“Le juro que me da igual qué hay bajo sus enaguas” Poesía para niñas bien (Tits in my bowl), de Txus García

Txus García recorre las calles enfundada en un largo abrigo de cuero negro al estilo Matrix. No te dejes engañar porque circule en un inocente patinete. Si eres una mujer atractiva, ¡cuidado! Esas pestañas de vértigo pueden robarte a versos el corazón.

Además de poeta y rapsoda de versos propios y ajenos, Txus García es también actriz y responsable creativa de la Cia. Human Trash (de extraños cabarets). La conocí precisamente en el estreno de su último espectáculo teatral, El café de la bizcocha. Su personaje era masculino, pero llevaba los ojos más pintados que las mejillas de la Dietrich y unas pestañas postizas tan largas como su imaginación. Como Gérard Depardieu, Txus García irradia en el escenario la fuerza imparable de lo salvaje y, al mismo tiempo, la infinita ternura del gigante bondadoso. Así es Txus García: sensual animal de ternura, turbadora confusión entre los sexos que fascina por igual a hombres y a mujeres.

Poesía para niñas bien aborrece las ínfulas del cisne modernista y se declara inmersa en lo cotidiano, terrenal y obrero. El uso de un lenguaje popular y directo, así como el ritmo de los versos, ideales para ser declamados en voz alta sobre un escenario, conectan esta obra con un público amplio. Triste, tierna, autoparódica, divertida, irónica, la voz de Txus García nos toma gentilmente de la mano y va mostrándonos retazos de su existir mientras nos guía, Virgilio cabaretero, por un camino de baldosas amarillas.

Enamorada de la seño y de la amiguita de clase, de Julie Andrews y de alguna que otra monja alférez, de niña quería cabalgar a lomos de la masculina señorita Roberts, aunque para ello tuviera que beber cerveza de jengibre; pero su madre insistía en mostrarla al mundo vestidita de blanco, con puntillas y manoletinas: una niña bien.

Intentó adaptarse -¿y quién no?-, empujada por el deseo de agradar, de encajar en un engranaje que iba a rechazarla, irremediablemente, por su físico y la orientación de su deseo:

Tierno terror
encontrarse
con el mundo
que te mira,
que te juzga,
que te daña.

Definirse no es fácil; más aún cuando el traje del género aprieta las costillas, el pecho y el sexo con toda la fuerza de un corsé a lo señorita Escarlata. Hay un momento y una música en Poesía para niñas bien que concentran todo el dolor de quien se siente fuera del grupo, de la norma, de lo que se espera de una: el temido momento de las lentas.

No me sacan a bailar,
qué triste, patética gorda.
Todos a mi alrededor ríen,
se besan, se acarician,
se preguntan el nombre,
el color favorito y el horóscopo.

Enfundada en sus braguitas Princesa, este niño bollera / niña gay que me recuerda tanto a mi propia infancia –Orzowei, canicas, Bollycao, Plastidecors y cromos de picar-, atravesó durante décadas un infierno particular, al que se refiere en algunos poemas (ved “Documento Nacional de Identidad” o “Pasaporte”) con el nombre de Transylvania. Una ubicación que no es trivial: recordemos la célebre escena en que el excéntrico doctor de The Rocky Horror Show (1973) – plataformas imposibles y un pintalabios de escándalo – canta estos versos:

Don’t get strung out by the way that I look,
Don’t judge a book by its cover
I’m not much of a man by the light of day,
But by night I’m one hell of a lover
I’m just a Sweet Transvestite from Transexual, Transylvania


Un buen día este ángel rebelde se niega a esperar cautiva en una torre cárpata / tejiendo escaleritas de trenza a que aparezca en el horizonte el matadragones que el destino le reserva; basta ya de ser la que nunca se queja, / la que se deja hacer de todo, / la desgraciadita imbécil, / la tonta del bote. Se niega en rotundo a ver siempre una bella gotita / de pipí en la taza; no va a pasar por la Minipimer criadillas, /cambiar pañales, vomitar papillas, / lavar calzoncillos con zurraspas… sino que se lanzará, ávida –sex ninja-, a la gran urbe para acabar con la soledad en los brazos de alguna lesbiana liberada. Sin embargo, su corazón continúa hambriento de ternura:

Hueles a sexo, nena.
Apestas a vagina,
a clítoris hambriento
de asalvajadas fricciones.

Y cuando nos encontramos
creo transformarme
en un dildo gigante,
vibro compulsivamente
hasta que gritas, gritas,
gritas
o me clavas las uñas.
Y después…
¡Oh sí!
(…)
me guardas en un cajón

y hasta mañana.

Pero la felicidad es tozuda, y como la hierba bajo el cemento, tarde o temprano acaba por encontrar el resquicio, la grieta por la que hallar una salida y encontrar la luz. El primer verso de Poesía para niñas bien, su particular “Documento Nacional de Identidad”, es una declaración de principios desde el presente autoconsciente y feliz: Aquí estoy. Me llamo Txus y soy transgénero. Lejos quedan ya la niña trans-vestida, la adolescente dramaqueer. Incluso se permite escribir un ars amandi particular, titulado “Arte práctico de hacerse interesante al bello sexo”. Ama a todas las mujeres, sin excepción y sin estereotipos: las blancas, como María de Medeiros, y las hormonadas y sin hormonas, / con polla / -de plástico, látex, carne o cristal- /y sin ella. Se siente cómoda in the Middlesex, en esa tierra de nadie, en el lugar que no es un lugar, pues

(…) este estar en medio como el jueves,
hace que todas tropiecen con la menda
se cuestionen sus cosillas y
me pregunten sobre sexo y
curioseen y
me besan casi sin querer: yo no he sido.

 

Cuando el amor llega, es un desafío, el escándalo de elegantes caballeros y señoras bien: la osadía de crear un edén bollero en medio del Mercadona. La pasión se desborda, salvaje, y una sensualidad poderosa, que amenazaba con hacer estallar los límites de una piel largo tiempo maltratada, encuentra por fin su cauce:

Amarcord de grandes pechos (…)
te daría de mamar todo el placer.
Te apresaría por los labios,
te follaría enloquecida,
colosal, terrible.
Te ataría las muñecas
al húmedo cabezal.

El amor vivido como salvación religiosa se expresa con toda la intensidad, pero exento de ñoñería:

La salvación
Es atreverse a viajarte
La boca,
La vida.
Nada más que eso.

Fotografía de la autora, Txus García

Fotografía de la autora, Txus García

En su seno es posible adorar a otras señoras estupendas, magníficas girls y chamaquitas que se ofrecen a lascivos camioneros: amor libre que practica con alegría sexo a cuatro en épicos polvoqueers:

Nos arramblan y persiguen,
nos someten con sus sexos,
nos dicen marranadas,
nos levantan faldas y blusitas,
nos ponen a cuatro patas
y, finalmente,
se dejan sodomizar
dulcemente.

A estas alturas, la protagonista de Poesía para niñas bien sólo debería temer una cosa: ¿que el cielo caiga sobre su cabeza, como el pueblo de los irreductibles galos? ¡No! Que de ese cielo aparentemente tranquilo y azul desciendan helicópteros y pistolas para asaltarla como a un George Michael cualquiera y gritarle:¡Quieta, bollera! / Las manos fuera de la mujer. / Apártalas, que las veamos. / Así, en el aire, / no toques a esa otra desviada. Pero ella no teme. Ya no. Loca y orgullosa de serlo, sostenida por sus versos no aptos para pusilánimes, la poeta se ríe del qué dirán, la apariencia honorable, la condena infame y el anatema.

Todas las citas han sido extraídas de: Poesía para niñas bien (Tits in my bowl), de Txus García, con prólogo de Agustín Calvo Galán e ilustraciones de Cisco Bellabestia, Cangrejo Pistolero Ediciones, 2011.

Más información:




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