Escena 1

El esperado estreno de “La vida de Adèle”

mirales.es La expectación que ha ido surgiendo durante todos estos meses en torno a la controvertida película La vida de Adèle se ha saldado con una sorprendente afluencia de público durante los días posteriores al estreno. Desavenencias entre director y actrices protagonistas, rumores sobre la dudosa fidelidad a la obra que pretendía adaptarse (confirmados por la propia autora del cómic, Julie Maroh) y cierta descompensación entre los críticos (ellos la tildaban de obra maestra, mientras que ellas encontraban algún que otro detalle medular con que cebarse), no han hecho más que avivar la curiosidad hasta regalarnos lo que todas deseábamos: que esta película sea vista, en su totalidad y sin censura de ningún tipo, por el público más numeroso y heterogéneo posible. Antes de comenzar con la reseña debo admitir dos cosas: yo no he leído el cómic y, peor aún, acudí al cine con un deseo algo más que enfervorecido de que la película no me decepcionase. Esto no tiene por qué significar que mi capacidad crítica estuviera mermada, más bien al contrario: al desear tanto que me gustara, tenía los colmillos más afilados y estaba dispuesta a lanzarme al cuello del primer disparate que asomase por el filo de la pantalla. Así que en cuanto empezó la película mi nerviosismo enmudeció, ansioso por captar absolutamente todos los detalles.

El título, La vida de Adèle, Capítulos 1 y 2, es infinitamente más literal de lo que cabría imaginar: una espera que el director, Abdel Kechiche, se deje llevar por las distracciones y artificios de los cineastas que antes que él se habían atrevido a filmar tan de cerca la biografía de alguien corriente. Pero en el primer capítulo, destinado a presentarnos a la joven Adèle (Adèle Exarchopoulos) y sus circunstancias, incluso lo que podría parecer prescindible nos retrata una realidad insultantemente parecida a la nuestra. Casi todo son primerísimos planos, y la cámara se recrea incluso en esas cenas con la televisión encendida en las que nadie dice una palabra salvo para pedir más comida. Secuencias largas, tan intrascendentes y reiterativas como el trayecto diario de una adolescente acudiendo al instituto, que nos resulta imposible rechazar porque muestran una verdad que alguna vez nos ha pertenecido. Todas habitamos esa cotidianidad despeinada, adormecida, sin maquillaje, plagada de horas muertas entre las que aguardamos a que surjan esos destellos que harán de la vida algo memorable: para Adèle, este estímulo vital procede de las ideas que le revelan sus profesores. Ideas que hablan del amor a primera vista, pero también de algo más profundo e inquietante, del vicio que habita de forma intrínseca en lo inevitable.

mirales.esPorque ¿qué es el amor, cuál es esa fuerza a la que nos vemos empujados y cuyo desenlace no parece en absoluto inofensivo? Adèle convive con esta duda, aunque también se ve obligada a habitar en la convención, representada en su grupo de amigas (de lo más vulgares, todo hay que decirlo) y en sus padres. Pero cuando Emma (Léa Seydoux) entra en su vida, parecen aunarse en torno a ella esas incógnitas que tanto habían inquietado a Adèle: sin apenas conocerla florecen en su interior sentimientos insospechados, que la condenan a un destino completamente ajeno a su control. Ante nuestros ojos (de una manera tan progresiva que nos resulta inevitablemente familiar) comienzan a sucederse todos los estratos del amor, desde los más tiernos a los más oscuros: desde la avidez por conocer incluso los detalles más insignificantes del carácter del otro hasta la pasión más autodevorante. Esa clase de pasión que no halla consuelo en lo meramente físico, sino que trasciende el deseo convencional para convertirse en algo más crudo e insaciable. Esa clase de pasión casi violenta del que pretende expiar su propio dolor en el otro: a pesar de poseer un sentido del humor bastante mordaz, Adèle muestra durante toda la película una especie de tristeza íntima, estrechamente relacionada con su incapacidad de asumirse a sí misma. A diferencia de Emma, que vive su sexualidad con plenitud, Adèle se arriesga a perder el mundo tal y como lo ha conocido si se aventura a estar con ella. De esta mezcla de confusión y terror sólo puede salir algo nefasto y, de hecho, las cosas pronto empezarán a truncarse, apareciendo incluso la sombra de los celos y de la infidelidad.

mirales.esLa película no es gratificante y desde luego no se presta a generar esa clase de sensaciones artificiales que el cine fabrica para nosotros. Se suele decir que los espectadores acuden a las salas para desconectar de la vida pero si vais a ver esta cinta conseguiréis absolutamente lo contrario: documentaros sobre la autenticidad de la existencia, veros reflejadas en ella e incluso revivir capítulos de vuestra propia vida. Porque sin duda la vida de Adèle y de Emma es también la de muchas de nosotras.

                                                                                                                       Inma Miralles




There are 41 comments

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  1. IRIS

    Hasta que no la vea no leeré el artículo completo, ya que más que una crítica o reflexión… no sé veo mucho spoiler jajaja

    Pero está bien redactado lo que he leído, cuando vea el film me volveré a pasar, porque ya tengo ganas de verla ^^

  2. Elena

    Anoche la vi y sigo pensando en la peli. Me llego por la dosis de realidad y las inseguridades y ternura de Adele,no importa donde se haya rodado, es una realidad universal.

  3. Ana

    Pues yo siento decir que me aburrió mucho. No sé si el problema fue entrar al cine sin saber que duraba 3 horas y sin haber cenado (se pasan la película comiendo), pero de la segunda hora hasta el final estaba deseando que terminara (la vi en VO)

  4. Elena

    Lo importante es que se hable de la pelicula, “normalizando el lesbianismo y la bisexualidad”. Te guste mucho o te aburra como a una “ostra”. 😉 que no deje indiferente a nadie creo que es la intención de las producturas

  5. Sara

    No hubiese encontrado una descripcion tan perfecta de lo que sentí viendola.. Encantada, lleva una semana rondandome la cabeza. Adele espectacular.

  6. Dunia

    A mi me deufradó…quizás porque esperaba demasiado…no es la obra de arte que esperaba…después de leer tantas alabanzas…me pareció una peli normal…que se podría haber cotnado en menos tiempo…aunque la interpretación de la actriz que hace de Adele es impecable…y tiene cosas buenas pero no la veo tan espectacular…me quedo con “Habitación en Roma” por ejemplo… 🙂

  7. Ester

    Me encantó! Sobretodo el modo de expresar los sentimientos que tiene Adele. Una realidad universal como he leído por aquí. Sólo tiene un pero…. Demasiado larga para mi gusto. La misma historia en dos horas habría bastado.
    Las protagonistas lo bordan.

  8. Cristina

    escenas de sexo demasiado explicitas, a veces parece que estas viendo una peli porno. para mi gusto, demasiado lenta, las 3 h k dura se convierten en 5

  9. Cris

    Increíble! es LA PELÍCULA con mayúsculas!! Creo sinceramente que marcará un antes y un después en la historia del cine. He leído y oído muchas críticas y muchas mujeres (María Guerra de La Script en la SER, programa del que soy fan) califican las escenas de sexo como poco reales, aludiendo que una joven inexperta de 17 años no puede tener 8 orgasmos. Y creo que esto se debe al desconocimiento porque la visión que se tiene del sexo lésbico bebe directamente del porno para hombres y del ideario colectivo (que lo refleja como una relación llena de ternura y de pasión). Por todo esto me parece una película revolucionaria y educativa. Por cierto! felicidades por el artículo.

  10. Maria

    Personalmente encantada de poder disfrutar de este trabajazo en forma de película. Muy buena descripción en vuestro artículo. Me parece muy documental, muy real, muy auténtica, y la actuación de Adele es increíble, no parece que estés viendo una actuación sino que sientes sus sentimientos. Observando sin el filtro de nuestros prejuicios es una realidad contada en película. Ni me enteré que había durado 3 horas si mi amiga no me lo dice. Disfruto mucho de los tiempos dedicados a situaciones cotidianas de la vida y mas tan bien representados y tan palpables las emociones.

    No es una obra maestra ni una pelicula para alucinar, desde luego que a todo se le puede poner pega. Para mí trabajazo de reflejo de realidad, sin mas.

  11. anónima

    Película nefasta en todos los sentidos: carente de argumento, diálogos escasos y pésimos, personajes planos y a todo ello se le añade un regodeo harto innecesario en las escenas de sexo (tratadas, por cierto, con una frialdad morbosa execrable).Hay escenas costumbristas interesantes desde el punto de vista técnico (planos poco usuales, especialmente) pero eso no salva la poca fuerza de los personajes, que dan la falsa impresión de ser profundos precisamente por esos destellos de innovación técnica, pero que son tan mediocres que verdaderamente la película parece hecha para cualquier fin excepto el de la normalidad o visibilidad homosexual. A lo largo del film se dan pinceladas de temas interesantes, pero la poca profundidad con que se tratan provoca una especie de dispersión argumental que ralentiza una película ya de por sí morosa y, además, mala. Es recomendable verla para todo aquel o aquella interesado/a en cómo no debe ser nunca una película. La vida de Adele es, en definitiva, una pretendida intelectualización de lo mediocre con visos de tragedia humana que se queda en un montón de escenas sueltas e inconexas que hacen perder a los espectadores más de tres horas de vida.

  12. Srta. Rotenmeier

    Pues a mí me gustó y no me gustó a la vez. Me explico: es cierto que la interpretación de la que hace de Adele es portentosa, como hace tiempo que no veía -yo soy ya de las talluditas- (no pienso lo mismo de Lea Seydoux, una actriz que, como la Scarlett Johansson, no logra transmitirme gran cosa), y tiene eso que criticos/as sesudos/as llaman “fisicidad”, tanto en las escenas más emocionales como las de actividades cotidianas como las comidas y es que parece realmente que están zampando con hambre de verdad, cosa que, curiosamente, siempre falla en el cine. Me gustaron mucho también las escenas que se desarrollan entre multitudes (así, cuando Adele se mueve por la discoteca gay me parece de lo mejor)y muchos diálogos resultan de verdad naturales pero, ay, también estoy bastante de acuerdo con algunos puntos de la opinión anónima del 5 de noviembre y es que, pese al montón de horas que dura, creo que se recrea demasiado en una serie de cosas (y ni siquiera considero aquí las tan traídas y llevadas escenas de sexo explícito)y, por el contrario, olvida otras que sí que darían de verdad la medida de los personajes y que en el cómic sí que aparecen (este sí, un prodigio de síntesis). Así, no entiendo cómo pueden desaparecer de buenas a primeras los padres de Adele, o lo poco que se trata la evolución a lo largo del tiempo de la relación de la pareja y hace que resulte bastante incomprensible uno de los giros del guión (ATENCIÓN, SPOILER)como la ruptura entre las dos (FIN DEL SPOILER)y lo que está claro es que tiempo ha tenido de sobra para explicarlo ;). Personalmente, soy de las que opina que menos es más, y que el hecho de hacer una película superlarga no garantiza en absoluto que se vaya a dejar todo bien concretad.

  13. Paula

    Sinceramente, para que se hagan películas lésbicas como ésta prefiero que no se haga ninguna… porque mucho decir que visibilizan y normalizan pero parece que nadie ve que en realidad estamos en lo de siempre: las relaciones entre mujeres se convierten en objetos de morbo masculino y en escenitas degradantes de tetas y coños antes que en cualquier otra cosa, y eso es más un retroceso que un avance.
    Soy lesbiana y estoy muy harta de escuchar tantas alabanzas absurdas a esta película que no es más que el desahogo pornográfico de las obsesiones de un director déspota. Fui a verla ilusionadísima porque el cómic me había encantado y tenía las esperanzas de encontrarme con algo igual de bueno o quizá mejor, pero no puedo expresar mi sorpresa al encontrarme tamaña basura… Quince minutos de porno lésbico completamente gratuito e injustificado que ensucian el resto del metraje y actúan a modo de llamada de atención desesperada (así como llamada a la recaudación, a la audiencia y a la crítica masculina) para disculpar tres horas insustanciales, desaprovechadas y vacías, con lo que podía haber dado de sí una temática inicial tan fantástica. El director sólo se preocupó de rodar tijeras y cunnilingus, no hay rastro de la profundidad de la novela gráfica, de su estética cautivante, de su buen gusto, de su sensibilidad, de su despliegue en cuanto a temas y motivos… sólo sexo explícito, poses ridículas y morbo facilón para arrastrar a la gente a verla y convertirla en vouyers.
    Sin esas largas escenas de sexo la película habría ganado en dignidad y fuerza, precisamente es contraproducente a su causa este excesivo regodeo. En lugar de estas escenas (o de gran parte de ellas) se podría haber aprovechado metraje e incluir, por ejemplo, una escena de ataque homófobo de los que están tan tristemente vigentes en Francia u otros países europeos, eso sí contribuiría a una mayor sensibilización del público y no una escena como la de las tijeras con la que la película cae en el ridículo, se descalifica a sí misma y le da la razón a quienes afirman que es pornografía mostrada sólo con el propósito de excitar. ¿Cuál es la intención si no de regodearse de tal manera? ¿Si no vemos ocho orgasmos no entendemos la pasión entre ambas protagonistas? ¿O la “necesidad” de meter estos quince minutos de sexo salvaje era porque si no nadie aguantaría tres horas soporíferas viendo a una actriz con cara de empanada?
    Me pregunto cómo es posible que nadie (o muy pocos) vean lo que es en realidad esta película: una fantasía pornográfica de un director heterosexual, basándose en un juicio apriorístico de cómo follan dos lesbianas que no es más que su propio deseo puesto en imágenes (y además tiránicamente, en plan “vosotras tocaos hasta la extenuación que yo filmo mientras babeo). De haber sido dos hombres los protagonistas (o un hombre y una mujer), el director jamás se habría recreado así en una escena sexual entre ellos y la película no habría sido tan brillante para los críticos. Si la pareja hubiera sido heterosexual y si el sexo, aunque realista, hubiera sido tratado de manera más sutil, de esta película ni se habla. Y mucho menos se la premia. Pero claro, a los críticos heterosexuales les ha gustado mucho y por eso ganó Cannes…
    Por eso, lo que me escama de todo esto (aparte de que me es imposible simpatizar con un señor que ha hecho que sus actrices se sientan poco menos que abusadas…) es que el director ha reducido una historia compleja sobre el amor, la amistad, la intimidad… en una larguísima escena de sexo hecha desde el punto de vista de un observador masculino y heterosexual (qué sorpresa) que reduce a las lesbianas y a las mujeres en general en objetos hipersexualizados cuyas prácticas sexuales son y deben ser aquellas que despiertan los deseos de este público en particular. Como siempre, se reduce a las mujeres (lesbianas o no) a lo mismo. Objetos. Objetos con los que vender, comerciar, excitar… objetos masturbatorios y poco más.
    Esta película no hace ningún favor a la causa homosexual, más bien todo lo contrario.

    Si me extiendo tanto y me expreso con tanta vehemencia es porque quiero que mi punto de vista (que es el de muchas lesbianas también) ayude a entender por qué tanta indignación justificada con esta película, por eso insisto en dar explicaciones de lo que considero que es un enfado lógico (el que también siente la propia autora del cómic) y no una pura histeria “porque sí”.
    Recomiendo encarecidamente la lectura del cómic original para que cualquiera compruebe la diferencia por sí mismo en todo cuanto afirmo: claro que hay sexo, de hecho nadie niega la necesidad de que lo haya, pero está tratado de una manera completamente diferente: con buen gusto, sensibilidad y respeto. Son escenas estéticas y realistas, no tan facilonas, exageradas y burdas como en la película, donde la mirada masculina y casi onanista se delata por sí sola. La autora, Julie Maroh, también expresó su indignación al respecto. Conste, insisto, que en ningún momento se discute sobre no mostrar sexo en la película, de hecho es necesario y está justificado que se muestre, pero no ASÍ. El problema no es con el sexo explícito siempre que esté justificado y bien presentado. El problema es cuando se ha decidido mostrar una escena sexual larguísima con el único propósito de crear morbo gratuito y polémica para después querer tomar al espectador por tonto, hacerse el ingenuo y pretender venderlo como “arte”. Eso es lo indignante. Más que una relación sincera y realista entre dos mujeres parece una fantasía pornográfica bastante tópica (e incluso ridícula por determinadas posturas) de un hombre heterosexual.
    Tened por seguro que si Kechiche hubiera dirigido “Brokeback Mountain” o una historia de amor con dos hombres como protagonistas, ni de coña se habría recreado tanto. Es por este cúmulo de circunstancias por el que las lesbianas nos sentimos tan ofendidas: se nos reduce siempre a lo mismo, al mismo papel de objetos destinados a dar placer o morbo a la audiencia… Es curioso que las mayores alabanzas procedan, justamente, de hombres heterosexuales; las mujeres, heteros o lesbianas, la ponen bastante peor y son mucho más críticas. Será quizá porque la cosificación sexual de la mujer es algo tan enquistado en nuestra sociedad, en todos los ámbitos, lo tenemos tan admitido, que ni se permite darle la vuelta cuando alguien lo cuestiona (y entonces, de hacerlo, se nos tacha de histéricas, mojigatas o estrechas de mente, como si confundiéramos “abiertos de mente” con “necesidad de mostrar sexo explícito”) y, como siempre, se visibiliza a las lesbianas sólo para la consecución del placer masculino; se las muestra como objetos sexuales en la pantalla con la hipócrita excusa de que es necesario ver esas escenas pornográficas para entender la vida de la protagonista. Y así, la vida de Adèle se queda reducida a “La vida sexual de Adèle”. Una película fácil, vulgar, pornográfica, con todo lo que podía haber dado de sí (no se dedica apenas atención a la lucha interior de la protagonista, a los conflictos con sus padres y amigas ni la solución a los mismos, no se incide en la necesidad de una mayor visibilización y normalización, etc.)… Creo sinceramente que Kechiche no quiso desarrollar con la misma extensión y profundidad ningún otro tema más que el sexual, disfrazando tal cantidad exagerada de escenas pornográficas bajo tres horas de “cine” y “arte”. El director parece que sólo se dirige a un público específico para que alabe su obra. Podía haber hecho una verdadera maravilla, pero se dejó cegar por el recurso más fácil y explícito. Es verdaderamente una lástima.

  14. Emma Stark

    Estoy completamente de acuerdo con el anterior comentario de Paula. Yo creo que muchos tíos han visto la peli sólo buscando las escenas porno, es más, esas escenas ya aparecen insertadas desgraciadamente en muchas páginas porno de internet o incluso el vídeo entero de 10 minutos se puede encontrar fácilmente si se quiere ver porno lésbico… El cuadro del tipo que se excita viendo sexo entre dos mujeres es tan antiguo como el mundo, y “La vida de Adèle” no hace sino alimentar la fantasía de la que se nutren las películas porno de toda la vida. No entiendo con qué derecho este director se ha atrevido a utilizar a las lesbianas a través de una película que no es más que una apropiación machista, aprovechada y morbosa de
    nuestra sexualidad.
    En ningún momento digo que el sexo sobre en una película o que haya que taparlo. El sexo puede ser explícito y necesario en una película, claro que sí, pero cuando se muestra de manera tan morbosa, degenerada (con respecto al cómic) y vulgarizada como aquí pues sí, me sobra, porque ver unas tijeras de 10 minutos no creo que me aporte nada al resto del argumento, ni a mí ni a nadie, salvo mera excitación o morbo… eso es lo indignante, que en ellas el director está lejos de ser ingenuo o esteta al haberlas rodado, sino morboso. Nuestra indignación (mía y de muchas lesbianas, y que creo necesaria explicar para que no se tome como una mera pataleta ni un fanatismo militante) radica en el hecho de que la mirada de este director es bastante hipócrita, porque nos quiere vender unas escenas sexuales supuestamente filmadas con realismo, belleza y sensibilidad cuando lo que vemos es pura recreación pornográfica con fines comerciales. El sexo lésbico vende, y eso el director lo sabía y por eso lo ha explotado, por eso todas las justificaciones de estas escenas nos parecen cuentos y engaños. Prueba a sustituir a una de las chicas por un chico, a ver con qué te quedas… pues con una historia mediocre, vulgar y corriente, que no destaca por nada ni cuenta nada especial. Sin el morbo de las protagonistas lesbianas y sin esas escenas sexuales nadie habría hablado de esta película, cuyo guion es. además, bastante ingenuo y tópico.
    Nos ha costado mucho que a las lesbianas se nos respete (y aún nos sigue costando diariamente) para que nos tengamos que ver expuestas de este modo y se nos visibilice sólo para fomentar el mito erótico frente al público mayoritariamente masculino. Sinceramente creo que el día que veamos penes en pantalla con la misma frecuencia con que vemos coños y tetas podremos empezar a hablar de igualdad… y hasta que no vea una película de este mismo director que se recree durante diez minutos en dos hombres gays practicando un “justificadísimo” y “bellísimo” sexo anal seguiré pensando que Kechiche es un vulgar onanista y sólo ha buscado plasmar su propia fantasía y la de muchos hombres.

  15. Inma M

    Hola chicas, antes que nada quiero agradecer vuestros comentarios. Exponen una opinión absolutamente legítima y compartida por muchas de nosotras, e igual que en este artículo hemos hecho eco de las alabanzas también es justo hacerlo de las críticas. Desde el estreno de la película se ha debatido este tema en pequeños y grandes círculos, y yo personalmente he podido reunir tres grupos diferenciados de opinión: lesbianas a las que la película les ha encantado, sintiéndose perfectamente representadas; lesbianas sencillamente estupefactas, porque todos los ámbitos de la película (desde el sentimental al sexual) les suenan a chino; y lesbianas horrorizadas ante el éxito de la película, porque no solo no se sienten representadas sino que les parece una exposición abusiva y machista de nuestro amor. No sé cuál de las tres opiniones es la mayoritaria porque no he hecho ningún estudio sociológico, pero el caso es que las tres existen y a las tres hay que darles cabida. Yo creo que aquí, como todo en la vida, la cosa va de gustos. A mí (personalmente) la película me gustó bastante, tanto que lo primero que hice después de verla fue leer el cómic. Y es cierto que en la adaptación existen muchísimas diferencias, pero hay que tener en cuenta que el estilo de Kechiche ya era muy marcado antes de embarcarse en este proyecto: es decir, no es lo mismo que lo coja un autor apasionado milimétricamente por la historia que un autor que topa con un argumento con mucho potencial para adaptarlo a sus inquietudes artísticas. Es un director de cine, no un novelista. Y es además es de los que veneran la imagen muy por encima del guión. Si la adaptación hubiera estado a cargo de Clint Eastwood o de Ridley Scott (por poner ejemplos masculinos y no cambiar de perspectiva) estoy segura de que habría sido infinitamente más fiel, conservando intacta la temática más intelectual y profunda y con un guión espléndido. Pero este tío, Kechiche, es un costumbrista: se dedica a retratar lo cotidiano, no a profundizar. Se limita a esbozar los problemas que tiene Adele con asumir su homosexualidad y con la aceptación de sus amigas, y aprovecha el potencial estético de la historia: son interminables las escenas de sexo, pero también lo son las de comerse un plato de espaguetis o las de ir cada mañana al instituto. Obviamente nadie se va a escandalizar por ver a una cría mancharse la cara de tomate o de kebab durante quince minutos, pero el sexo ya es otro tema: y eso ya va de cómo lo vea cada una. De nuevo topamos con las lesbianas que se sienten perfectamente representadas en esa relación sexual, las que no dan crédito, y las que la juzgan como porno barato al servicio de los hombres. Mi opinión es que el cómic también tiene un alto contenido sexual (como toda historia de amor iniciática, aunque obviamente no ocupa quince páginas cada escena) y el director lo ha adaptado según sus inquietudes estilísticas, no personales: la guerra que se montó después entre las actrices (sobre todo Seydoux) y él ya es harina de otro costal, muy poco elegante y en muchos sentidos oportunista. Aunque tampoco soy quién para juzgarles.
    Un saludo!

    • Emma Stark

      Hola Inma, gracias por tu tiempo en responder, pero ya que hablas de costumbrismo sólo quiero añadir que a mí todo eso me suena a falacia y a disfraz ramplón para tratar de disimular el excesivo regodeo en las escenas sexuales, totalmente voyeristas e injustificadas. Leí un comentario muy gracioso que lo explica mejor en clave de humor, aquí lo copio (la autora es Talía666, para que no se ofenda por el copia/pega):

      La cosa pudo suceder así:

      Una habitación con vistas. La cámara gira hacia el interior y se ve a un tío en la cama.

      Es Abdellatif Kechiche tocándose la polla y hablando por teléfono con su mejor amigo y consejero espiritual.

      – Tío, no paro de pensar en tías en bolas, en plan rollo bollo.

      – Pues nada, móntatelo a lo Medem: haz una peli que vaya de bollos, y que estén bien buenas. Y de paso que te pajilleas tú se pajillea media humanidad, que el rollo bollo tiene mucho público.

      – Ya, pero si hago lo que estoy pensando va a parecer que hago porno. Y yo tengo un nivel, tío.

      – No hay problema. Haz que hablen de vez en cuando y que digan cosas poéticas. Tú eres Kechiche, no haces porno, haces poesía.

      – Ya, pero sólo con eso no va a colar. Pienso tenerlas un montón de rato en bolas, necesito algo más.

      – Bueno, puedes alargar la película indefinidamente con muchos primeros planos, así por mucho tiempo que las tengas en pelotas siempre podrás decir que también les sacas la cara de vez en cuando. Un primer plano de los mocos mientras la protagonista llora puede ser la hostia.

      – Y eso para qué?

      – Para nada; eres Kechiche, un poeta, un artista de la imagen, un creador. No tienes que dar explicaciones. La gente se preguntará el porqué de cada plano y harán sesudos análisis y se olvidarán de lo de las tías en bolas.

      – Jo, tío, eres un crack. Me has salvado la vida. Mira que estaba como el pico una plancha con el tema éste.

      – Pos nada, haz la peli. Oye, y de paso me haces un favor. Conozco a una nena que está buenísima, la jodida se llama Exarchopoulos, toma ya, Adèle de nombre. He intentado tirármela de todas las maneras posibles, pero nada, no consiente la hijaputa. Como tiene ínfulas de actriz, si la contratas por lo menos la podré ver en pelotas y pegarme un meneíllo. Qué me dices, chaval?

      – Hostia, tío, eres el puto amo. Y ahora que lo pienso, me gusta el nombre de tu nena. Voy a titular la peli en su honor “La vida de “Adèle”.

      – Ah, pues de puta madre. Un gran detallazo por tu parte. Oye, no estarás intentando tirártela, no? No te lo perdonaría en la vida. Pero bueno, si te la tiras luego me la pasas… y pelillos a la mar. Qué dices, hace el apaño?

      Y así fue como el bueno de Abdellatif, con el fin único y exclusivo de echarse unas pajillas, nos la metió doblada y ganó la Palma de Oro en Cannes, además de un montón de aclamaciones de críticos que han sabido muy bien justificarle.

  16. Inma M

    Jajajaja! Hay que reconocer que el chiste es buenísimo 
    Pero reitero lo de la diversidad de opiniones. Por ejemplo, en mi grupo de amigas (y no tenemos precisamente quince años) todas piensan que las escenas de sexo son perfectamente realistas. He hablado con otras chicas que piensan lo mismo que tú, y con otras que dicen que ellas no han hecho nada de eso en la vida. Si es que el tema sexual es lo más personal que existe, y nadie se va a poner de acuerdo nunca! Pero mira, puestos a que esta es la primera vez que se retrata una relación sexual lésbica de manera tan explícita en el cine, yo prefiero que se pasen un poco a que se queden cortos. Porque con todos esos encuentros coreografiados y musicales de otras películas lésbicas, al final todavía hay quien piensa que el sexo entre mujeres es una caricia por aquí y un violín por allá. Como decía otra lectora en un comentario anterior, hay que reeducar a los q piensan que solo es una cuestión d ternura o que no es sexo propiamente dicho: históricamente hemos tenido muchos problemas con esto. Así que mejor “hipersexualizar” las relaciones entre mujeres que no sexualizarlas en absoluto. En mi opinión, esta “hipersexualización” no tiene por qué ir dirigida a un público masculino: reducirlo a esto es limitarse a la evidencia cultural, o más que a la evidencia incluso al prejuicio. Porque aunque todas lo admitiéramos como pornográfico, ¿por qué dicha pornografía (al fin y al cabo de trata de sexo entre mujeres) tendría que ir dirigida a los ojos de los hombres y no a los nuestros? Yo en ningún momento me sentí ofendida, ni pensé que al compañero que tenía en la butaca de al lado le estuviera haciendo más “gracia” la peli que a mí. Más bien todo lo contrario.
    Un saludo y muchas gracias por comentar!

  17. Karma

    Esta es la película más machista que he visto en mi vida… Además de ser un bodrio de película, aburridísima, interminable, deshilvanada y absurda, tiene la desfachatez de frivolizar hasta extremos increíbles con las relaciones homosexuales entre mujeres. Toda ella me parece una predecible y tópica fantasía masculina además de perversa, tanto ella como sus intenciones, porque me parece repugnante cómo se abusó de estas dos actrices jóvenes por parte de un director ávido de morbo. Creo que no hacía ninguna falta mostrar tantísimo sexo y que si se hizo así fue únicamente para buscar polémica y audiencia, que se cargaron una novela original extraordinaria en función solo de la búsqueda de esta fantasía masculina heterosexual, que si hubieran sido dos hombres los protagonistas no habrían ido tan lejos las escenas de cama y tampoco la película habría sido tan alabada ni tan premiada y que de hecho si fue así fue porque los críticos (hombres heterosexuales, recordemos, en su mayoría) la valoraron más con los genitales que con el cerebro, ya que objetivamente es una historia bastante mediocre que no aporta nada.
    Sobre ella se ha discutido mucho sobre que si no es pornográfica, que si las escenas sexuales son gratuitas o no, que la historia original fue escrita por una mujer lesbiana y un hombre heterosexual se ha encargado de degradarla (cosa en la que estoy de acuerdo), que si en realidad está mostrando la realidad de cualquier relación, no sólo homosexual, blablablá. Pues que nadie se lleve a engaño, puesto que como suele decirse, “la respuesta más obvia es siempre la correcta”: la película puede parecer pornográfica y tener escenas gratuitamente morbosas, pero ES realmente una película pornográfica y gratuitamente morbosa.

  18. Espanto

    Estoy en general de acuerdo en todo lo que plantean las lesbianas indignadas con esta película y también me rebelo contra la hipocresía y la imbecilidad de los críticos y festivales correspondientes. El sexo en el cine me parece un tema de lo más interesante porque muchas veces actúa como un reclamo morboso en si mismo que se desconecta del relato en el que está inserto. Desde luego la película que nos ocupa es un ejemplo claro de este efecto, y entiendo por ello la ira que ha provocado.

    La cuestión es: ¿es lícito mostrar sexo actuado en un relato? Yo pienso que sí, claro. Pero también es cierto que el carácter claramente perturbador de la visión de personas, aunque sea fingido, practicando sexo muchas veces no complementa la narración sino que ejerce como elemento distorsionante. Y, por supuesto, en “La vida de Adele” esto está llevado al extremo porque realmente las actrices están representando su sexo de una forma tan expícita que cuesta trabajo decantarse por si es sexo fingido o real. Para un espectador masculino heterosexual este momento claramente se desconecta del relato porque la excitación de ver esta fantasía es lo único que importa en ese momento. Y es normal que sea así. Lo lamentable es que el director y los críticos alabadores sean tan cínicos e hipócritas para hacer pasar este elemento determinante de la película como un hermoso complemento y no como un reclamo morboso, y por ende, comercial.

    Si quiero ver sexo, veo porno. Pero no me vendas cine con algo demasiado parecido al porno porque somos todos mayores y me estás tomando por tonto.

  19. Contra La vida de Adèle

    ¿Por qué tantas lesbianas estamos en contra de esta película? Aquí enumeramos las razones:
    – Fomenta tópicos machistas y morbo gratuito.
    – Vulgariza impunemente la maravillosa obra original, ‪#‎Elazuleselcolormascalido‬, de ‪#‎JulieMaroh‬, y la sexualiza convirtiéndola en basura.
    – Reduce la imagen de las lesbianas a mera pornografía para hombres y la relación entre ellas a una frívola fantasía machista.
    – Cosifica y explota a las actrices, ‪#‎LeaSeydoux‬ y ‪#‎AdeleExarchopoulos‬, para hacer de ellas simples objetos masturbatorios.
    – Ningunea todos los temas profundos del cómic original, así como su buen gusto y sensibilidad, sacrificando su importancia para centrarse únicamente en la explicitud de unas larguísimas escenas sexuales totalmente innecesarias para la trama.
    – Intenta convencer al espectador de que estas escenas son imprescindibles para entender la vida de la protagonista, y en cambio no se regodea ni la décima parte con las escenas de cama heterosexuales (también supuestamente importantes para entender la vida de la protagonista y su evolución).
    – Convierte la visibilización y normalización lésbica en puro morbo para voyeurs y pajilleros.
    – ‪#‎AbdelatifKechiche‬ demuestra una total falta de respeto hacia la idea original concebida por la autora.
    – Es una película mediocre premiada y alabada injustamente sólo por su reclamo sexual, sin el cual la historia no destaca por nada y habría pasado completamente desapercibida.
    – Es ofensiva para las lesbianas, utilizadas una vez más para lo mismo de siempre: la consecución del placer masculino.
    – Toma por idiota al espectador queriendo venderle una supuesta gran historia de amor que no es más que vulgar pornografía.
    – Desaprovecha un fantástico material original y lo que podía haber sido una valiosa y memorable obra de referencia queda reducida al reclamo fácil y comercial.
    – Todo lo anterior se corrobora también con las eróticas fotos promocionales y la sexualizada campaña de publicidad.


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