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CLUE. Novela erótica ilustrada. Capítulo Ocho

Ocho. El ungüento

Che non si muore per amore 

è una gran bella verità…”

  Io vivrò (senza te). Mina

CLUE 7 portal luces definitivoTenía miedo de despegar los párpados y que todo hubiera sido una alucinación, que esos labios fueran de Lola o de nadie, que simplemente yo no estuviera en la correcta ecuación espacio-tiempo. Poco duró esa incertidumbre, Sara me sacó de ella en un segundo cuando sus manos dejaron mi cintura para bajar por mi, en otro tiempo redondeado, trasero surcando mis caderas y encajando sus manos entre mis piernas. Ella me puso en el mundo real en décimas y yo desaté toda mi combustión interior. Ni el pecado más capital, ni la condena más imponente, ni el trabajo más ingrato me hubieran apartado de Kali. Yo era agua, era fuego y ella aire, el aire que me devolvía a la tierra.

Su sinuosa figura se acercaba más y su pecho se presentó ante el mío como el indicador de sus deseos, capté su mensaje palpitando desenfrenadamente. Agarraba su pelo y su cuello atrapándola, tenía que tocarla para creérmelo. Sara no se detenía, se me ofrecía, me dejaba profanar cualesquiera de sus cavidades que encontraba a mi paso. No podía más y desabroché sus botones delanteros. Un ceñido sujetador azul marino exponía ante mis ojos las dos alhajas de la diosa. Las empuñé, las sostuve entre mis manos calientes como fogones, acaricié sus senos sagrados mientras ella seguía pegándose a mí. Metió sus manos por debajo de mi camiseta mientras me recorría ese escalofrío. Rodeándome clavó suavemente sus uñas en mi espalda, las deslizaba hacia arriba comprimiéndose contra mí, yo había sorteado su sostén y había extraído su ansiado contenido constriñendo insaciablemente lo que en ese instante era mío, erguidos y provocadores me ponían a mil. Acto seguido soltó el mío, unimos nuestros pechos y yo me derretía de calor. No puedo explicar con nitidez el nivel de excitación al que estaba llegando, rudamente podría decir que mi ropa interior fermentaba y no se tenía ya con facilidad, pero mi ropa interior no flotó, fue Sara quien apartó mis bragas tirando hacia abajo dejando mi falda como único mediador entre mi individualidad y el ambiente. Despejados los límites apenas consiguió rozarme porque me deshice del todo.

De repente nos besábamos, nos sujetamos de los labios como si fuéramos a caernos desde muy alto, creo que me entró vértigo mientras sentía que el suelo se tambaleaba y me succionaba como si me mantuviera entre arenas movedizas. Nos encontrábamos vulnerables, sensibles y sobre todo incapaces de dar marcha atrás, supe de manera contundente e irrefutable que para mí no iba a ser posible parar aquello. Los caprichos de la diosa manipulaban mis buenas intenciones, pero aún así sentí reparo de que pudiera aparecer de improviso algún agente inoportuno. Fuera de mí y dando tropezones impulsé suavemente a Sara haciendo inclinar las puntas de sus pies sobre el suelo para deslizarse cayendo sobre mis hombros a la vez que enrollaba mi cabeza entre sus codos, en el intento de mantener el equilibrio ondas electromagnéticas de alta frecuencia cocinaban nuestros cuerpos radiándolos de vapor.

Me estaba absorbiendo, me estaba lamiendo y esto se escapaba perturbadoramente de mi control, empecé a inundarme, sentía el espesor pesado entre mis ingles de tanta pasión comedida, todo en mí se volvió humeantemente resbaladizo, me movía de forma inconsciente consagrando mi cuerpo para que ella lo tentara, anhelaba sus dedos dentro de mis labios, frotándome ferozmente. ¡Hazme daño! Ese dolor placentero que me dice que me estás follando.

¡Sí! No podía expresarlo de otra forma, esto era un incendio incontrolado. Creo que me habíaClue 8 together oscuro amarillo enamorado, recordé en ese momento las palabras idénticas de Lola dirigidas hacia mí a las que ni siquiera había atendido; es tan triste el amor no correspondido, pero en este minuto de pupilas dilatadas, labios ensalivados y pensamientos calientes, yo había retornado a mi más primigenio origen y el sabor del sexo desbocado me hacía perseguir su miasma, seguir su pista como si fuera mi único cometido en este mundo, ungirme con el ungüento de la diosa. Sus dedos se mantenían posados en mi clítoris y los sumergía lentamente mientras me miraba a los ojos, todavía su belleza me impactaba. El movimiento había dejado mi pierna desnuda yaciendo en ángulo contra la pared que me reforzaba para mantener acomodada a Sara a horcajadas restregándose para mí. Ella recogía el soplo de mi boca mientras me acariciaba. Estaba tan encendida que todo mi mecanismo se encontraba excesivamente abultado, el de Sara inconcebiblemente entusiasmado.

Escuchamos ruidos cerca de la entrada, Sara no dejaba de tocarme mientras yo respondía quejumbrosamente. Teníamos que dejarlo pero yo sólo deseaba comérmela. Sara seguía mirándome fijamente, sacó sus dedos, los separó de mí, me bajó la falda y se guardó mis bragas en su bolsillo.

—¡Dios! No podemos dejarlo aquí, ¿no crees? —musité tiernamente en su oído.

—No, no podemos. ¿Dónde vamos?

—A mi casa —afirmé con rotundo convencimiento.

Cogimos un taxi que nos dejó en la calle de mi apartamento, para nosotras aquella carrera parecía que había sido dirigida sin piloto.

Arriba todo estaba preparado. Mi cama, tan desierta de sentimientos últimamente, ahora iba a arropar a Sara. Mientras abría la puerta con Sara en mi espalda advertía cómo salía de dentro una lucecilla tímida y atribulada, a la vez que empujaba para adentrarnos en una noche increíble venía a mi mente, en un flash aniquilador, el día que había entregado una copia de las llaves a Lola quien se había prestado dulcemente hacía un mes a esperar en casa uno de mis paquetes de compra por internet. Allí, en una esquina del sofá, en una habitación que, a pesar de estar ella, parecía desolada, con una punzante cara de pena Lola nos vio cruzar el umbral atropelladamente a las dos y media de la mañana.

—Esto era eso tan urgente, ¿verdad? —me preguntaba con los ojos rojos.

—¿Esto? —me demandó Sara poniéndose delante de mí.

Clue 8 telephone oscuro modified colorNo pude articular ni una palabra. Sara continuó hacia la puerta dejándome atrás, salió y cerró delicadamente.

Miraba a Lola, yo estaba absorta pensando en dar media vuelta y salir corriendo detrás de Sara, intentaba sacar de mi bolso, que aún llevaba colgado, el móvil para llamarla, para retenerla, lo encontré y lo llevé a mi oreja dispuesta a llamar, pero sin poder sostener la mirada de Lola se me quedó incrustado en la mano.

—¿Qué haces aquí? —le increpaba con rabia.

—Creo que ese no es el tema —me contestó Lola sin poder levantarse del sofá.

¡Todos los miércoles un nuevo capítulo!

Ilustraciones: Chus Rodríguez

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