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Lesbifacts: Cosas que escuchas cuando dices que tu pareja es una mujer

Esto de ser lesbiana es realmente enriquecedor, te encuentras con situaciones que la gente que se “autodenomina normal” no puede imaginar o experimentar a lo largo de su vida. Ser lesbiana te confiere un carácter especial, ingenioso y fuerte, con una dosis extra de paciencia y amor hacia tu prójimo que te hace sonreír ante los comentarios más absurdos, ofensivos y punzantes que tienes que oír cuando conocen tu opción afectiva-sexual, pero al lío que me lío.

Y es que cuando los astros se confabulan para darte ese empujoncito final y dices/confiesas/sueltas/gritas (escójase la opción más apropiada para la ocasión) que tu pareja es una mujer aparece de forma incontrolada la inminente necesidad (por no decir urgencia) por parte de tu interlocutor/a de ponerle cara (y medidas) a tu pareja. Aparece esa ansiedad digna de estudio por las prisas de conocerla, mejor hoy que mañana, y qué poco les importa si, en primer lugar, a mi me apetece presentarla, en segundo, si a ella le apetece ser presentada.

Yo entiendo que todos tenemos ese lado cotilla y es muy humano husmear en la vida de los demás, pero no recuerdo ni una sola ocasión en que una compañera de trabajo al comentar que tiene novio o marido a los compañeros que estos hayan hecho gesto extraño alguno y mucho menos … preguntar por su pareja y exigir su foto. Es más, cuando mis primos tenían sus parejas, pues a esperar a las Navidades para la presentación oficial.

En cambio cuando digo que mi pareja es una mujer se desata alguna fuerza desconocida de la naturaleza que les impulsa a todos tipos de gestos o tics (el típico es tragar saliva y abrir los ojos más allá de la Vía Láctea) y al bombardeo continuo y persistente de preguntas. Las hay de todo tipo y categorías, en estas situaciones la imaginación de mis interlocutores puede llegar a ser desbordante y rebosar el buen gusto y sentido común. ¿Quién no ha oído algunas de las siguientes?

          – La típica y grotesca: ¿quién hace de hombre?, y entonces sonríes y con esa mirada de alma cándida y voz pausada le dices … no sé si te has dado cuenta, somos dos mujeres.

– La simple: ¿tú estás segura, pero si eres muy femenina? Sí, estoy segura, y no puedes evitar esa sonrisa traviesa porque recuerdas que hace ya muuucho tiempo que sabes que te gustan las mujeres.

– La elaborada y retorcida: ¿Es tu primera relación lésbica, dónde os conocisteis, llevas mucho tiempo con ella? Uyyyy, cuidado que esta pregunta es trampa. Mi consejo es decir sí, es mi primera relación y me la presentó mi prima la abogada/farmaceútica/médica o aquel familiar que tenga más licenciaturas o diplomas. Quién realiza esta pregunta ya te está prejuzgando, si es la primera relación es que aún tienes salvación, puede ser una fase, que te quede claro que ellos tienen derecho a experimentar muchas relaciones pero tú no, porque ya te etiquetarán como una de esas que va de flor en flor. ¿Dónde? quiere conocer tu entorno íntimo y que tipos de garitos visitas porque esa imagen que proyectas en el trabajo no se puede ajustar a la realidad … porque eres lesbiana. Mucha gente le cuesta pensar y entender que conociste a tu pareja en un sitio “normal”, cafetería, universidad, trabajo, amigos … Y en cuánto al tiempo de relación de pareja si es mucho se asombrarán y si es poco te dirán … quizás sea esta el amor de tu vida.

– Una de las que más risa me da: ¿Y cómo te diste cuenta de que te gustaban las chicas?

Al principio pensé que yo era la causante de todas esas reacciones en cadena, en aquellos tiempos me dejaba llevar por el qué dirán y prestaba mucha atención a los juicios y perjuicios de mi entorno, casi me preocupaba más el no ofender que el que me ofendieran. Más de una hemos sentido esa presión social y familiar que te obliga de manera involuntaria a no hablar de tu vida privada o íntima. Pero los años y las ganas de vivir y sentir “a mi manera” me hicieron ver que el problema era de ellos no mío. Y entonces lo hablas y te das cuenta que no eres la única, que es “práctica habitual” a todas. Y no digamos ya el acoso o derribo al que someten a famosas y conocidas, que bien han declarado su opción sexual o hay “sospecha” de la misma. Todavía recuerdo a Risto Mejide insistiendo de forma impertinente y con una falta de respeto absoluta hacia Vanesa Martín al preguntar sobre su relación con Malú, el outing a Sandra Barneda, Maria Casado .. por citar algunos ejemplos de tantos.

Y yo me pregunto en estas situaciones … ¿por qué? Acaso conozco yo a tu marido o novio, y la respuesta que me dan es … “mujer, lo tuyo es diferente, no seas tan reservada”, y justo en ese momento reprimo todos mis impulsos primarios a fin de conservar la calma y digo … “no te creas, no somos tan diferentes, que el amor no entiende de géneros”.

 

Manda…

@mandalimones



There are 6 comments

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  1. Luna

    A la elaborada y retorcida añadiré la que me hizo una compañera de clase al enterarse que otra chica y yo éramos novias: cuando yo lo hago con un chico me duele aquí (señalándose la cara interior del muslo [ni idea de porqué puesto que también me he acostado con chicos y nunca me dolió ahí…]), donde os duele a vosotras?
    A lo que me dio la risa (obviamente) y conteste con esa sorna que me caracteriza acompañada de una carcajada sonora: en la punta de la lengua!!!!
    No hubo más preguntas. Considero que la mejor defensa es un buen ataque. No preguntes nunca algo de lo que no quieras saber la respuesta….

  2. Virginia

    Lo mejor es cuando te preguntan sobre sexo entre dos mujeres, ejemplo:

    -¿Y ustedes cómo lo ”hacen”?
    -¡CON ROPA!.-responde mi novia.

    ¡Y lo peor es que se lo pueden creer!, qué risa.


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