Clue naranja nombre

CLUE. Novela erótica ilustrada. Capítulo Uno

Uno

 Ain’t no sunshine when she’s gone… Only darkness every day”.

 Ain’t No Sunshine. Bill Withers

Clue café recortado luzAcababa de terminar con mi novia hacía nueve semanas, casi como la película, y todavía me quedaban sus restos de comida en la boca, uno de ellos era la costumbre de contar por semanas. No tenía ganas de verme envuelta en ningún otro tipo de relación por el momento, pero estaba ansiosa por romper una especie de cáscara gruesa que se adosa a tu piel, y que crees que todo el mundo ve cuando terminas una relación más o menos larga. Es la costra de la inseguridad, y ahora sé que la única vista afectada por esta costra no es otra más que la de una misma. Y ¡sí! Deseaba tener sexo ya. ¿Para qué nos vamos a engañar?, pero mi infortunio sólo me procuraba un exclusivo subidón diario, y ese era el café de las nueve de la mañana. Sostenía la taza entre las manos para obtener algo de calor, pues el invierno se comportaba sin piedad, aún los días claros eran congelantes. Mi silueta, del pecho hacia arriba, se reflejaba en el espejo que había detrás de la barra, mi aspecto no era bueno, pero que nada bueno. Este cabello pajizo que encajaba mi cara hasta los hombros empalidecía aún más mi rostro, había perdido unos tres kilos desde nuestra ruptura, y aunque no eran muchos ya empezaban a hacer mella amenazando con el trazo de un cuerpo escuchimizado, aún así me mantenía estoica en el taburete soplándole al café.

—Un cortado, por favor.

Una voz que hizo bailar mis tímpanos me sacó del trance en el que me mantenían mis cavilaciones, parecía provenir de detrás de mí, deduje que su dueña estaba sentada en una mesa y no alcanzaba a verla en el espejo donde yo sí me observaba.

—Muchas gracias. —Fue su respuesta cuando la camarera apresurada le dejó lo que había pedido.

Me pasa a veces, siento curiosidad por un extraño, una curiosidad innecesaria frente a un desconocido. Alguien que se te pone delante en la parada del autobús, en la cola del cine, cuando vas a cruzar un semáforo, en una tienda, en un parque, alguien en la calle que camina jadeante mientras habla por teléfono, en el gimnasio o en la mesa contigua mientras almuerzas o te tomas el desayuno. Alguien a quien no conozco pero que, por alguna razón, me atrae irremediablemente despertando en mí la inquietud de saber su nombre o el lugar a donde va. De ella, la causa, su voz, me resultó poderosa, profunda, firme, ¿sexy quizás? ¡Vaya paranoia! Me quedé quieta sin torcerme como si así pusiera en marcha el mecanismo de la capa de invisibilidad de Harry Potter y al no advertirme allí, ella pudiera seguir hablando. Pero no, todo esto sólo estaba pasando en mi imaginación. Gesticulé con los ojos hacia arriba y sorbí bisbiseando el café, tragué y tragué apurando todo lo que contenía aquella taza blanquecina. Me había metido en un bucle de: “Gírate y échale un vistazo” a “¡Venga ya! Al final no será para tanto”. Y así una y otra vez hasta que me levanté. ¡Sal por la puerta sin mirarla! ¡Sal sin mirar! La orden que daba a mi cerebro de forma tajante, era descaradamente traicionada por mis ojos que ya flanqueaban el ángulo derecho para despacharme una ojeada. ¡Mierda, miré! Di unos cuantos pasos lentos hacia la salida, noté cómo el resto de mi cuerpo tiraba de la cabeza que se había quedado posicionada en las coordenadas de la chica quien no levantaba la cara de un MacBook donde escribía ágilmente; al ritmo tintineaba en su muñeca izquierda una pulsera plateada de la que pendían a modo de adorno una suerte de pequeñas monedas. El pelo oscuro le caía a ambos lados más allá de las clavículas, un flequillo trasquilado escondía su rostro como una cortina de verano, que clarea pero no deja ver. ¿Guapa? No sé. Levanta la cabeza. ¡Levanta!. Le exigí con tal ímpetu mental que empujé la puerta y salí. Ni me miró, mis deseos telepáticos no llegaron a sus receptores.

Volví a esa oficina que me hace pensar cada día que estoy viviendo la vida de otra persona y que la que es auténticamente mía aún está por llegar. Como si un karma maldito me hubiera atrapado y me reencarnara en lo que me reencarnara continuamente reaparecía en el mismo sitio, ya fuera en forma de rata, persona, escarabajo o paloma. La mayoría de las veces me sentía más cercana a la rata porque es mi animal en el horóscopo chino y por cómo a veces me levanto con los pelos por las mañanas.

Un par de flashes trajeron a la chica de la pulsera de monedas a mi recuerdo durante la jornada.

 Copia de Logo CLUE modified morado pequeño +Y allí estaba yo nuevamente a las nueve, a por mi dosis de cafeína. Una mañana aburrida y plomiza, inconscientemente o quizá no tanto, me apoderé de la esquina de la barra obteniendo así un completo control del local. Cuando desperté no me acordaba de la chica del MacBook, fue sólo cuando escuché en la radio despertador, mientras me lavaba los dientes, algún anuncio sobre productos de Apple, cuando ella regresó de nuevo a mi pensamiento, pero aún bajo estas condiciones ya no quiere irse, me mantiene en vilo sincronizando su entrada en este sitio. Era la misma hora de ayer pero no había indicios de ella. ¿Pudo ser una visita fortuita? Bebí el café ardiendo. Pasaron treinta minutos, pagué y dejé mi asiento libre. Cuando me dispuse a huir tuve que detener bruscamente la puerta, que se abría hacia afuera, porque un cuerpo se echaba literalmente encima de mí.

—Perdón. —Dije.

—No. Perdona tú. —Me dijo.

Tin, tin, tin. Las monedas se movieron al sostener el mango. No me habría dado cuenta si no hubiera sido por la pulsera. Era ella, y era preciosa. Sonreí mientras me iba, ahora sí que ya no iba a poder quitármela de la sesera.

Esperé el día siguiente con impaciencia. Me senté, pedí y sin más remedio, esperé. No pasaron más de cinco minutos y ella apareció. Me tomé mi tiempo sin reservas, esta vez la examiné, la escudriñé de arriba abajo entre mirada y mirada furtiva; y cuanto más la observaba más me gustaba. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Realmente era atractiva, o a mí me lo parecía. Fijé en ella mi vista sin pensar, permanecía absorta en sus cosas. Al cabo de un rato me avergoncé. Aquella chica, ajena a todos mis desvaríos, estaba siendo víctima de mi locura. Me fui.

2 recortado+oscuro tenue CON LOGODespués de un día tedioso volví a casa. ¿Quién sería? ¿Cómo se llamaría? Cansada de tanta adivinanza, pero sin alejarla de mi recuerdo, decidí irme a la cama. No tenía ninguna prisa, pensaba en ella incesantemente, como quiera que se llamara o quien quiera que fuese. El cristal de la ventana chorreaba agua, afuera tormenta, en mi pecho tormenta, entre mis piernas tormenta. Comencé a imaginarla, vagamente al principio, de pie frente a mí, mirándome desafiante con el solo ojo descubierto que dejaba su pelo, su postura me llamaba a gritos y yo me lancé directa ante su orden absoluta, en aquel momento me pareció la misma diosa Kali, cuyo poder insufla vida al universo, a mi universo. Para entonces mis alucinaciones la veían perfectamente. No había marcha atrás, tuve que deshacerme del pijama. La abracé por la cintura atrayéndola para mí, se dejaba fácilmente y, enardecida, la besé. No me hablaba pero me daba claramente la pista de sus deseos. Desabotoné hasta el vientre su blusa, no me paró, yo no me detuve, continué con su pantalón que cayó con un leve tirón. A estas alturas yo retozaba entre mis sábanas tremendamente excitada, me movía de forma constante acompasando el ritmo que mi mano marcaba para aplacar el calor que desprendía mi cuerpo a causa de mi idea despiadada. La empujé suavemente unos pasos hacía atrás apoyándola contra alguna pared, y ante la diosa que era me arrodillé. Delante de mí unas estrechas, ajustadas y diminutas bragas blancas las cuales definían de un modo inequívoco y perfecto la anatomía sexual de mi amante, contra la que sin mediar palabra arremetí como una alimaña. Creo que se sonrojó, pero yo ya no podía parar. Besé, lamí y succioné aquella tela mojada que separaba el obsequio de la diosa Kali de mis fauces, sus piernas semi abiertas dejaban el ángulo justo para mi frente. Ella se estremecía, y a cada uno de sus movimientos mi lengua daba su correspondiente respuesta. Me revolcaba en mi cama como nunca antes me había pasado. Mi deseo crecía y ante su ávido apetito no pude más que arrancar aquellas ropas que tanto se interponían entre nosotras. Me entregó su sexo desnudo y escurridizo. Dirigí una mano por detrás para acercarlo y ejecuté mi labor concienzudamente. Gemía, y a mí se me salía el corazón con el solo hecho de pensar que le gustaba lo que le hacía. Atrapó mi pelo revuelto y desmadrado como quien aferra firmemente las crines de un caballo para controlarlo, para dirigirlo, y apretó mi cara contra su vagina. Me volvió loca. Escuchaba el tintineo de las monedas de su pulsera cerca de mi oído, permanecimos así hasta que explotó.

Yo por mi parte, en la soledad de mi habitación, me había entregado a la diosa Kali durante casi una hora entera, en la que la divinidad me procuró dos subidas al cielo como recompensa por mi devoto esfuerzo.

Estaba decidida, tenía que abordarla de alguna manera sin dar ni un paso atrás.

¡Todos los miércoles un nuevo capítulo!

Ilustraciones: Chus Rodríguez

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There are 15 comments

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  1. Anna

    En serio??? Pq las semanas solo tienen UN miercoles!!!! Madre mia que intensidad… que recuerdos…. que postura mas apetecible…. FELIZ MIERCOLES

  2. Nicole

    Excelente relato!! Felicitaciones!! El broche de oro: Dos subidas al cielo por el esfuerzo devoto…
    Podrían tirar dos capítulos por semana y en dias distintos… Esperar 7 dias por uno solo es mucho tiempo…

  3. iris

    Que buen relato, ¡me encanto! seré fiel seguidora y a esperar con ansias los miércoles.

    me sorprendió leer el nombre de Kali en el relato, es un seudónimo que uso mucho.


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