
Lo de tener o no tener suerte en el amor es algo que aún no logro definir. Mi hermana dice que tengo suerte en el amor porque tengo relativa facilidad para ligar. Tengo relativa facilidad para encontrar a alguien con quien follar. Y porque tengo relativa facilidad para despertar en alguien los impulsos de amar. ¿Suficiente?
Es la crónica de un trío anunciado. No lo quería, no lo pedí, no lo esperé. Pero supongo que era el único puerto donde la fuerza del viento y la fuerza de las olas me podían llevar: Ana quería una relación abierta, quería experimentar cosas diferentes. Yo temía/odiaba que ella hiciera algo sin mí.
Hay muchas cosas que se activan en el cerebro cuando tu chica te dice que quiere tener una relación libre, que quiere estar con otras personas. A mí se me despierta la estupidez. La estupidez entre los tormentos. Da igual que me lo diga a mí misma. Que me mire al espejo y que diga: “Ya está, déjalo ir”. Que escuche mi propia voz, desnuda y decidida, tratando de escurrirse y abrirse paso por mis oídos para llegar aún más lejos. Llegar a mi cerebro. A la parte de mi cerebro donde vive mi estupidez (que últimamente he descubierto que es el trozo más grande de masa encefálica que tengo).
El gen egoísta, el mismo del que se valió Darwin para explicar la base biológica de la conducta de las personas, me sirve a mí para explicar la base biológica de mi conducta en el amor. No me sale del corazón. El amor me sale del gen egoísta.
Eran las tres de la mañana. La ventana estaba abierta, entraba un aire frío que no podíamos sentir porque nuestros cuerpos estaban calientes y muy cerca el uno del otro. Ella estaba fumando y mirando al techo. Con la mano que le quedaba libre jugueteaba, sin prestar atención, con mi clítoris ya felizmente cansado de tanto explotar.
Le tengo miedo a una mujer. Yo, que de pequeña era popular en mi pandilla por escalar los árboles más altos, por andar en bici sin coger el manillar y sin temor a caerme. Yo, que me peleaba con chicos a puñetazos y que soy como esos absurdos personajes de película que salen solos de casa en mitad de la noche cuando escuchan un ruido. Yo, que nunca he temido a nada, le tengo miedo a una mujer. A una mujer de ojos oscuros. A una mujer llamada Ana.
No tengo claro el momento exacto en el que sucedió. No sé si fue resultado de un intenso y autoinfligido lavado de cerebro o de haber gozado de compañía femenina diversa; de esa que no marca ni un antes ni un después en el historial del corazón, pero que sirve para echar unas risas, para descubrirle otros contornos y texturas al placer y, por supuesto, para ir saldando poco a poco la extensa deuda que deja en la autoestima un amor no correspondido.
Cuando parecía que yo era la única bollera en este planeta condenada a torturarme con mis pensamientos, mis culpabilidades y mis amores prohibidos, me metí a internet. Sorprendentemente, se abrió ante mis ojos un universo paralelo lleno de dramas bolleros, de chicas que sufrían por no tener amor; otras que sufrían por tenerlo; y otras que sufrían porque, al parecer, es lo que se estila.
Soy una muy buena consejera, la persona a la que recurren mis amigas o mis hermanos cuando algo les aflige o les confunde; sobre todo cuando este “algo” está relacionado con temas amorosos. Es por esto que no logro entender la incapacidad patológica y crónica que tengo de no poder aconsejarme a mí misma. O, lo que es peor, no ser capaz de seguir los acertados y racionales consejos que me doy, cuando consigo hacerlo.
Hay que reconocerlo. No somos fáciles. Muchas veces cuando tenemos novia queremos estar solteras y, cuando estamos solteras, no vemos la hora de emparejarnos otra vez. O peor, pensamos que queremos una cosa y, cuando lo conseguimos, nos damos cuenta de que en realidad no era lo buscábamos.
¿Es fácil ligar? Depende. Yo creo que está casi sometido a una ley similar a la de Murphy, pero un poco más cruel, donde pareciera que cuantas más ganas tienes de ligar, menos ligas. Y cuando mejor estás y pasas de todo (te sobran las chicas o tienes novia), te conviertes en un imán de las miradas y del interés lesbiano del ambiente.
Es estúpido, pero seguro que no soy la única a la que le pasa. Nunca me he lanzado desde el borde de un abismo. ¿Sería absurdo, no? Pero insisto, no creo ser la única que, en lo que respecta a la vida emocional, se lanza al vacío, sabiendo que abajo lo más seguro que encuentre es una buena hostia.
En una ocasión escribí sobre la frase que no se puede decir en la cama, pero ¿qué pasa cuando lo que produce ese bajón no es verbal? Este mes toca hablar de los momentos “tierra, trágame” del sexo.
Ha empezado la primavera y este año en especial el aire parece más espeso por la cantidad de hormonas que estamos desprendiendo. Claro que sí, chicas, que el invierno ha sido duro y largo y la primavera siempre va cargada de renovación.
A ver, leyendo lo de sexo con turbulencias, ¿qué se os ocurre? a) ¿Sexo en un avión? (del que tengo yo en mis fantasias sexuales) b) ¿Sexo movidito? c) ¿Sexo al ritmo de un terremoto?
Nadie te quiere más que una madre, dicen por ahí. Pero cuando las hijas dejan de ser lo que las madres esperan y su sexualidad se encamina a opciones diferentes y minoritarias, comienzan las pruebas de tolerancia y aceptación. En esta oportunidad, cuatro madres nos cuentan cómo han vivido el lesbianismo de sus hijas y sus salidas del armario.
Cuántas veces habremos repetido la frase “es que todas las lesbianas están locas” o ”todas menos yo, claro”, mucho mejor”: menos yo y algunas de mis amigas”. Lo más curioso que me ha resultado es que en Facebook se haya creado un grupo llamado “Fans de yo también creo que todas las bolleras están locas” (¡ojo!…no dice que estamos, habla de ellas y no de nosotras) el cual ya tiene en un mes aproximadamente 1.453 miembros.
Cuántas veces habremos repetido la frase “es que todas las lesbianas están locas” o ”todas menos yo, claro”, mucho mejor”: menos yo y algunas de mis amigas”. Lo más curioso que me ha resultado es que en Facebook se haya creado un grupo llamado “Fans de yo también creo que todas las bolleras están locas”. (
una30, Nube18, Morenita22, Madrid48, Alicante27, ZorritaCaliente, Sexy_Cam, BCN_21, Shane25….os suena chicas? Si, hoy voy a escribir sobre perfiles y formas de ligar en chats de lesbianas. Pueden ser diversos los factores que nos hagan meternos a un chat: aburrimiento, olvidar a la chica que te acaba de dejar, curiosidad, saber que no estás sola en el mundo antes de abandonar el armario….pero el fin siempre suele ser el mismo: mareo y ligoteo online, y para las más atrevidas, incluso cibersexo.
Porque si, no solo tenemos drama, intensidad, hormonas alocadas….también tenemos NORMAS!! 1a NORMA: con las amigas no se folla (una norma que muchas nos habremos saltado en alguna ocasión. O en más de una)...
Todos conocemos a alguien que ha visto o conoce a alguien que vio aquello de la mermelada y el perro (no hace falta que dé detalles de aquello). Pues hoy hablaremos de la frase que nunca hay que mencionar en momentos apasionados y que como el caso de la mermelada todos conocemos a alguien que escuchó o conoce a alguien que escuchó la frase que NUNCA se debe mencionar.
Usted, mujer lesbiana, no se engañe. Usted no existe. Ya sé que pareciera que si, pues así, a simple vista, viajando en el metro o paseando en la calle, parece usted una mujer común y corriente, una mujer real.
Pero no lo es.