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“Estoy embarazada del óvulo de mi novia”

“Han pasado meses desde esa mañana en que mi chica y yo nos despertamos ansiosas, íbamos a hacernos un test de embarazo. Ella estaba segura de que lo habíamos conseguido, yo no, yo tenía miedo, prefería decir en voz alta que seguro que no, pero que bueno, que no pasaba nada, que seguiríamos intentando.

Recuerdo como si fuera ayer el momento en que el test marcó las dos rayitas rosas. Lo habíamos conseguido. Fue la primera vez que lloré de felicidad en toda mi vida.

Lloré porque mi vida no había sido fácil. Me costó mucho asumir mi homosexualidad porque tengo una familia muy conservadora, me sentía culpable por “defraudar” a mi familia, intenté “ser normal”, tener novios, pero fui infeliz muchos años.

Cuando salí del armario y empecé a salir con chicas, las cosas no fueron fáciles, siempre escogía a la incorrecta. Hasta que Raquel y yo nos encontramos. Y todo fue fácil, todo fluyó, por fin empecé a vivir lo que sentía que me merecía.

Lloré porque no había sido fácil, pero también lloré por la maravillosa sensación de tener un niño dentro de mí, un niño que era mío y también era de Raquel. Porque mi embarazo era diferente al de mis hermanas y al de mis amigas, mi embarazo era con un óvulo que no había salido de mi cuerpo, había salido del de la mujer de la que estaba enamorada, mi chica, Raquel.

Raquel y yo nos casamos después de casi dos años de ser novias, y no fue una boda íntima y pequeña, no, fue un bodorrio, digno de una chica que lo pasó mucho tiempo mal escondiéndose y ahora quería gritar por todo lo alto lo orgullosa que estaba de ser quien era.

Al poco de casarnos empezamos a trabajar en secreto nuestro sueño, ser mamás. No quisimos contarlo ni a nuestras familias, para no sentir la presión de que te pregunten qué tal va.

En la clínica IVI nos contaron nuestras posibilidades, y el método ROPA fue la que más nos encajó. Decidimos que sería yo la que gestaría a nuestro hijo y que sería Raquel la que aportaría su óvulo.

Raquel se sometió a un procedimiento de estimulación hormonal y le sacaron los óvulos tal como hacen cuando vas a congelar o como cuando vas a hacer una fecundación in vitro, solo que en lugar de ponerle a ella el óvulo fecundado, me lo pusieron a mí. Todo fue rápido, indoloro, y con un trato exquisito.

Utilizamos semen de donante del mismo banco de semen de la clínica IVI, un donante que físicamente se pareciera a mí.

Además, aunque el óvulo es de Raquel, yo, al ser la gestante, influyo también genéticamente sobre nuestro hijo. Sin duda es como un sueño hecho realidad, un hijo que tenga algo de Raquel y de mí, sus mamis.

El embarazo ha ido bien, a pesar del profundo agotamiento y el sueño que tengo casi siempre. La noticia de la llegada de nuestro pequeño, absolutamente inesperada por nuestros familiares y amigos, ha sido como una bomba de alegría para todos.

Lo mejor la cara de los compañeros de trabajo de Raquel cada vez que les dice que va a ser mamá, todos le miran la tripa: “no se te nota nada”. Aún nos queda por avanzar, pero al menos vamos por buen camino”.




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