
17.520 horas, 730 días, 24 meses, 2 años. A las doce en punto de la madrugada del 1 de septiembre (Horario GMT +1) MíraLES ha cumplido dos años.
Y por eso quiero empezar mi vigésimo cuarto Prisma soplando las dos velitas de la tarta de frambuesa de esta niña virtual. Una niña a la que casi todos conocéis y queréis tanto como quienes cuidamos de ella día a día. Una niña que cada mes (cada día, cada hora) se gana alguna amiga más o conquista a un nuevo “tito” que se preocupa por ella.
Yo tuve el privilegio de contribuir a su concepción un día de finales de junio de 2009. La ilusión chilena de una soñadora incorregible cristalizó en Chueca, durante las fiestas del Orgullo. Un entorno más que propicio para que germinara su iniciativa. Los meses siguientes nos dedicamos a pulir el basto cristal; y después de superar los trámites de su bautismo, rompimos aguas en septiembre. El primer MíraLES vio la luz y vuestros ojos contemplaron nuestra creación. Ojos condescendientes con los errores y hábiles para apreciar el sudor, las lágrimas, la “sangre” y, sobre todo, el cariño que arropa cada una de las palabras que brotan en el lenguaje HTML de vuestra revista on-line.

Y desde entonces, mes a mes, superando contratiempos económicos, conflictos personales inevitables, situaciones imprevistas y otras causas de fuerza mayor (o menor), las lesbianas que se aman en español tienen un rinconcito de referencia en el que entretenerse durante unas horas, descubrir algún dato de interés, leer alguna cita interesante, aquilatar algunas de sus decisiones o simplemente expresar su disconformidad. Y no sólo las lesbianas, ya que MíraLES está abierto a gays, bisexuales, transexuales, queer o heterosexuales (sirva como ejemplo quien esto firma).
Mes a mes nos esforzamos por que cualquiera que acerque su dirección IP a nuestra plataforma se sienta acogido. Al igual que cambiamos las sábanas de una cama para que un invitado se sepa bien recibido, nosotros evitamos críticas improductivas, comentarios mordaces o reflexiones ofensivas para que cualquier par de ojos curiosos sepa que éste es su hogar. Y nadie se sienta discriminado o en desigualdad.
Y es un trabajo gratificante. Una tarea agradable cuya mayor satisfacción es darse cuenta de que el logotipo de MíraLES es conocido y reconocido en el ámbito homosexual y feminista. Un reconocimiento creciente por el que esta “cumpleañera” se siente tan orgullosa como agradecida.
17.520 horas, 730 días, 24 meses, 2 años. Dos años en combate permanente a favor de la visibilidad lésbica y la igualdad de la mujer en general.

Una lesbiana es una mujer en un mundo escrito por varones para varones. Un elemento secundario en un entorno en el que no es tomada en serio. Tradicionalmente los varones son consumidores y las mujeres son productos de consumo. Los varones gastan más y a ellos (nosotros) se les ofrenda esa criatura llamada “mujer objeto”. Los varones acaparan el poder y ellas deben (debemos) someternos a sus concesiones. ¿Por qué pedir aquello que nos corresponde por justicia? ¿Por qué tiene que sernos concedido y no donado o regalado para enmendar un borrón histórico?
Incluso en la represión religiosa de la homosexualidad hay diferencia. La masculina se ataca con pasión y dureza. La femenina... ¿existe acaso tal aberración? El lesbianismo fue ignorado por el poder eclesial durante muchos siglos. Es más, ni siquiera en nuestro milenio se combate con la misma fuerza. En parte porque la mujer está en un segundo nivel y en parte porque su solución es más sencilla. La vuelta al redil de la heterosexualidad normativa es más fácil si la “perdida” es una mujer.
Hasta en la concepción tradicional del matrimonio se aprecia un contraste injusto. Los devaneos masculinos con otras mujeres no eran tan mal vistos como un escarceo femenino. La esposa infiel era una pérfida, una adúltera, una indigna. Y el esposo no era más que un hombre que “echaba una cana al aire”, alguien con unas necesidades que había de satisfacer fuera del hogar conyugal. La mujer era, por tanto, considerada responsable de la conducta “infiel” de su marido. En estos asuntos ella siempre era verdugo, nunca víctima.
Y qué decir del maltrato o violencia de género física o psicológica. Comportamientos machistas y conductas reprobables se aceptaron como “normales” tanto por marginadores como por marginadas. Y por casi todos los demás también. Por los miembros ciegos de sociedades que ignoran y desprecian a la mujer hasta tal punto que no dan importancia a lo que se les haga. “Si recibe eso, será porque lo merezca” (sic.).
Una buena muestra de cómo todos podemos contaminarnos y blindar nuestros corazones frente a unos principios injustos y unos actos despreciables.

Y a esa marginación social en el terreno lésbico le podríamos añadir los prejuicios internos y la discriminación intestina de los colectivos. Un desprecio intra-grupal que si bien se ha erradicado en gran medida, aún persiste en ciertos núcleos. Un homo-machismo que, en cualquier caso, fue un desprecio histórico innegable.
17.520 horas, 730 días, 24 meses, 2 años. Dos años revelando un mundo desconocido para muchos homosexuales jóvenes y mayores.
Durante más de 50 años las mujeres estuvieron totalmente marginadas. Las dictaduras de Primo de Rivera (1923-1930) y Franco (1939-1975) fueron etapas poco propicias al desarrollo de la mujer. El único resquicio de libertad para algunas mujeres (no para todas) fue el quinquenio (1931-36) de la Segunda República. Con la reinstauración monárquica y el advenimiento de la democracia, las mujeres empezaron a contar en la sociedad española. Dejaron de tener una representación social inferior. Y en esta sociedad las lesbianas tuvieron que luchar primero por sus derechos como mujer. Y sólo después pudieron hacerlo por su orientación. Debieron moverse como feministas y luego como activistas lesbianas. Las obligaron a contestar una pregunta sin respuesta: ¿Primero soy mujer y después lesbiana, o al revés? La unidad indisoluble tuvo que desgajarse entonces para que décadas después un medio de comunicación como éste pueda existir sin ser prohibido, reprimido o condenado.

Ese medio siglo de represión social, marginación familiar y condena moral encerró en el armario a miles de mujeres. Mujeres que hoy tienen más de 60 años, las generaciones de “lesbianas mayores”. Lesbianas que en muy pocos casos asumen su situación con naturalidad. Lesbianas que morirán sin haber conocido la ternura de un abrazo o la satisfacción de regresar a casa y contemplar la sonrisa acogedora de su esposa. Mujeres que aún tienen miedo o sienten pereza para descubrirse ahora, después de tanto tiempo ocultándose a sí mismas. Mujeres que en muchos casos no disponen de la ayuda de la “gente joven” que se ha despreocupado de ellas. Mujeres olvidadas a las que me gustaría manifestar mi apoyo y recordar en este mes de celebración. Mujeres tan lesbianas como cualquiera de nosotras independientemente de su edad, su cultura, su profesión, sus virtudes, sus aficiones o su nivel formativo.
Siendo tópico, escribiré: “Mucho se ha avanzado, pero aún no es suficiente”. Basta con pensar en la situación de las mujeres transgénero, la imprescindible consolidación de derechos, la igualdad en derechos, deberes y obligaciones; la abolición de las conductas machistas; la igualdad en formación y educación; el análisis de los problemas de identidad; la integración de esos homosexuales mayores... y otras muchas injusticias que deberemos combatir en el futuro.
Un futuro en el que esta niña MíraLES se sumergirá en los océanos de las redes sociales con un submarino renovado.

17.520 horas, 730 días, 24 meses, 2 años. Dos años, un periodo que da salida a una aventura como el Pórtico del Destino nos invita a vivir. Dos años que se abren ante vuestros ojos como las flores de loto a la oscuridad de la noche.
Dos años alcanza MíraLES y muchos otros acontecimientos acompañan su cumpleaños. Efemérides importantes, porque nos recuerdan ese tiempo pretérito que estamos obligados a conocer. Importantes porque sólo mirando al pasado se descubren talentos y se cambia la paleta de colores de nuestro destino. Un pasado del que no deberíamos desvincularnos aunque nos parezca que agota nuestra energía pues si nos preguntamos: “¿Hay algo más aburrido que la historia del pasado?” una respuesta para recordar sería: “Quizá un futuro sin historia”.
El cumpleaños de nuestra pequeña lo celebraremos dentro de unos meses durante la que hemos bautizado como “Semana MíraLES”. Siete días con actividades para cualquier edad y casi cualquier interés a las que os invitamos con gran placer. Vuestra presencia es la única razón de su existencia.
No obstante aunque la celebración sea entonces, MíraLES merece que la felicitemos ya, desde las doce y un minuto de hoy, primer día de septiembre.

Una felicitación personal que envío a quienes son y están en la nave MíraLES. Y a quienes fueron y ya no están detrás pero continúan delante de esta revista. Y para quienes fueron y estuvieron pero ya ni siquiera están frente a la pantalla. A todos ellos felicidades porque todos fuimos, somos y seremos tutores de esta mágica niña revoltosa. Y como las normas de cortesía dictan que no puede haber tarjeta sin regalo, cerraré estas líneas con un pequeño detalle. La mejor manera de dar consiste en dar las gracias, reza el adagio. Por eso mi regalo y homenaje va a ser gratitud. Primero agradeciéndole al resto del equipo que convierta esta aventura en un viaje de fraternidad. Después dándole las gracias a nuestra directora por lo que ella sabe y por lo que ni siquiera alcanza a imaginar. Y por último, y precisamente por ello lo más importante, dándoos las gracias a todos vosotros. Gracias por leernos y por convertir a MíraLES en un referente conocido y reconocido. ¡¡¡Muchas felicidades!!! Y no sólo por este segundo año, felicidades por los muchos años que estoy seguro cumplirá.
Imágenes: Hilas y las ninfas de John William Waterhouse, La bella dama despiadada de Edward-Burne Jones, Encuentro de Abraham y Melquisedec de Peter Paul Rubens, Una fiesta con música de Arthur Hughes, Perseo y las ninfas de Jones y Retrato de Phyllis Waterlo de Waterhouse.
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¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.