¿Es la orientación del deseo un continuo o una dicotomía?

¡Hola un mes más a todas! Antes de nada, quería agradecer vuestro interés a quienes escribís comentarios a los artículos. Tanto quienes añadís ideas nuevas, como quienes diferís en vuestras opiniones, como quienes realizáis consultas o planteáis dudas aportáis mucho a SexuaLes. Aprovecho también para deciros que vuestras propuestas y consultas no caen en saco roto: resolveremos las dudas que planteáis en MíraLes Radio y trataremos de responder a vuestras peticiones en futuros artículos. Gracias una vez más.


Y siguiendo con la sexualidad y temas interesantes al respecto, este mes me gustaría proponeros una reflexión sobre la orientación del deseo. ¿Somos todas las personas bisexuales en origen (como dicen algunas corrientes teóricas) y la cultura nos limita? ¿Puede cambiar nuestra orientación del deseo a través del tiempo o es un compartimento estanco y para siempre? ¿Es la homosexualidad un error de cálculo de la madre naturaleza o sólo una opción más? Son muchas las preguntas por responder, abundante la información al respecto, pero escasas las posibilidades de encontrar una respuesta absoluta al hilo de la aún escasa investigación.

El modelo de orientación sexual tradicional nos muestra tres etiquetas que adjudicarnos según nuestros gustos: heterosexual, si nos sentimos atraídas por personas de distinto sexo al nuestro; homosexual, si sentimos atracción hacia personas de nuestro mismo sexo; y bisexual si la atracción se dirige a personas de ambos sexos, de forma indiferente. Además, este modelo incluye ciertas connotaciones que legitimizan unas orientaciones frente a otras. Así, una persona heterosexual es más “normal” que cualquier otra, o una persona bisexual parece estar todavía en una fase de confusión respecto a su orientación del deseo.

¿Es este el modelo que mejor se ajusta a la realidad de hombres y mujeres? Es evidente que no. Por ejemplo, qué pasa si una mujer se ha sentido atraída durante su vida por 98 hombres y 2 mujeres. ¿Podríamos decir que es bisexual? ¿O quizás heterosexual por redondeo al alza? Esto que parece una nimiedad es en realidad motivo de conflicto para muchísimas personas: hombres y mujeres que siempre se han “etiquetado” como homosexuales o heterosexuales de pronto un día descubren que sienten deseo hacia una compañera de trabajo o un desconocido que no encaja con esa etiqueta. Del mismo modo, chicos y chicas que desde la infancia dan por hecho su etiquetado como heterosexuales (al fin y al cabo nos educan para ello) y de pronto en la adolescencia se sienten atraídos o atraídas por personas de su mismo sexo. Las dificultades que supone esto en la vivencia de estas personas son evidentes.

Entonces, quizás deberíamos buscar un modelo diferente, que permita a las personas una mayor flexibilidad y libertad de sentir, de desear y de amar. Pero ¿existe ya otro con estas características? Desde la sexología se plantea un nuevo modelo sobre la orientación sexual, más dinámico y ajustable a diferentes realidades que el tradicional. Desde este modelo no son necesarias las etiquetas “homosexual”, “heterosexual” o “bisexual”. Simplemente contaríamos con un continuo, en el que hay dos polos: atracción hacia hombres y atracción hacia mujeres. Entre estos dos puntos podrían incluirse todas las personas, sea cual sea su sexo y sin necesidad de excluir aquellas realidades menos frecuentes en la sociedad actual. Así, una persona (hombre o mujer) que durante su vida sólo se ha sentido atraída por hombres, se encontraría en un extremo del continuo, mientras que otra persona que se haya sentido atraída mayoritariamente por mujeres, pero alguna vez por algún hombre, se colocaría muy cerquita del polo opuesto, pero sin llegar al extremo. Y así con cada una de las personas con quienes podamos hablar, desde la sinceridad, sobre sexualidad y orientación del deseo.

¿Te resulta familiar esta teoría? Alentado por la primera generación de sexólogos, con Havellock Ellis y otros importantes representantes, Alfred Kinsey, pionero en la investigación cuantitativa en sexualidad y autor de El informe Kinsey, fue el primero en estudiar a fondo esta cuestión a mediados del siglo XX. Kinsey investigó, entre otras muchas cuestiones, la orientación sexual de miles de hombres y mujeres en Estados Unidos a partir de una encuesta anónima, absolutamente confidencial y llevada a cabo por profesionales previamente capacitados. Los datos que encontró revolucionaron la tradicional mentalidad de la época, abriendo nuevas posibilidades de trabajo y rompiendo tabúes e ideas preconcebidas sin fundamento. Cuando este investigador preguntó a hombres y mujeres si a lo largo de su vida se habían sentido atraídos por más hombres, por mujeres o por ambos, encontró respuestas completamente alejadas de lo esperado por la conservadora sociedad de entonces.

Kinsey encontró que de la muestra de personas de todas las edades, niveles socioeconómicos y de ambos sexos, la mayoría de la población se situaba en los alrededores de ambos extremos, pero no exactamente en los mismos:


¿Qué significa exactamente este hallazgo de Kinsey?: ¿Somos todas y todos bisexuales? ¿Es algo casi obligatorio mantener relaciones eróticas con personas de ambos sexos? ¿Es posible que nos gusten personas que ni siquiera somos conscientes de que nos gustan? Es importante tener claras algunas cuestiones sobre el informe Kinsey para responder a estas preguntas. Cuando las personas que colaboraban con este investigador preguntaban sobre la orientación sexual en sus encuestas no sólo se referían a las relaciones eróticas que las personas encuestadas pudieran haber tenido; también incluían fantasías, deseos, sentimientos de atracción, etc. Seguramente si se hubieran referido sólo a prácticas los resultados hubieran sido menos sorprendentes en una época en la que no sólo había prohibiciones externas explícitas, sino también una fuerte autocensura. Otra cuestión importante es que ete modelo no invita a buscar la atracción hacia diferentes personas, ni tampoco a no hacerlo; simplemente legitima cada una de las emociones y deseos que las personas podamos sentir. Incluso aquellas personas que se sitúan más hacia el centro del continuo tienen cabida, puesto que, a pesar de no ser lo habitual, también está contemplado en el continuo. Que nos gusten hombres o mujeres es una tendencia bastante estable que nos caracteriza como seres sexuados, lo que no significa que haya personas en las que estas atracciones varíen en mayor o menor medida. Al fin y al cabo, características como los ojos azules, el pelo albino o la capacidad para escribir con ambas manos no son habituales, pero no por eso entendemos que sea algo negativo. Otra cuestión a tener en cuenta es la representatividad de la muestra de Kinsey: los datos sociológicos encontrados en Norteamérica pocas veces son extrapolables a la realidad de la población europea o española. Sin embargo, esta investigación ha sido reproducida posteriormente en nuestro país, en condiciones más modestas pero suficientemente validables, y se encontraron similares resultados.

En definitiva, existen modelos alternativos al que nos han contado, basados no sólo en lo tradicionalmente asumido, sino en investigaciones de calidad. ¿Imaginas lo que podría ocurrir con las futuras generaciones si escucharan hablar de este último modelo en lugar del clásico? Hay mucho por hacer, pero las pequeñas cosas ya cambian realidades.




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