Clue relato erotico lésbico

CLUE. Novela erótica ilustrada. Capítulo Quince (Final)

Quince. Lo que permanece cuando algo cambia

Sara no me soltaba. Me decía aquellas palabras que abrían un agujero en mi pecho izquierdo exactamente igual que en la escena de esa película de Indiana Jones, sacándome el corazón con facilidad mientras mi armadura cedía sin vacilar. Y no me soltaba, me apretaba como si sus brazos quisieran paliar el daño que su boca me hacía. Sara no contestaba mi pregunta; mientras me venía algún gimoteo que otro, un fogonazo del recuerdo se clavó en mi cabeza. Vi entonces a Lola sentada en mi sofá la noche en que Sara y yo entrábamos a mi apartamento para acostarnos por primera vez, reproduje mentalmente lo que me dijo secándose el llanto: “Puedo aceptar que no sientas amor por mí y que te comportes como si lo nuestro no significara apenas nada para ti, pero si vas de ese palo por lo menos dime la verdad. Déjame a mí también vivir la realidad, no puedo evitar hacerme ilusiones contigo, ¿lo entiendes?”. Me produjo tal impacto entender por completo esas frases, que me sentí asquerosa por haberla hecho sufrir de ese modo.

Insistí en exigir una respuesta de Sara.

—No me dejes así. Por lo menos dame algo que no me haga creer que he estado perdiendo el tiempo con una persona sin sentimientos. Déjame a mí también vivir la realidad.

Sara, Kali se derrumbó.

—No puedo hablar de esto… —comenzó a vibrarle la voz.

—Sara, cuéntamelo, por favor.

Notaba mis palpitaciones y apretaba los dientes, estaba tan preocupada como impaciente. ¿De qué iba “esto”? Miré a Sara, que me había dejado y cruzaba sus brazos ahora, comenzó a hablar de nuevo inspirando con vigor.

—¿Alguna vez te has despertado de una pesadilla horrible sintiendo un alivio inmenso al saber que todo era, afortunadamente, un sueño? ¿No es una sensación preciosa? —Seguía sin esperar mi réplica—. Hace tres años que he dejado de percibir eso.

 Hizo una pausa para llevarse la mano al cuello y continuó.

—Ella se llamaba Natalia, la conocí cuando conseguí un empleo en la Facultad de Ciencias de la UAM.

—¿Era tu colega? ¿Tu jefa?

—No. No trabajábamos juntas. Mi jefe era Román, y Natalia era su mujer —en un tono triste que no conocía de Sara, me hablaba sin fijar su vista en nada.

Ni una sola de estas pistas me conducía a entender qué tenía que ver aquello con Sara y conmigo.

—¿Te liaste con la esposa de tu jefe? —pregunté intentado descongestionar el asunto.

Sara proseguía como si no hubiera escuchado mi pregunta.

—Román era y es un ser excelente, más que un superior fue un mentor para mí. Le admiro y le odio a partes iguales. Perdí la razón cuando me enamoré de Natalia, la quería y todavía creo que la quiero, aún la buscan sin sentido los poros de mi cuerpo.

Al oír semejante afirmación se me heló el alma de amargura. Sara ya no se detenía.

—Tenía varios años más que yo pero era mucho más joven que Román, gozaba de una vida acomodada de la que sabía disfrutar bastante bien, le gustaba todo lo que implicara gente, diversión, movimiento, exploración, se echaba encima de cualquier cosa que le resultara apasionante; sin embargo, fue totalmente incapaz de gestionar de un modo coherente su vida sentimental. ¿Por qué? ¿Quién sabe? Y ahora… ¿qué más da?

—No estaba enamorada de su marido pero se enamoró de ti —me atreví a adivinar con cierto sarcasmo.

Sara me ojeó de arriba abajo como si hubiera hecho algo inapropiado y volvió a la conversación.

—Se había casado porque sí, como mucha gente hace e incluso pasan su vida juntos. Román tenía su encanto, podría haber hecho feliz a cualquier persona a su lado menos a Natalia, que sentía más que debilidad por las mujeres, pero ella nunca se decidió, se negó, se negó a sí misma durante años, se divertía en la sombra y se avergonzaba en la luz. Ridículo, ¿no es cierto? —Sonrió con desgana—. ¿Quién puede entrar en las mentes humanas?

No estaba segura de si quería terminar de conocer aquella historia, tenía delante una Sara que no me había dejado ver nunca. Su gesto melancólico era totalmente desconocido para mí y debía admitir que los celos afloraban enérgicamente.

—Mucha gente se oculta y mucha gente se muestra, los primeros no dejan de ser unos cobardes —contesté sin piedad.

—Esa es tu opinión —replicó secamente—. Esto no va de eso de cualquier manera.

—¿Y de qué va? —ataqué con brusquedad—. ¿Vas a decirme después de todo que estás enamorada de otra?

Tal cual salían esas cuestiones desde mi lengua retornaba Lola a mi sentido cuando yo misma le había dicho unos días atrás: “Yo me enamoré de otra persona antes de conocerte y eso no se puede cambiar”. Me hubiera tragado de una en una esas palabras, que a mi entender otorgaban una explicación más que lógica para que Lola me dejara tranquila, con tal de que Kali no les diera ahora ese mismo significado.

—Va de que ella está muerta.

Por primera vez Sara no pudo hacer ningún ejercicio de contención y sus ojos delataron su aflicción. Me quedé de piedra.

—¡Oh Sara! Perdóname.

 Me parecí una idiota patética.

—Va de que Natalia y yo no pudimos separarnos desde que nos conocimos. Caímos la una en la red de la otra y no existía nadie más alrededor. Eso fue lo que pasó. —Sonreía como si una plaga de buenos recuerdos acudieran evocados desde el pasado—. Román, por supuesto, no tardó en enterarse ni en cabrearse. —Su gesto se torció con una mueca que daba por sentado aquel hecho.

—¿Él…? —Me quedé a medias sin saber muy bien cómo hacer ese tipo de pregunta.

Sara continuó ahorrándome el trago.

—Él y ella discutieron fuertemente cuando llevábamos unos dos años y medio de lo que puede llamarse una relación —volvió a temblequearle la voz y su tono se hizo más fino—. Se llamaron de todo, se arrojaron cosas y Natalia salió de la que había sido su casa con la amenaza de que no volvería a pisarla. Armaron tal escándalo que Román me contó cómo la policía, alertada por los vecinos, se había presentado cuando ella ya se había ido.

Podía apreciar con mis propios ojos cómo Sara se iba desmoronando, languidecía como una llama sacudida por el viento, me dio pena y rabia.

—Sara, no tienes que decir nada más. No tienes por qué…

—Ahora no te puedes retirar, tú lo has querido. —Se levantó empujándose con ambos brazos y ya erguida se dirigió a mí—. Natalia venía a buscarme cuando me llamó alterada para avisarme, no quería que Román diera con nosotras. Conducía y su sonido me llegaba amplificado por el manos libres. Me ordenaba coger esto y aquello, salir hacia allí o allá. Yo, de nuevo, le reprochaba su falta de valor hasta que tras un estruendo no escuché nada más —calló porque temblaba.

Fue hacia la nevera minibar y se abrió una cerveza, me arrimé a ella y la achuché.

—Tiramos sus cenizas, Román y yo, hace tres años en su playa favorita. ¿Dónde si no? Eso fue todo lo que quedó de Natalia, vimos volar por unos segundos una nebulosa grisácea y se acabó. Cada año vamos allí, juntos, a hacerle compañía por un tiempo. Vamos juntos a sentirnos desgraciados, miserables, culpables y solos.

—Román es un lío intermitente, me dijiste… —Rompí así el discurso cronológico de Sara.

—Ya puedes imaginar lo que sucede cuando deliras y bebes, cuando buscas a otra persona en alguien sin entender lo que haces. Hasta eso ha pasado y ni yo misma me lo creo. —Reía irónicamente como si hubiera perdido la cordura—. Pensarás que soy repugnante, yo también lo pienso.

—¡No! Yo te quiero —aseveré.

—No puedo en este momento… —Se paró en seco—. Y sé que probablemente esté arruinando una de mis mejores oportunidades, pero no sé vivir sin torturarme por lo que pasó, me siento tan responsable que soy incapaz de imaginarme rehaciendo mi vida, esa idea sólo me procura infelicidad. Estoy absolutamente jodida. Esa es la mierda con la tengo que cargar y por ahora lo llevo peculiarmente mal. Lo siento. —Volvió a hacer una pausa—. Ya te lo he dicho, podemos seguir acostándonos, nada más. Tú me gustas, pero no puedo decir que te quiero, ni deseo que tú me lo digas a mí.

¿Qué espantoso resumen era esto? Un truculento asunto venido de la nada que me quedaba grande. ¿Dónde se han ido todos esos momentos con Sara? ¿Todas las veces que hemos jugado y nos hemos dado placer? Cambiaría cualquier cosa por repetirlos otra vez.

Clue relato erótico lésbicoSin anestesia decidimos que lo mejor sería coger el tren de vuelta a la mañana siguiente. Kali me dejó en la estación, me acompañó hasta el último punto donde únicamente pueden acceder los pasajeros, aferró mis mejillas entre sus manos y me besó eternamente. La vi alejarse como en mi ensoñación, no se precipitaba contra un lago transparente, solo salía de la estación. Su pulsera de monedas tintineaba al mismo ritmo de su caminar.

Agotada aspiraba a sortear un reguero de cajas y bolsas esparcidas por el portal cuando estaba llegando a mi madriguera, unos gritos de algunos pisos más arriba me advertían de que alguien bajaba por las escaleras, en pocos segundos vi a Estefanía, mi vecina-webcam, dando traspiés con más bolsas en las manos. Se quedó mirándome mientras pasaba por su lado para perderme en el ascensor.

—Esther, me mudo —me informaba mientras subía los decibelios.

De espaldas le dije adiós con la mano y me escapé. Me enrosqué en la cama hasta que pude estar de pie.

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Estaba sentada en la misma cafetería, en casi el mismo taburete. Todo permanecía sin aparente variación excepto que yo había vivido aquello con Sara. Todo lo que nos había rodeado a Sara y a mí, ahí estaba, ahí persistía pero todo a su vez había cambiado.

“Don’t try to push me ‘cause I might break
Not sure how much of this I can take
So if you otta go, well that’s alright too
Guess there’s not a lot that we can do…”

Broken. Chely Wright

 Fin.

Ilustraciones: Chus Rodríguez

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There are 3 comments

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  1. Chus

    Si he entendido b el ingles…………………………………..Supongo que no hay mucho que podemos hacer!!!!!
    En fin …………………………… es q no se q decir, me he quedado entre triste y rabiosa……………………xq es algo muy trágico, pero es muy triste q Kaly no lo supere y me dan ganas d darle d tortas. Sorry es lo q siento.

  2. March

    Ohhh por Dios…. y entonces! Vivieron tanto y nada. Por qué un final asi? Entiendo que es la vida… pero creí que merecerían algo mejor.

    Gracias por la historia! 😉


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