Clue naranja nombre

CLUE. Novela erótica ilustrada. Capítulo Tres

Tres. Dame una pista

“…To tell you everything
By saying nothing.”

 In A Manner Of Speaking. Nouvelle Vague

“Lo tienes justo al lado, justo al lado, al lado, al lado…”. Aquella frase se fundía en mi cerebro concatenadamente mientras, con cara de anonadada, trasladaba el periódico de mi izquierda hacia la derecha donde se encontraba aquella persona expectante. Uno, dos, tres, cuatro segundos de contacto, necesitaba una frase hecha, un comentario, una broma. ¡Algo! Me quedé sin palabras. Atrapada en una nebulosa distinguí cómo su mano se alzaba para recoger el diario. ¡No! ¡Espera! Pensé. A causa de un impulso nervioso no supe más que retirarlo de su trayectoria. Ella me miró con sorpresa, yo le sonreí mientras hacía el ademán de entregárselo de nuevo, Kali lo atenazó con un guiño y me devolvió el aspaviento con otra sonrisa.

—No encontrarás mucho más que ayer. —Le decía con una expresión bobalicona.
—Probablemente, pero es que, si no desvío mi atención, empiezo a pensar en trabajo y no desconecto ni un segundo.
­—Desde luego eso es muy necesario. Yo más bien me he enganchado al móvil para desconectar, y ahora lo difícil es deshacerme del dichoso dispositivo.

Mi adicción a la máquina no era tanta pero sabía que Kali me seguiría la conversación.

—Suele pasar. Yo soy una inseparable de mi portátil, pero hoy increíblemente se me ha olvidado en casa. ­—Subía la cara hacia lo alto como si intentara leer la explicación de tal descuido en el techo del bar.

¡Eureka! Mi intuición dio en el clavo.

—Todos los días lo traigo, es que no puedo entender por qué hoy… —Kali seguía hablando confusa.

Ojos reazulPresentía cómo mi mirada quería recorrerla de arriba abajo. Mis pupilas, apuntando como el objetivo de un arma dispuesta a disparar, se paseaban por su boca mientras se cuestionaba el sentido de su despiste, por sus hombros que soportaban el peso de sus brazos yendo de aquí para allá en un hipnótico balanceo que me llevaba a sus manos, la cuales atusaban su pelo bruno de vez en cuando envolviendo su cuello perfecto al gesticular, y nuevamente me detenía en sus palabras, en su voz que no dejaba de cautivarme tanto como el primer día en que la oí, todo lo que tenía delante me deleitaba. Y mis ojos atrevidos y delatores se posaron en sus abisales ojos almendrados. Temí que se me notara y corté su discurso.

—¿Y siempre vienes aquí? ¿No te han envenenado todavía con este café? —Le pregunté como si yo no tuviera suficiente constancia del tema, me hacía la distraída mientras esperaba su respuesta.

—Sí, casi todos los días, como tú. La semana pasada casi nos comemos en la puerta, yo entraba, tú salías, ¿recuerdas? —Me espetó.

—La puerta, claro. —No me hizo falta ningún espejo para tener la certeza de que me estaba poniendo demasiado colorada. —Tengo que irme ya. —Le contesté de repente.

—Vale. Que te diviertas. Te veo mañana. —Me devolvió.

 ¡¿Mañana?! Nerviosa le pedí a la camarera que me cobrara lo de ambas.

 —Esto por la charla que te he dado. —Le dije.

—¡Gracias!

Sin tan siquiera negarse a la invitación de una desconocida o sin largar el típico “no te molestes” de la boca de la diosa Kali sólo salió un escueto “gracias”; como si yo, una pobre mortal, hubiera realizado la obligada ofrenda para ser bendecida. Así, interpretando su papel de divinidad siguió formando el epicentro del disparatado universo en el que me sentía girando sostenida por una débil gravedad. Evidentemente no fui capaz de esconder una sonrisita misteriosa que florecía sin control a cada rato. En el trabajo no daba pie con bola y sólo pensaba en Kali y en el día siguiente. Al borde del despido, yo era más feliz que nunca.

Camino de casa de mi amiga Carla, pues no me resistía a esperar a contarle lo sucedido cuanto antes y en persona, pensaba enMás besos re na Kali, mi espléndida Kali. Era alucinante que las cosas hubieran sucedido de este modo, lo cual me dejaba la puerta abierta a toda clase de teorías, presunciones, profecías y algoritmos sobre el hado y sus casualidades. Esto más que consolarme disparaba mi cota de pánico ante esta inquietante y sobrevenida locura que me manipulaba, pero ella era irresistiblemente magnífica para mí, tanto más la veía, tanto más la ambicionaba. Seguramente me estaba pasando un poco, pero sin duda era la persona más atrayente con la que había coincidido nunca. Leí en alguna parte que la neurobiología moderna había descubierto las causas de por qué nos gusta una persona u otra, o por qué sentimos atracción hacia alguien en concreto entre un millón; creo recordar que argumentaban la intervención de varios factores personales y ciertos procesos químicos en el cerebro. Yo no entendía nada de neurobiología y románticamente prefería pensar que había encontrado un objeto de deseo, un deseo inagotable por un ser, al menos para mí, excepcional. Pensar en ella me excitaba, despertaba mis instintos sexuales de una manera brutal. No me había sucedido antes con nadie y este era un terreno desconocido, pero me hacía encontrarme tan viva que en vez de intentar sofocarlo mi cuerpo sólo deseaba potenciar esas sensaciones.

El teléfono móvil sonó. Era Lola, quien había desaparecido de mi mente hasta ese mismo instante. Sin plantearme nada descolgué.

—Si quieres me paso por tu casa. —Contesté sin saludar primero. Definitivamente yo estaba cayendo en desgracia.

—Te espero.

El apartamento de Lola me resultaba totalmente desconocido. Sobria y de día, ni ella ni su estudio daban la impresión de ser los mismos, pero sin tiempo para analizar aquel efecto Lola se acercó y comenzó a manosearme. Me agradaban sus besos, eran dulces y suaves. Kali me había puesto a punto y decidí dejarme llevar.

—Eres muy guapa —susurró —. Esther, me gustas mucho.

Yo no le contesté nada y ella siguió besándome. Cerré los ojos muy fuerte, estaba oscuro. ¿Kali? La llamé desde muy adentro para que viniera a rescatarme. Mis labios seguían inyectados en Lola y mis ojos apagados veían a la diosa, implorándole que me diera una pista.

último clue recortado sin manoLola me abrazó pegándose a mí. Notaba sus senos junto a los míos, titilantes y dispuestos. Alcé su camiseta por encima de ellos y los acaricié, eran pequeños y redondos. Le quité el sujetador y jugué con sus pezones, ambos me obedecieron. Las dos caímos en el sofá. Desvistiéndonos la una a la otra nos rozábamos todo el cuerpo. Lola se acopló entre mis piernas y empezó a moverse, su pelvis me frotaba justo donde yo quería, mientras ella subía hacia arriba yo presionaba hacia abajo en una impecable armonía. Primero introdujo uno de sus dedos, se lo pedí. Yo estaba totalmente mojada, abierta y receptiva, me marcaba su ritmo muy bien y llenó mi espacio con dos. Intermitentemente aceleraba o rebajaba la velocidad, pero era tan tierno que me encantaba. De forma egoísta me entregué al sexo sin tocar a Lola. Ella persistía y yo disfrutaba. De improviso cambió de posición y, como el ying y el yan, me encontré con su centro de operaciones encima de mi cara, al mismo tiempo percibí cómo ella se acercaba a mi base. Sabía que había llegado la mejor parte. Al igual que en nuestro primer encuentro estaba muy húmeda, mis dedos patinaban y quedaban unidos por transparentes hilos de excitación. Introduje mi lengua en su vagina. Ella proseguía conmigo como un animal que lame ansiosamente sus heridas. Nos imitábamos la una a la otra: pianissimo o in crescendo. ¡Me sabía a tanto! Estuvimos así un buen rato, la calidez de su aliento rebotaba en mí, me impulsaba hacia su boca para controlar su energía más rápido cada vez hasta que mi ardor llegó a su clímax. En ese momento Lola no apartó sus labios hasta que dejé de moverme espasmódicamente. Con las pocas fuerzas que me quedaron yo tampoco cesé hasta que ella caló mi cara con su orgasmo.

—¿No vas a quedarte? —Me preguntaba aún en el sofá.

—Lo siento, no puedo. —Rechacé a Lola a la vez que buscaba el resto de mis cosas para vestirme e irme cuanto antes.

—Te llamaré. —Me aseguró mientras nos despedíamos.

Asentí con una leve mueca y bajé las escaleras sin esperar el ascensor.

Me había refugiado en una mesa intencionadamente, necesitaba la seguridad de una silla con sus cuatro patas en el suelo para enfrentarme a Kali. Aún no había encargado nada cuando ella entró, dio una vuelta con la vista y me localizó. Me saludó con la mano y vino directamente a sentarse conmigo, al hacerlo agitó el aire que recorría su espacio y llegó hasta mí su olor. También su olor es…

—¡Buenos días! —Me dijo alegremente.

—¡Hola!

—Por cierto, me llamo Sara y hoy invito yo.

 ¿Sara? ¡Oh, Dios mío!

 

¡Todos los miércoles un nuevo capítulo!

 Ilustraciones: Chus Rodríguez

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There are 7 comments

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    • @NekoToTachi

      ¡Gracias por comentar! jajajaja, creo que cualquier nombre escogido hubiera coincidido con cualquier otro: ¨¿En serio tenía que llamarse así la protagonista? ¡Te tocó! Lo siento 😛 No dejes de leer 🙂

  1. little trouble

    bueno a mi gusto en este te ha faltado un poquito de redacción , nada grabe sigue genial, buscando sexo en otro lado mientras piensa en alguien mas .. por experiencia siempre alguien sale mal.. un capitulo mas y prometo ponerme a trabajar …
    por cierto sigue en pie lo del café


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