Gisèle Freund: El rostro al desnudo

Francesa de origen alemán, pionera del fotoperiodismo, ojo psicoanalítico de las escritoras y escritores del París del siglo pasado. El objetivo de su cámara se convirtió muy pronto en una prolongación de sí misma y, a través de él, dedicó toda su vida a captar el alma de l@s artistas y personajes públicos.

El 19 de noviembre de 1908 nació una de las fotógrafas más importantes del siglo XX en el barrio berlinés de Schöneberg, en el seno de una acaudalada familia judía. Al concluir su primer bachillerato, el padre de Gisèle Freund le regaló una cámara Leica de reciente aparición en el mercado. Aquel regalo no meditado se convertiría de inmediato en su medio de comunicación y expresión. A partir de entonces, Gisèle Freund cargó su arma y comenzó a disparar muchos de los acontecimientos históricos que presenció. No tembló el pulso, por ejemplo, a la hora de denunciar las maniobras de Hitler antes de obtener la mayoría absoluta.

Estuvo comprometida políticamente con la dignidad de la mujer y con la del ser humano en general. Era reivindicativa, militante, comunista, revolucionaria, defensora de los más desfavorecidos. Figuraba en la lista negra del ejército nazi. Estuvo perseguida por la Gestapo y, más tarde, tachada de comunista por el gobierno de McCarthy.

Antes de la guerra, huyó a Francia y se instaló en la ciudad del amor, donde concluyó sus estudios de Sociología en la Sorbonne. Al estallar la II Guerra Mundial, se vio obligada a escapar nuevamente, ya que la Gestapo la había localizado. El destino esta vez la llevó a Argentina, donde trabajó en la revista Sur codo a codo con Victoria Ocampo, su fundadora.

La huida a Argentina supuso para Gisèle el comienzo de una larga travesía que duraría años y que la llevaría de vuelta a París. Pero antes de aterrizar de nuevo en la capital francesa, vivió de las colaboraciones con varias revistas americanas y europeas y de los reportajes que llevó a cabo en distintos países de Sur América (Chile, Bolivia, Brasil…).

Pero no nos desviemos del eje de su vida: la fotografía. Gisèle Freund fue la retratista por excelencia de la élite social europea. Inmortalizó a un gran número de escritores y artistas como André Malraux, José Ortega y Gasset, Diego Rivera, André Breton, Paul Valéry, Henri Matisse, entre otros; y a numerosas escritoras y artistas mujeres como Colette, Simone de Beauvoir, Frida Kahlo, Romaine Brooks, Andrienne Monnier… Componentes del famoso círculo literario de Bloomsbury como Virginia Woolf y Vita Sackville tuvieron la ocasión de posar para ella. El matrimonio compuesto por Juan Domingo Perón y Evita también se vieron atrapados por su cámara. Llegó incluso a retratar al mismísimo presidente de la República francesa, François Miterrand, de quien fue su retratista oficial.

En su libro “Fotografía como documento social”, presenta su pasión por el objetivo como canal de información y arte. La fotografía es su amante fiel, su arma para reivindicar y desvelar, incluso para desenmascarar. Suya es la frase “No sé porqué los seres humanos se cubren los genitales cuando el rostro es lo más desnudo que tenemos”. ¡Cuánta razón!

Pionera del fotoperiodismo y del uso de la fotografía en color. El primero le valió, no solo para velar por la dignidad de las mujeres y para denunciar las injusticias sociales, sino también para cuidar y apostar por unos derechos humanos que brillaban por su ausencia en aquella época.

Para Gisèle, la fotografía en sí misma era un instrumento para crear nuevas necesidades, moldear pensamientos y manipular voluntades, ya que iba, obviamente, mucho más allá de una simple copia de la naturaleza. Su libro La fotografía como documento social comienza con una reflexión muy interesante sobre el octavo arte y la sociedad: Cada momento histórico presencia el nacimiento de unos particulares modos de expresión artística, que corresponden al carácter político, a las maneras de pensar y a los gustos de la época. El gusto se forma en función de unas condiciones de vida muy definidas que caracterizan la estructura social en cada etapa de su evolución. (La fotografía como documento social, Gisèle Freund, Josep Elias, Editorial Gustavo Gili SL, Barcelona, 1993, pág. 7).

El corazón de nuestra fotógrafa tenía nombre de mujer: Adrienne Monnier, propietaria de la librería La maison des amis des livres, a quien conoció en 1935 y con quien se fue a vivir dos años después. Adrienne, que mantenía una relación de más de una década con su compañera – también librera – Sylvia Beach, decide escuchar a su corazón y comenzar una nueva vida al lado de Gisèle. Fue Adrienne quien le presentó a la mayoría de los intelectuales de la época, a quienes Gisèle inmortalizaría con su cámara.

Controvertida, entregada, activista, defensora, apasionada, psicoanalítica…todos estos calificativos podrían describir a quien fuera una de las más prestigiosas fotógrafas alemanas; una mujer que también puso su grano de arena en la lucha por los derechos LGTB. Su fotografía de Virginia Woolf, sin ir más lejos, fue expuesta en la National Portrait Gallery en una exposición dedicada a iconos gays.

El 30 de marzo de 2000, a la escalofriante edad de 91 años, el corazón de Gisèle, una de las mujeres más revolucionarias tras una cámara, sufrió un infarto y dejó de latir. Se encontraba en París, su ciudad adoptiva.

Más información:

www.giselefreund.comLa fotografía como documento social, Gisèle Freund, Josep Elias, Editorial Gustavo Gili SL, Barcelona, 1993. • El mundo y mi cámara, Gisèle Freund, Editorial Ariel, Barcelona, 2008.




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