerado de olor a carne no supe contenerme.

—Sara, te quiero.

—Nunca te he pedido que me digas eso —contestó firmemente.

—Eso no tiene que pedirse, eso tan sólo se siente —reafirmé.

—La culpa es mía, sabía que esto sucedería.

—¿Suceder? ¿A qué te refieres? —pregunté estupefacta—. ¿Acaso no es normal que el amor “suceda” en una relación?

—Esther, tú eres transparente, ultraevidente. Me enterneció la primera vez que hablamos en la cafetería cuando no parabas de mirarme, sentía cómo querías acercarte a mí. Me di cuenta enseguida de cómo me acechabas. Fuiste tú quien hizo todo el trabajo, no yo, yo no arriesgué en absoluto porque sabía que pisaba sobre seguro.

Me sentí avergonzada pero Sara prosiguió.

—Eres tan maravillosa que dejas fluir tus sentimientos. Te gusté y esperaste, esperabas a ver qué pasaba mientras me examinabas, yo sólo tuve que notar eso para reaccionar, y lo hice tan erróneamente que te asustaste y te retiraste sin dejar rastro, no volví a querer pensar en ti, me convencí de que si las cosas habían sucedido de ese modo era porque aún no estaba preparada, así que seguí con mi vida normalmente diciéndome que estaba haciendo lo correcto.

—¿Preparada? —No entendía adónde quería llegar Sara.

—Todos tenemos pasado, Esther. Es una putada, pero así es. Ojalá pudiera cambiar cómo me siento y ojalá pudiera vivir felizmente pero aún no puedo. —Sara continuaba arrojando las palabras que contaban su versión de nuestra historia—. Más tarde surgiste de la nada como por arte de magia, con aquella cara convulsa y esos ojos que querían gritarme cosas, cosas de amor. Estuviste tan magnifica dejándome tu teléfono justo delante de Román, parecía la historia sacada de una novela.

—¡Román! —repetí.

Ella no callaba.

—Tuve que llamarte para empezar algo aún cuando tenía la certeza de que no podría mantenerlo. Si quieres follar, podemos seguir haciéndolo, pero no puedes entrar en mi vida, no puedo ser tu pareja, no podemos proyectar, no quiero preguntas, no quiero hablar de mí ni de lo que pasó, no quiero compartirlo contigo. No quiero nada serio, ni estable, ni siquiera sincero. Y no recuerdo haberte reclamado nunca una relación.

—¿Qué es lo que no puedes soportar? —sollocé entre sus abrazos.

 

¡El próximo miércoles capítulo final: 15/15!

Ilustraciones: Chus Rodríguez

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There are 7 comments

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  1. Jane

    What?!! Noo, la espera será larga pero esto se pone cada vez mas interesante, el pasado no es tan pasado cuando no lo puedes dejar ir…

  2. Anel González

    Esta espera es demasiada para mi cuerpecito :V me he tenido que leer esta novela aguantándome las ganas de que me sangrara la nariz xD siento que va a terminar todo mal :/


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