Eva Abril: “El miedo agarrota, paraliza y hace que seamos mucho menos libres”

Este mes nuestra revista tiene la oportunidad de robarle unos minutos a Eva Abril, única concejala de IU en el Ayuntamiento de Aranjuez, en donde trabajará duro por nuestros derechos desde la oposición. Estamos ante una firme apuesta por la visibilidad lésbica. Eva Abril es una docente comprometida con la visibilidad de la diversidad afectivo-sexual en el ámbito educativo. Abierta al diálogo, cálida, acogedora y dispuesta a aportar su propio grano de arena: así nos recibe Eva durante las horas que dura la entrevista.

1. Hola, Eva. Antes de comenzar, me gustaría que nos hablases un poco de ti para que nuestras lectoras rompan el hielo y se acerquen un poco a tu lado más humano, no tanto al personaje político.

Bueno, pues soy una chica normal de barrio, de Villaverde alto, en la zona sur de Madrid. Muy mala estudiante en la adolescencia, hasta que encontré lo que realmente me motivaba. En cuanto descubrí el mundo de las artes y del deporte, que han sido mis dos grandes hobbies y pasiones, comencé a estudiar. A excepción del fútbol (que detesto), me atraen todo tipo de deportes y me gusta practicarlos: el baloncesto, el snowboard, el ping-pong… Todos salvo el fútbol, con el que no puedo por una cuestión de ideología: no entiendo el mercado que hay alrededor de él, ni me cabe en la cabeza que se puedan perder tanto los valores.

¡Qué más contarte! Soy la mediana de una hermana tres años mayor y un hermano dos años menor. Ambos heterosexuales. Muy heterosexuales. ¡Jaja! Y que, por supuesto, me respetan mucho. Mis padres tienen un nivel de estudios medio y son personas a las que les gusta muchísimo leer y mantenerse informados a diario sobre la actualidad. Desde que nos tuvieron, tuvieron claro que nosotros debíamos mejorar, llegar más allá de donde ellos habían llegado. Y lo consiguieron. Mi hermana estudió arqueología; yo, Bellas Artes y mi hermano, FP.

Como verás, no te cuento nada espectacular: soy una persona, básicamente, muy normal.

Ella sigue insistiendo en que es una persona normal durante unos minutos más, pero yo les aseguro que, si bien lleva razón (¡qué duda cabe!), también es cierto que Eva desprende un carisma especial: digamos que sabe llegar a la gente y que a su lado una se siente como en casa.

2. Mi siguiente pregunta, Eva, es si has estado alguna vez dentro del armario. En caso afirmativo, me gustaría que nos contaras cómo y cuándo saliste, qué te empujó a hacerlo. En caso negativo, cuéntanos cómo has vivido tu homosexualidad desde que descubriste que eras lesbiana.

Pues no, nunca he estado dentro del armario. Yo creo que desde que nací me di cuenta de mi dualidad y lo viví como algo muy normal.

¿De tu dualidad?

Sí, de que me podía gustar perro, gato, espíritu santo y todo aquello que se moviese y por lo que pudiera sentir empatía. También es verdad que crecí con una vecina lesbiana que vivía al lado de nosotros con su pareja, así que, desde que tuve uso de razón no entendí las críticas que llovían hacia algo que había formado siempre parte de mi cotidianeidad.

3. ¿Y con respecto a ti misma? ¿Qué ocurre cuando te das cuentas de tu lesbianismo? Cuéntanos como lo viviste.

La primera vez que estuve con una chica fue después de haber vivido una relación heterosexual durante 10 años con un chico del que estuve enamorada. Es cierto que con él hablé muchas veces de chicas y de cómo a mí me podían gustar. En cuanto se acabó esta relación, tuve mi primera experiencia lésbica con una compañera de universidad. Yo ya era mayorcita y no me supuso ningún problema de aceptación. En cuanto se dio la ocasión lo hablé con mi familia, a cada uno por separado y en medio de conversaciones que iban surgiendo. O sea, que no fue algo estudiado ni premeditado. Yo ya sabía que lo que a mí me gustaba eran las mujeres, y a ellos no pareció sorprenderles mucho la noticia. Recuerdo, por ejemplo, que con mi madre fue un día en que la visité y estábamos en su casa ante una taza de café. Estábamos hablando de banalidades (no recuerdo sobre qué) y yo le comenté: “Yo tuve una relación con Fulanita”. A lo que ella me respondió: “Ah, ¿y crees que vas a volver a tener relación con un hombre?”. Le contesté que yo creía que no, porque no me llenaban ni me atraían como las mujeres. Ella, sin mayores dilemas, me dijo: “Ah, pues vale”. Y eso fue todo.

4. Quisiera hacerte una pregunta acerca de algo que me ha llamado la atención. He tenido la ocasión de ver una foto tuya de cuando eras adolescente y tenías un aspecto muy masculino, mientras que en la actualidad no es así en absoluto: ¿a qué se debió ese cambio tan radical?

(Risas). Verás, cuando salía con mi novio me sentía intimidada por él, por el mero hecho de ser un chico. A las mujeres, por lo general, se las tildaba de débiles. ¡Vamos, que imperaba el machismo! Mi reacción (por supuesto, en aquel momento no era consciente, pero ahora soy capaz de interpretarlo desde la distancia) fue adoptar un aspecto y una actitud masculina también, en un intento por aclarar que yo era igual a ellos y hacerme respetar. Fue curioso caer en la cuenta, con los años, de que cuando comencé a relacionarme sentimentalmente con mujeres, empezó a brotarme la feminidad que llevaba dentro (que nunca fue mucha ni poca, sino la que es) y me fui relajando hasta encontrar el equilibrio: mi equilibrio.

5. En los meses de marzo y junio, profesoras como Eva y la que suscribe tuvimos la gran suerte de poder realizar un curso del Ministerio de Educación organizado por CC.OO.: Transformarse para transformar. Ni el título ni el curso tienen desperdicio: ¡se lo aseguro! Allí tuve la suerte de conocer, entre otras, a Eva Abril. En el primer nivel (marzo) estaba en plena campaña electoral, con el bullicio y los nervios propios de un momento de esa índole. Allí descubrí que Eva no sólo era docente (como el resto de los presentes), sino, además, lesbiana y política. Me gustaría que nos contaras cómo llevas tu homosexualidad en el aula. ¿Alumnado y profesorado acogen con normalidad tu orientación sexual? ¿Podrías contarnos alguna anécdota positiva y otra negativa al respecto, y, en el caso de la negativa, cómo la has resuelto?

Lo cierto es que nunca he escondido mi orientación sexual, aunque sí es cierto que, desde que hice el curso Transformarse para transformar, he comenzado a verbalizarlo mucho más con el fin de visibilizarnos. A partir del momento en que dejé de utilizar eufemismos para referirme a mi novia en el centro en el que trabajo, empecé a darme cuenta de la invisibilidad que sufrimos los homosexuales. Supongo que si yo utilizaba palabras ambiguas, pues ellos hacían lo mismo; tal vez por respeto. Aunque mi homosexualidad es evidente porque se me nota (creo) y porque tampoco me corto un pelo a la hora de hablar de chicas con la misma naturalidad con que hablaría de chicos en caso de que fuera heterosexual.

En el aula, sin embargo, es diferente. A mis alumnos les respondo lo mismo que si fuese heterosexual, es decir, yo no entro en una relación tan personal con ellos, así como ellos tampoco la tienen conmigo. Desde luego, en la calle me expreso con naturalidad, así que fuera del instituto siempre tienen la oportunidad de saciar sus dudas: ¡es que son muy cotillas! Por supuesto, aquellos alumnos con los que sí mantengo una relación más cercana, obviamente han conocido mi orientación.

Como anécdota negativa podría contarte ésta: hubo un día en que me encontré a una profesora por los pasillos con una alumna alterada. Me acerqué para intentar mediar y la alumna me gritó: “¡Lesbiana!” Yo le dije: “¡Uy!” Y pensé: “Vaya, ¡qué fina!”. A la profesora que tenía yo al lado la miró también y le espetó: “¡Folladora!”. Y entonces yo ahí le dije: “Ah, no, ¡eso sí que no! Pero bueno, ¡cómo es eso! ¿A mí lesbiana y a ella folladora? ¿Y por qué no puedo ser yo lesbiana folladora? “. Tanto la profesora como la alumna me miraron un tanto descolocadas. Yo estaba muerta de risa por dentro, claro. Al menos, al cabo de un rato consiguió calmarse y la situación se distendió. En fin, ésta podría haber sido una anécdota negativa, pero al final acabó dándose la vuelta. Del resto, la verdad, no tengo ninguna experiencia negativa en lo que respecta a mi lesbianismo.

Anécdotas positivas, sin duda, son aquellas en que mis alumnos y alumnas se han acercado a mí sabiendo mi orientación sexual, se han sentido identificados conmigo y me han querido preguntar. La verdad es que esos casos me llenan de satisfacción y me hacen pensar que estamos en el buen camino y que muchas veces hacemos más con lo que somos que con lo que enseñamos.

6. Me consta que trabajas a menudo con tus alumn@s el tema de la diversidad afectivo-sexual: ¿qué actividades has puesto en práctica y cuál ha sido la que mejor resultado ha tenido?

Como profesora de dibujo, encargué a los alumnos que diseñaran una casa, un hogar o entorno familiar. Yo les daba el tipo de familia y así, dependiendo de qué familia les tocase, tenían que diseñar una casa que estuviera a la altura de sus necesidades. Había de todo: familias de lesbianas o gays con o sin hijos, familias heterosexuales con o sin niños, familias de lesbianas reestructuradas con niños, gay soltero con niños, viuda con niños, etc. Lo primero era mirar si la familia que les había tocado tenía descendencia o no, ya que, en caso de tenerla, debían crear una habitación para el peque. A partir de ahí, ¡fue muy divertido! Era curioso observar cómo salían a flote todos los estereotipos que hay montados. Por ejemplo, si se trataba de una pareja de lesbianas, en la casa no les faltaba la caja de herramientas con su respectivo taller en el que ellas pudieran hacer sus chapuzas. ¡Jaja! Luego, si la pareja era de gays, le diseñaban un gimnasio, una cocina enorme… Y la decoración, en ambos casos (lesbianas y gays) era mucho más cuidada. Relacionan lo gay con el arte, el diseño y el buen paladar. Por cierto, esta idea me la dio mi amigo Aitor Etxebarria, un profesor excepcional, gay y militante.

7. ¿Y había diferencia entre una casa de heterosexuales con hijos y otra de homosexuales con hijos?

Pues sí, había diferencia: la casa de heterosexuales era más parecida a lo que ellos aspiraban a tener. Digamos que era más realista, en líneas generales. La casa de homosexuales, sin embargo, tenía mucho más que ver con diseño, el lujo: coches deportivos, armarios grandísimos con espejos… Sin duda, un diseño mucho más preocupado por la estética, según mis alumnos. Ellos se creen que los homosexuales tenemos el gen del dinero, que estamos todos forrados y que llevamos un nivel de vida a todo tren.

8. Corren tiempos de crisis y la homofobia, por desgracia, aún está patente en nuestra cultura. El miedo al rechazo y a perder puestos de trabajo, responsabilidad y/o credibilidad está a la orden del día. ¿Conoces otras mujeres políticas que no se atrevan a dar el paso y que lleven su orientación sexual replegada al ámbito privado? ¿Qué opinión tienes al respecto?

Tengo la suerte de no conocerlas. Si conociera a alguna compañera de mi partido que fuera homosexual y lo llevase oculto, yo lo llevaría mal. Seguramente no está bien juzgar, pero es que, tratándose de un tema así, estoy completamente convencida de que el camino es primero visibilizar para luego normalizar. Sé que está el derecho a la intimidad, pero al ocultarnos tras ese derecho estamos haciéndonos mucho daño.

Mujeres lesbianas políticas dentro del armario no conozco. Al menos, no personalmente. Sí conozco, sin embargo, actrices y periodistas que son lesbianas y no lo dicen. Lo respeto, pero, simplemente, no lo entiendo. Lo que sí es una realidad es que hay muchos más gays que lesbianas que salen del armario. Aquí volvemos a lo mismo de siempre: a la diferencia entre hombres y mujeres. El otro día me comentó un profesor que soy la única concejala en España que ha dicho abiertamente en los medios que es lesbiana. ¡Pues fíjate! No habrá lesbianas y gays en otros partidos: ¡por supuesto que sí! Pero no se atreven. En mi partido no pasa eso, no hay presión alguna por ser lesbiana, heterosexual o gay. Está muy normalizado.

9. “Las lesbianas que se encuentran en las esferas de poder tienen una responsabilidad social inmensa. No sólo con todas aquellas mujeres, jóvenes y mayores, que no se atreven a salir del armario porque no conocen otras lesbianas, porque tienen miedo a ser rechazadas, sino que además tienen una responsabilidad con el resto de la sociedad, con normalizar las relaciones entre mujeres. La visibilidad de los personajes públicos contribuye a disminuir el miedo. En muchos casos la lesbofobia está motivada por la ignorancia y el desconocimiento”. Éstas son palabras de nuestra directora de la revista. El pasado 26 de abril (día de la visibilidad lésbica) reivindicamos desde MíraLES la falta de referentes en el mundo público en general. ¿Cómo has vivido tú el hecho de presentarte a unas elecciones municipales apostando de la forma en que lo has hecho por la visibilidad lésbica?

Las palabras de la directora vienen a decir lo que intentaba explicarte antes. La responsabilidad que nosotras tenemos como personas públicas es fundamental para normalizar “el ser lesbiana”. Lo he vivido con muchísima más normalidad de lo que hubiese podido pensar. Me llamaron de ALEAS IU y me dijeron que sabían cuál era mi orientación sexual (porque yo estoy en la ejecutiva de Mujeres de IU de la Comunidad de Madrid y, obviamente, allí todas mis compañeras me conocen e incluso conocen a mi pareja y saben quién es), y me preguntaron si no me importaba salir del armario en esta campaña electoral de cara a los ciudadanos. Les dije que no tenía ningún problema. Es lo que soy. Así como nací en el 74, tengo dos hermanos y soy de Villaverde alto, también soy lesbiana. Además, yo no quería que mi homosexualidad se convirtiese en un eje de campaña, así que me planteé que, para evitar morbo y especulaciones, lo mejor era decirlo, y centrarnos luego en lo que nos ocupaba.

10. Izquierda Unida apuesta una vez más por las políticas LGTB, con el objetivo de reforzar sus lazos con los movimientos sociales y reafirmar su histórico compromiso con la lucha de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales. ¿Podrías contarnos los puntos más novedosos o relevantes del programa electoral con respecto a ello?

No creo que “novedoso” sea la palabra. En cualquier caso, dada la situación que tenemos en la Comunidad de Madrid, con un partido represor en el poder que quiere invalidar el matrimonio entre homosexuales, la novedad será seguir en lo mínimo: en la visibilización pura y dura y en la firmeza a la hora de luchar por mantener los derechos que se han conseguido hasta el día de hoy. El PP sigue pensando en un modelo de familia absolutamente obsoleto en el que no existimos. Así que ahí estaremos, al pie del cañón.

11. Me gustaría cerrar esta entrevista deseándote muchísima suerte en esta nueva etapa de tu vida como concejala de IU en el Ayuntamiento de Aranjuez. Te cedo este espacio para que lances un mensaje a aquellas mujeres lesbianas que trabajan en la esfera pública y que no son capaces de cumplir con el compromiso social que moralmente deberían tener.

Mi mensaje se lo lanzaría, no como política, sino como ciudadana lesbiana. Y les pediría que no vivieran ocultas, porque necesitamos referentes. Nosotras, nuestras alumnas y nuestras hijas: necesitamos que se nos vea y se nos oiga para normalizar. Además, estoy convencida de que se van a sentir mucho mejor, porque se van a dar cuenta de que no pasa absolutamente na-da. Descubrirían que todos los miedos que tienen se les disiparían. Para empezar, la gente que realmente nos quiere ya sabe cómo somos y quiénes somos y nos protegería. Una vez se da el salto, se darían cuenta de que es mucho más fácil de lo que piensan y tomarían conciencia de la gran ayuda que pueden representar para muchas ciudadanas lesbianas.

Para mí, si hay algo por lo que realmente siento que ha merecido la pena visibilizar mi lesbianismo en las elecciones es precisamente porque he conseguido que mucha gente se identifique conmigo y se sienta mejor consigo misma. Sólo por esto vale la pena. Además, si estoy en política para realizar un servicio público, con este poquito ya se hace bastante.

Así pues, yo las animaría a ser valientes y a que tuvieran presente que el miedo agarrota, paraliza y hace que seamos mucho menos libres.

Le pregunto a Eva por su siguiente objetivo inmediato y su respuesta es clara: Hacerlo bien. Aprender a hacerlo bien. Y, sobre todo, ser accesible a todas y todos. Que sepan dónde me pueden encontrar. Me encantaría que, de la misma manera en que he sido accesible para mis alumnos en la Universidad y ahora en Secundaria, pueda serlo también para mis ciudadanos.

Muchísimas gracias, Eva, por dedicarnos tu tiempo y por haber sido tan cálida y cercana. ¡Y mucha suerte en tu nueva travesía!




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