Rosalina Rivas Menjívar y abogada

Después de 14 meses en la cárcel, una mujer lesbiana torturada y violada logra asilo en Estados Unidos

Rosalina Rivas Menjívar es una mujer de El Salvador que ha sufrido lo inimaginable solo por ser como tú y como yo: lesbiana. 

Pero hoy tiene por fin una razón para celebrar. Logró detener su deportación y ganó su caso de asilo para quedarse en Estados Unidos. Aunque esto aún no termina. Tiene un hijo, producto de una violación “correctiva”, al que aún intenta recuperar. 

El calvario de esta mujer comenzó en 1998, cuando dos hombres la torturaron por ser lesbiana, le arrojaron ácido para desfigurarla, e intentaron cortarle los dedos de la mano. No contentos con sus cobardes hazañas, la violaron al grito de “te vamos a enseñar lo que es ser hombre”. De esta violación Rosalina quedó embarazada, en un país donde el aborto en cualquier causal, incluso si eres violada, es motivo de cárcel para ti, la víctima. 

Rosalina tuvo al niño, al que llamó José y al que crió hasta los 5 años, momento en el que se encontró con sus violadores, acompañados de otros tres hombres, todos armados. Entró en pánico y dejo a su hijo al cuidado de su hermana y el marido de éste; y huyó hacia California. 

Aquí comenzó una etapa dolorosa. El recuerdo de su violación y la distancia de su hijo la hicieron caer en una depresión, donde el abuso de drogas y alcohol cobraron protagonismo. 

El año pasado fue arrestada y entregada a la Oficina de Inmigracion y Aduanas, quien comenzó los trámites para su deportación a El Salvador. 

Rosalina fue enviada a la cárcel de ICE en Adelanto, uno de los centros de detención de inmigrantes más criticados del Departamento de Seguridad Nacional (DHS).

Pensó que el mundo se había acabado y llegó a imaginar que si la deportaban a El Salvador su vida y la de su familia, en especial la de su hijo, corrían peligro, por lo que junto a su abogada comenzaron a librar una difícil batalla para poder quedarse en Estados Unidos. 

Estuvo 14 meses detenida, en las peores condiciones imaginables, sobre todo en su caso, con una diabetes avanzada y necesitando cuidados especiales que en su cárcel no podían ofrecerle. 

Ahora, en libertad, lucha por encontrar a su hijo, al que le perdió la pista hace un año, cuando huyó del Salvador para reunirse con ella. Desde que entró a México no ha vuelto a tener noticias de él. 

Nos alegra profundamente que haya logrado su merecido asilo, y esperamos que pronto pueda reunirse con José.

 



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