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Katherine Mansfield: La sexualidad es una opción personal

Katherine Mansfield fue la única escritora de la que Virginia Woolf se sintió en algún momento celosa y aunque dentro del círculo de Bloomsbury el talento artístico fluía permanente, en ningún caso la crítica ha celebrado tanto el arte como lo ha hecho en el caso de Mansfield. Si pudo en algún momento Virginia Woolf sentirse insegura de su talento para la escritura, en ese momento estaba leyendo un escrito de Katherine Mansfield. Muchas de las grandes literatas del siglo XX han subrayado su obra como una de las referencias fundamentales de sus vidas. 

Katherine Mansfield fue una mujer adelantada a su tiempo que a lo largo de su corta vida se rebeló, de forma muy personal, contra las conveniencias sociales. Haciendo gala siempre de un feminismo  muy temprano, la intensidad con la que escribió sobre sus experiencias a cerca de la vida cotidiana significó un nuevo sentido del concepto de intimidad, una categoría nueva para el hombre moderno en general y una válvula de escape para las mujeres de su tiempo en particular. Su personal concepción de la vida, según la cual los pequeños detalles y los  momentos privados se alzaban como fuentes de sentido también válidas, supuso una trasgresión del orden de género y una ampliación del espectro de las posibilidades reservadas para las mujeres, pues en su intimista forma de escribir, modificando el modo de percibir y valorar la vida cotidiana, transformó la forma de ver y vivir la realidad. Los diminutos detalles cotidianos, más propios del ambiente femenino y/o de lo privado, del hogar y de la emoción, cobraron importancia y se alzaron también como referentes de una vida de sentido. Así mismo, sus protagonistas, las mujeres, al tomar presencia y valor las cuestiones fundamentales a las que la modernidad había encarado sus vidas, reafirmaron su valor social dejando de ser el sujeto secundario de la historia.

Abanderada del modernismo del mundo anglosajón, desengañada con su tiempo y observando y trasmitiendo en consecuencia  la realidad siempre desde una misma hacia el mundo, creó un código de conducta propio, que reivindicaría como universal el derecho a vivir y definir la vida de manera individual y con completa libertad creativa. Katherine Mansfield fue una mujer que quiso ser, ante todo, libre vivió dónde y cómo quiso, se dedicó a lo que le llenaba de verdad y amó también a quien ella quiso amar por encima de lo que su familia, sus parejas o la sociedad esperaban de ella. Esa intensidad y esa libertad las llevó por tanto a todos los terrenos de su vida y reivindicó su independencia y su personal forma de vivir también en la sexualidad. La escritora experimentaría así su sexualidad de forma muy libre, sin patrones de conducta definidos de antemano, demostrando de esta forma, a lo largo de su vida, su pasión tanto por hombres como por mujeres. La necesidad de libertad y de ruptura de los límites establecidos fueron siempre para ella una máxima de vida y de desarrollo personal. En este sentido, Katherine Mansfield sembró las bases para una emancipación femenina que ella hizo más que patente con su propia vida y que repercutiría en la concepción de la sexualidad como algo libre, contribuyendo también a la ruptura de la heterosexualidad como norma. Provocó por tanto que el comportamiento sexual superase ciertas convenciones morales de la época, haciendo de él una forma de rebeldía y una reivindicación de la libertad personal y de vida digna. Su lesbianismo, cuando se dio, fue en cierto modo una rebelión contra la sociedad de su tiempo, haciendo de la sexualidad una cuestión de opción personal.

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Nace en Nueva Zelanda en 1888 y crece en un ambiente que ella misma definiría como asfixiante. Emigró a una edad muy temprana a Inglaterra, donde comenzaría a vivir una vida llena de altibajos. Durante esta época conocerá a Ida Baker, la que será su fiel compañera durante toda su vida. Poco se ha hablado, a pesar de la permanente presencia de Ida en la vida de Katherine, de la relación que mantuvieron las dos mujeres, pero constatado está en sus diarios que fueron amantes de forma intermitente y que compartieron un profundo afecto mutuo que siempre fue más allá de la amistad. En 1907 regresa a Nueva Zelanda pero no acaba de encajar el cambio y consigue lograr que sus padres la envíen de nuevo de vuelta a Londres. En esa etapa es ya una músico formada, escribe con regularidad y cada vez con más talento y ha comenzado a moverse con soltura en determinados círculos bohemios de Londres. Se enamora de Garnet Trowell, un joven músico del que queda embarazada y que sus padres harán desaparecer de su vida. Queriendo darle a su hijo un padre, contrae matrimonio con un hombre 11 años mayor que ella, a quien abandona la misma noche de bodas. En este momento de debacle, su madre se traslada a Inglaterra para llevársela a Alemania, entre otras cosas, a curarla de su lesbianismo. Algunas fuentes subrayan que durante este tiempo estuvo ingresada en un convento, del que huirá para vivir una historia apasionada con un traductor polaco que le contagia una gonorrea de la que ya no se recuperará, pues le provocará artritis de por vida. En 1911 comienza una relación con John Middleton Murry, el que fuera su editor y pasará a ser su marido, a pesar de que continúa la relación con Ida, que comparten a tres y que no cesará en ninguno de los momentos. En diciembre de 1917, contrae tuberculosis y comienza a viajar por toda Europa buscando una cura para la enfermedad, pero es demasiado tarde.  El día 9 de Enero de 1923, a la temprana edad de 34 años, fallece en un balneario cerca de París.

Sus novelas más reseñables han sido Preludio, Por Favor, que fue un gran éxito, El Viaje y Fiesta En El Jardín, su novela por excelencia. Posteriormente, quien sería su marido recopilaría todo lo escrito por ella que se conservaba y publica una serie de historias en los libros El Canto del Cisne y Algo Infantil. En 1927 y 1928, respectivamente, publicará también su diario, titulado  Diario de Katherine Mansfield (1927) y Cartas de Katherine Mansfield (1928), dos de las referencias bibliográficas más significativas de su vida, como mujer y como novelista.

 

 

 




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  1. Rosa

    Una mujer muy interesante y moderna para su tiempo. Recomiendo encarecidamente leer su historia corta ‘Bliss’, traducida como ‘Felicidad’. Fue objeto de análisis en una asignatura de Literatura. Muy interesante.


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