Jane Bowles, ‘cabeza de gardenia’

Bisexual, extravagante, inquieta, heterodoxa, con una gran sensibilidad y capacidad para sorprender. Jane Bowles, fue una mujer diferente, con una vida aciaga y conmovedora. La escritora y dramaturga Jane Auer nació el 22 de febrero de 1917 en la ciudad de Nueva York en el seno de una familia judía. Pronto se trasladó a Suiza con su madre, quien tenía la esperanza de poner cura y remedio a la tuberculosis que su hija había adquirido en la rodilla derecha a tan corta edad.

Jane Bowles y Cherifa

Jane no regresó a su ciudad natal hasta la adolescencia, momento en el que tomó contacto con el círculo bohemio e intelectual de Greenwich Village. Fue en esta época cuando comenzó a dar rienda suelta a su orientación sexual y tuvo sus primeras experiencias homosexuales.

La caracterizaba una indumentaria muy masculina y físicamente no era considerada muy agraciada – opinión popular que pongo en tela de juicio, ya que proviene de unos cánones de belleza machistas y propios de la sociedad patriarcal de la época. ¿Quién no ve la feminidad en esta mujer?

El carácter de Jane era gris. Padecía de una gran inseguridad en sí misma y nunca pudo disfrutar del gran talento que poseía. Esta inseguridad se vio agraviada al casarse con el escritor de éxito Paul Bowles, de quien adoptó el apellido con el que firmaría sus obras. Sin embargo, los expertos de hoy en día opinan que la obra de Jane es más importante que la de su marido.

Paul Bowles era un hombre homosexual, y el de ellos fue un matrimonio por conveniencia, una tapadera. Llevaron un romance platónico y acordaron que cada uno compartiría su intimidad con quien quisiera.

Junto a Paul aumentaron sus complejos por ser mujer, así como su tendencia a anularse. Con una autoestima tan delicada, Jane tuvo dificultades para darse el valor que realmente tenía y para convencerse de lo buena escritora que era. Pero, afortunadamente, su talento era innato, y en 1943 consiguió publicar su primera novela, Dos damas muy serias, que trataba sobre la sexualidad femenina y sobre la búsqueda de independencia e individualidad de dos mujeres pertenecientes a mundos muy distintos en principio. La novela tuvo un gran impacto social y tanto su familia como su amante, Helvictia Perkins, le aconsejaron que no la publicara por temor a un posible escándalo, ya que consideraban que tratar el lesbianismo de una manera tan abierta y descarada podría traer serias consecuencias en la sociedad en que vivían. Aún así, Jane tuvo la valentía de no echarse atrás y de publicarla.

De izquierda a derecha Emilio Sánz de Soto, Pepe Cárleton, Truman Capote, Jane
y Paul Bowles, en Tánger a finales de los años cuarenta

En 1947, Paul y Jane viajan a Marruecos, en donde esta última conoce a quien fuera protagonista de su siguiente romance: Cherifa. Por aquellos años Jane atravesaba un momento difícil y andaba coqueteando con las drogas y el alcohol. Cherifa, mujer musulmana y lesbiana, permaneció a su lado y la cuidó, a pesar de que las malas lenguas dudaron de su amor por Jane y ponían en entredicho el motivo por el que permanecía a su lado.

Placeres sencillos es también una obra suya que recoge relatos y cuentos en los que la figura de la mujer en busca de sí misma está presente. Pero Jane Bowles no solo resaltó en la prosa: en 1953 se estrenó en Broadway su obra de teatro In the summer house, traducida al español como En la casa de verano o como En el cenador – título con que la ha publicado la editorial malagueña Alfama. En ella es fácil detectar la frustración y la angustia de una hija al no poder llevar la vida que desea al lado de su madre.

Jane era lesbiana y se casó por conveniencia con Paul. Siempre tuvo una relación muy complicada con su familia. Por eso, yo creo que aunque los dos personajes son una mezcla de ella, se acerca más a la hija, Molly, que siempre está leyendo en el cenador. La madre, Gertrude, es el reflejo de su familia. Siempre está encima de ella – declara al diario Público su traductor al español, Carlos Pranger.

Esta obra fue alabada también por Tennesse Williams y por Truman Capote, ambos amigos íntimos de Jane. Ella era una mujer fuerte, adelantada a sus tiempos, sumamente inteligente, humilde. Poseía un humor irónico y sarcástico desprovisto de tabúes por el que Truman Capote sentía verdadera admiración. Él fue una figura importante en su vida, hasta tal punto que en la tumba actual de Jane Bowles hay un epitafio que reza “Cabeza de gardenia”, como la llamaba su fiel amigo Truman.

Jane Bowles en Marruecos

En 1957, Jane sufrió una embolia cerebral que le dejó serias secuelas, entre ellas, la pérdida de visión. Su producción literaria, obviamente, se vio afectada. Comenzó un viaje sin retorno, como ella misma lo describiría. A partir de entonces, se produjeron una serie de vaivenes a clínicas y hospitales, en los que se trataría y permanecería ingresada por temporadas. En 1970 tuvo otro derrame del que no se repondría. Y en 1973 se apaga definitivamente su mente y su vida, con apenas 56 años, en una clínica malagueña.

Sus restos fueron enterrados en el cementerio de San Miguel de la misma ciudad en la que falleció. Jane Bowles Bowles fue enterrada en una parcela cualquiera del cementerio con una cruz de madera como único recuerdo, en una tumba sin nombre. Todo ello por expresa petición del marido. Sin embargo, en 1996 la escritora y dramaturga norteamericana tuvo la gran suerte de ser rescatada del olvido por una estudiante admiradora suya que decide darle a su memoria el tratamiento digno que en su opinión merecía. Conmovedora historia que nuestras lectoras pueden leer en este artículo de El País.




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