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CLUE. Novela erótica ilustrada. Capítulo Trece

Trece. A medio camino

 “…Pero tu belleza se disipa como el humo

A un lugar al que nunca puedo llegar…”

 Qing Hua Ci. Jay Chou

—¡Venga! Anímate. Tienes que hacer un esfuerzo por concentrarte en otras cosas, a estas alturas no podemos estar como si fuéramos adolescentes, no debes dejar que una tía consuma tu existencia —me decía Carla mientras intentaba consolarme, sin resultado alguno.

—Si yo fuera capaz de controlar esto ya lo habría hecho, pero es que no me resigno. Estos últimos meses han sido maravillosos. Ella es… —Me detuve unos segundos a pensar lo que decía—. Respetuosa, considerada, no es una persona arribista en el sentido estricto de la palabra y no entiendo qué tipo de reacción es esta. ¡¿Desaparecer?! —No cesaba de conjeturar qué es lo que había podido ocurrir para que Sara huyera de ese modo.

—¿Te has planteado que, a lo mejor, ha conocido a otra persona y que simplemente se ha largado? Esa sería una razón de peso para no tener narices de darte una explicación coherente o quizás está con ese tío.

—¿Crees que no lo he pensado? He imaginado de todo. No me fío, no me fío en absoluto.

Sara jamás me había hecho promesas, nos habíamos estado viendo porque sí, porque a ella le apetecía y a mí también. Consentí que apenas me hablara de su vida, acepté que lo nuestro fuera básicamente sexual, no le pedí nada y me dejé llevar por la inercia provocada por sus actos. Fui condescendiente a más no poder. Todo había ido sobre ruedas siempre porque no hubo ninguna carga de la que tirar.

—¿Y qué piensas hacer? —preguntaba mi amiga con la incógnita transformando su cara.

—Me va a tocar ir a buscarla de nuevo, por supuesto.

—¡No me lo puedo creer! ¿Vas a salir corriendo detrás de ella a pesar del modo en el que se ha marchado?

—¡Sí! —Contesté con toda la decisión del mundo—. Necesito una justificación, entender qué coño pasa.

—Sabes que esto no va a salir bien, ¿verdad? —afirmó Carla sin tapujos.

No respondí, la miré casi lagrimeando. Mi propia amiga me veía dirigiéndome hacia una relación desahuciada, no tenía de dónde rascar optimismo, tampoco lo estaba buscando, pero me dejó desangelada.

—A Lola le encantaría poder charlar contigo —casi masticando las palabras para que se quedaran bien grabadas en mi mente, Carla movía las manos poniéndolas delante de su boca.

—¿Eso es lo que vas a contarme ahora? Yo no tengo cabeza para hablar con Lola. Sé que le debo una disculpa como la copa de un pino, pero no puede ser en este momento.

—Mujer, ¿qué más quieres que haga esa chica por ti? Es cierto, eres tú la que tiene que pedirle perdón pero ella es así, tierna. No tiene sitio para guardar rencor y el hecho de que tú tengas tu vida patas arriba no te da derecho a pasar por encima de todo el mundo. ¿Cuándo mejor que en este momento para dejar las cosas en paz con Lola? Después si te apetece te compras un dron y te vas a buscar a Kali. Estaría bien ir cerrando historias porque con la que te espera lo vas a flipar.

—¡Vale ya! Joder, me vas a dejar peor de lo que vine —le ataqué al borde de la exasperación—. Probablemente…

—Está aquí. —Carla atajaba mi frase con estas palabras acompañadas de un golpecito en el antebrazo.

—¿Qué? —Le pregunté confundida.

—Lola está aquí. Le dije que si quería verte estaríamos en este local. Va a entrar por la puerta en cinco, cuatro, tres…

—Te voy a descuartizar —le esputé con los ojos inyectados en sangre.

—¡Hola, chicas! —Recién plantada delante de nosotras Lola nos saludaba con una banda sonora de cacharros de cocina detrás.

Nada de lo que aconteció después me sorprendió. Mis amigas se fueron amontonando una tras otra hasta montar una juerga, durante aquellas horas puedo asegurar que llevar la ausencia de Sara me resultó mucho más liviano. No me había dado cuenta de qué manera echaba de menos estos ratos locos y pasados de rosca. Tampoco podía negar que la presencia de Lola me era grata, siempre me escuchaba y siempre me sonreía, había cuajado ávidamente en el grupo y estaba ganando su propio espacio, era palpable. ¿Cuándo había sucedido todo eso? Ni siquiera supe que mis amigas habían acogido a Lola tras mis escarceos con Kali. ¿Cuánto tiempo he desconectado yo? Parecía como si hubiera viajado en el tiempo y me hubiera perdido un episodio de algo importante.

—¿Te ha molestado que venga? —me cuestionaba Lola mientras arqueaba sus cejas y ponía sus párpados en órbita burlándose expresivamente.

—Si me hubieras preguntado hace unas horas, te hubiera dicho que te quedaras en casa; después de todo ahora veo que no ha sido para tanto.

Rio y brindó su vaso con mi botellín de cerveza.

—Tus amigas me caen bien, tú me caías bien —me guiñó un ojo a la vez que sorbía—. Creo que podemos hacer algo al respecto.

—¿Algo? ¿Como qué?

—Pues llevarnos mejor.

—Vale. No me parece mala idea —le dije acercándome y bajando la voz.

—Tú me gustabas bastante, no voy a mentir, pero te lo puse demasiado fácil, ¿verdad?

Aquellas palabras conectaron vibrando en mi cerebro, fue como abrir un gran portón que había mantenido a oscuras la enorme sala que durante un tiempo custodiara y el alrededor se llenó de aire y de luz. Esa confesión me resultaba bastante familiar, pensé en Lola y en cómo yo había disuadido sus ilusiones. Empaticé con su sentimiento herido y penetré en el estúpido espejo que mostraba en sentido inverso mi reflejo fracturado por Kali.

Clue 13 relato erotico lesbico2 menosmg—No, Lola. Tú has hecho lo que tenías que hacer, has ido por lo que has querido, no hay nada más digno que eso. —Mantenía su mirada con un gesto de aseveración—. Ni fácil, ni difícil, es que yo me enamoré de otra persona antes de conocerte  y eso no se puede cambiar.

—¿Todavía la quieres?

—Estoy loca por ella.

—Por Sara —me insinuó como si la conociera.

—Por Sara —asentí.

—Ya. Bueno, pero Sara ahora se ha ido.

—¡Ajá! Veo que los chismes vuelan —inquirí.

Lola y yo seguimos bromeando el resto de la velada, no conocía el motivo de su total restablecimiento pero me hacía feliz comprobar que no era necesaria mi condena al cadalso lésbico. Terminé en su habitación y entre sus sábanas, sin más, en esa amalgama de gilipolleces inexplicables que haces en un momento determinado sin haber tenido intenciones ni planteamientos, porque en algunas ocasiones las mujeres también somos así. Llegamos dando bandazos y nos quitamos la ropa, estábamos tan exhaustas que lo único que fuimos capaces de hacer fue caer como cuerpos muertos en el colchón. Todavía era temprano, lo sé porque sentí ese frío inesperado que te encoge los músculos cuando tienes sueño, buscaba las sábanas que estaban arrugadas en los bajos del somier. Lola me frenó, se puso a mi lado y bajó tocando agradablemente mis labios, mis pechos, mi vientre, mi deseo reaccionó e inconscientemente definí el frente pélvico hacia arriba entonando mis ganas. El amanecer no perdonaba la abertura entre las persianas, cuando la luz es suficientemente potente se cuela por todas partes, y entonces puedes ver y tienes la suerte de despertar desde lo dormido. Esclareciendo mi pena entendí que no debía hacerle esto a Lola, tampoco a Sara, aunque estoy segura de que Kali me hubiera dicho: “Adelante, continúa con tu lío”, pero sobre todo no quería hacerme esto a mí. Me levanté conmovida de la cama y no volví a ese apartamento jamás.

***

No quise telefonear a Sara, tal y como me había dicho esperé a que fuera ella la que se pusiera en contacto conmigo. Lo hizo casi una semana y media después de la última vez.

—Deberías darme más caña, me lo merezco —fue lo primero que me dijo.

—Sara, no sigas. Creo que no es demasiado pedir que hablemos en vivo y en directo.

—Supongo que no —escuché como suspiraba por el altavoz.

—Dime dónde estás, voy a ir a verte —le ordené escuetamente.

—No hace falta que vengas hasta aquí, podemos encontrarnos a medio camino.

—Supongo que sí. Al fin y al cabo esa es mi sensación contigo, siempre estamos a medio camino.

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¡El próximo miércoles un nuevo capítulo: 14/15!

Ilustraciones: Chus Rodríguez

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