Irene Polo: razón vs. corazón

Antoine de Saint-Exupéry podría haberse basado en ella para crear El Principito, ya que Irene se caracterizaba por una curiosidad innata que movía montañas y por un corazón justo, sano y enorme que sólo un niño, como el Principito, podría poseer.

En el año 1909 nace en Barcelona, no sólo una pionera del periodismo catalán, sino una de las mejores periodistas con que ha contado la historia española y un referente sobrecogedor para aquellos cronistas venideros.

Irene Polo fue una mujer con una personalidad fuera de lo común para la época: perseverante, firme y convencida de cuál era su misión en el mundo periodístico. Para llevar a cabo sus crónicas, no dudaba en adentrarse allí donde sus lectores la reclamaban a pesar de las críticas que ello le ocasionaba. En sus investigaciones se movía en todo tipo de ambientes: desde las altas esferas políticas hasta los sectores más marginados. Su debilidad eran aquellos asuntos sociales que resultaban una preocupación para la sociedad del momento. De esta manera, consciente de lo difícil que era para ella indagar y moverse en un mundo dirigido por hombres, Irene demostró ser una gran profesional y se mostró en todo momento comprometida socialmente. Investigaba sus casos con minuciosidad y no se rendía ante los obstáculos que pudieran presentarle aquellos colegas o personalidades a quienes no interesaba que sus crónicas (que en su mayoría suponían una denuncia social) vieran la luz.

La fascinaciò del periodisme es un libro editado sólo en catalán que recoge una antología de las crónicas que Irene Polo redactó desde el año 1930 al 1936 para la revista Imatges y para otros cinco periódiceos de gran éxito en aquellos tiempos: La Humanitat, La Rambla, L’Opinió, L’Instant y Última Hora. A lo largo de este libro descubrimos a una mujer  que no esquiva la polémica, con un humor irónico y abiertamente de izquierdas.

Con un estilo vivo y directo, Irene desarrolló un verdadero periodismo de calle. Necesitaba vivir en carne propia o experimentar con sus propios ojos lo que a posteriori plasmaría en un papel: de este modo conoció la isla de Ibiza y redactó su famosa serie de seis artículos titulada Postals d’Eivissa cuando apenas tenía 25 años y trabajaba para el diario catalán L’Instant, en 1935. En ellas nos acercamos a una Irene Polo tierna y poética. Sus postales se abren con la llegada del barco a la isla tras una travesía de 13 horas y, en ese comienzo, nos transmite su fascinación por Ibiza: “os quedáis alelados. No sabes qué ha pasado: si es que estás deslumbrado por el sol sobre las casas blancas o es que estás aturdido por el silencio”.

Cuando redactó estas postales ibicencas, la II Guerra Mundial se venía encima, sin embargo, su pluma no tembló al derramar con tinta su postura al respecto: “En Sant Antoni hay un caballero de nombre teutón, viajero inquieto y enigmático, propietario de una casa magnífica a la orilla del mar, que cuando llega a alguna reunión de alemanes, saluda con aquella mano muerta de Hitler”.

Irene Polo fue una mujer independiente, culta y autodidacta, extremadamente moderna para su época, con una personalidad fuerte, amante de la naturaleza y de los deportes propios de los hombres, especialmente en los tiempos que corrían. Practicaba el nudismo y frecuentaba la escuela de aviación, en donde aprendió a volar. Su aspecto iba acorde con su personalidad: le gustaba seguir la moda y usaba pantalones. Fue siempre visible: defendía la libertad sexual y no ocultaba su lesbianismo.

Sin embargo, un día el corazón se enfrentó a la razón. En 1936, su profesión le llevó a conocer a la actriz lorquiana Margarita Xirgu. Como dice Jeannette Winterson, “suerte es la habilidad para aprovechar los accidentes”: Ramón María del Valle-Inclán acababa de fallecer e Irene se presentó en casa de la actriz en Badalona con el fin de hablar del escritor gallego. A partir de ese día, periodista y actriz entablaron una amistad que cambiaría el rumbo de la vida de la primera. Irene le pide a Margarita Xirgu que la contrate como representante de su compañía de teatro, que estaba a punto de partir para Latinoamérica. Y así sucedió. Podríamos resaltar como curiosidad que, según palabras de Glòria Santa-María y Pilar Tur en la introducción del libro La fascinaciò del periodismo, Margarita contrató a Irene tras la negativa de Federico García Lorca, quien prefirió quedarse en aquél ambiente fascista y hostil que reinaba en España y que acabaría al poco tiempo con su vida. La plaza de éste la ocuparía Irene Polo y fue ésta la manera, por tanto, en que la periodista se embarcó en su periplo por América. De más está decir que su labor periodística fue menguando, ya que sus crónicas eran cada vez más esporádicas.

Del amor de Irene hacia la actriz se ha hablado mucho: hay quienes lo afirman y hay quienes no opinan. Permítanme creer, desde este lado de la historia, que “quienes callan, otorgan”; pues a quienes han leído e investigado a Irene Polo les cuesta creer que una mujer como ella pudiera abandonarlo todo (familia y carrera) por un motivo distinto al amor. Y no hablaríamos de una amor cualquiera, sino de ese amor pasional, intenso y arrasador que las más afortunadas han podido sentir al menos una vez en la vida.

La gira por América llegó a su fin y Margarita prescindió de Irene. La primera se fue a Chile y la segunda se reunión con su familia (madre y hermanas) en Argentina, ya que la Guerra Civil española le impidió regresar a Barcelona, su tierra natal. Unos aseguran que fue estrés; otros, que no soportó el hecho de no ser correspondida por la actriz lorquiana: los motivos nunca fueron esclarecidos. Lo cierto es que cuando el cuerpo tiene que soportar demasiado y no puede más, se cierra; y así fue cómo, el 3 de abril de 1942, Irene Polo decide quitarse la vida precipitándose desde una ventana en la ciudad de Buenos Aires. Tenía tan solo 33 años de edad. Sin ánimos e infeliz, la periodista catalana no supo lidiar con la depresión en la que se encontraba inmersa.

Dicen que hay personas que mueren sin haber terminado de nacer y, desde mi humilde opinión, me atrevo a afirmar que Irene Polo fue una de ellas: dentro de esta gran mujer había un mundo aún por compartir con todas nosotras.




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