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por Rubén GP

Dos amigas

Enero 2012

 

Todo iba a ser más original e interesante de lo que había imaginado. Las dos eran atípicas, tan ajenas a las ideas convencionales... todo tipo de posibilidades se abrió... algo se movía en él.

La narración de un romance entre dos personajes en cuyas vidas se entrecruzan -sin invitación- los intereses de otros tres seres humanos, a cual más extravagante, y los deseos no expresados de un cuarto personaje sin vida pero con alma.

Veamos cuáles son los seis vértices de este hexágono existencial que traza el plumín de Renault:

Elsie es una adolescente ingenua cuya “aventura” por Inglaterra pone en marcha la trama de la novela. Se crió como una niña solitaria; una hija “especial” en una familia infeliz. Sus padres discutían a diario y ella deseaba ser neutral sin conseguirlo. Su incapacidad para adaptarse a ese hogar fue la semilla de una animadversión que llegó a hacerle imposible permanecer en la misma habitación que sus padres o comer en su compañía. Una mujer-niña que soñaba despierta y se refugiaba en un universo de fantasía construido con las historias de las novelas románticas que leía para huir de ese matrimonio mal avenido.

Una vida enclaustrada en la que no entró la luz hasta que esta señorita decidió seguir los pasos de su hermana mayor y fugarse de la prisión familiar en pos de su musa.

El hecho de que no iba con nadie, no alternaba con nadie excepto con las amistades de su madre y vivía en un mundo de su propia imaginación la tenía paralizada en el estadio más torpe de la adolescencia durante tres años.

No obstante, la realidad no cuadra con las ensoñaciones de Elsie y su hermana real está bastante lejos de esa imagen mítica de sus fantasías. Por ello, pese a ser bien acogida en aquel hogar improvisado, hay algo que no acaba de parecerle acogedor. El apartamento soñado para el matrimonio bohemio, resulta ser una casa flotante en la que residen -solas- una par de señoritas:

Leo, morena, con ojos “color Martini italiano”, derrochadora, con sonrisa amistosa y voz varonil.

Y Helen, rubia, paradigma de feminidad, elegante tanto con sus pinceles de dibujo como con sus útiles de enfermera.

Una pareja en la que una se hace las uñas en la cama mientras la otra se arregla el cabello ante el espejo de la cómoda.

Querida -dijo Helen-, estás loca: mira que comprar medias como estas cuando todavía no hemos pagado la leche. Además, seguro que te las cargas en cinco minutos; son una talla pequeñas. […]
Entré en la tienda y las compré. De repente me di cuenta, sin motivo, de que me gustas mucho más que nadie.

Leonora, “Leo”, es la hermana fugada -en circunstancias “especiales”- que en la mente de Elsie es sinónimo de libertad, autonomía y felicidad. Una inglesa independiente que escribe novelas del Oeste bajo un seudónimo masculino y que cada amanecer nada desnuda en el Támesis. Una virago con pantalones de tweed y camisas masculinas que -no obstante- también sabe llevar un vestido de “auténtica dama” cuando la ocasión lo requiere.

Nunca me habría amado a mí. ¿Cómo podría? Yo nunca seré capaz de hacer el amor a alguien. Primero tienes que creerte que eres una persona que puede ser amada.

Una pareja de mujeres, Helen y Leo, que vive su soledad a dos en una región campestre en la que pocos arraigan a menos que hayan nacido allí o busquen un lugar en el que vivir “su excentricidad”. Uno de estos individuos es J.O. Flint, Joe para los amigos.

Joe es un americano de Arizona emigrado a Gran Bretaña siendo niño. Un novelista extravagante y muy selectivo, cuya vasta cultura se combina con un desinterés innato por los “deseos burgueses”. Este isleño solitario vive enamorado de Leo, es su corrector de galeradas y una de sus alternativas para disfrutar un futuro en libertad.

Ser libre es maravilloso […], y vivir entre toda esta gente sin riendas […] sin ataduras. La vida aquí es todo y más de lo que esperaba, y siento que acabo de empezar una nueva etapa.

Y una simple gripe mal curada añade un cuarto vértice pues hace que en la vida de Elsie -y por extensión en las de Leo y Helen- entre un varón que va ser un catalizador emocional para las tres mujeres y un elemento clave en la historia de Dos amigas: Peter Bracknell.

Un personaje a través del cual, Renault disemina referencias al psicoanálisis y a las teorías freudianas del subconsciente así como los intentos infructuosos por convertir a las “desviadas” mediante una cura de sexualidad “normal”.

Hay bandadas de mujeres que son más o menos como yo, pero muchas no se han dado cuenta y la mayor parte del resto prefieren mirar en otra dirección, y probablemente es muy sensato por su parte. Si por casualidad te has fijado en ello, lo que hay que hacer es que te guste tanta gente corriente como sea posible, y hacer que tú les gustes a ellos, para llevar una vida tan agradable como sea posible y para dejar tus rarezas para los pocos a los que pueden interesarles.

Peter es un médico residente del Hospital Saint Jerome de Londres. Un seductor de veintiocho años que pasa algún tiempo entre los acantilados y las grutas de Cornualles. Un empírico del placer, amante de la psicoterapia y de las trampas psicológicas.

Unas telarañas de hilos de astucia en las que Leo casi es atrapada. Una taimada Leo que se venga del pérfido sembrando las semillas de la desconfianza en la relación de Peter y Norah.

La robusta Norah es la novia oficial de Peter. Una enfermera que se deja seducir por el encanto femenino sin darse cuenta siquiera o aparentando no sentirlo. A pesar de eso, ella es la dama cuyas virtudes “convencionales” la convierten en un modelo “apropiado” para Elsie en opinión de la sociedad bien pensante.

Elsie respiró hondo, intentando hablar. Ella quería decir que no pensaba huir, aunque el terror y la belleza la destruyeran; pero sólo volvió a aspirar algo de aliento entre los labios.

Y la última protagonista -aparentemente inerte pero sentida por todos los demás- es Lily Belle. Una casa flotante con un jardín ribereño de rosales rojos y vallas blancas. Un espacio solitario pero seguro y hogareño. Una barca amarrada que zozobra en el Támesis como las vidas de sus personajes en el océano de la existencia.

Este hogar tan “controvertido” es la isla de destino del navío vital de su hermana pequeña Elsie. Una isla que no será un hogar definitivo sino una escala intermedia, un lugar en el que madurar y acopiar el valor necesario para acometer las incertidumbres de su futuro.

Emanaba la seguridad excepcional, sin engreimiento de una mujer cuya feminidad no sólo había triunfado sino que había sabido qué tomar del éxito y qué dejar tras de sí. Era el tipo de mujer de la que otras mujeres dicen que no entienden qué ven en ella los hombres. Pero Leo lo entendía.

En Dos amigas asistiremos al comienzo de un diario de vida cuya creación se nos describe como si fuera un alumbramiento. Ese diario es algo sagrado, tanto como laicas pueden llegar a ser las vidas que recoge.

Y en sus páginas sentiremos cómo los olores y sabores más variopintos se mezclan con los sentimientos más dispares e insospechados. Sufriremos con aquélla que tiene miedo a ser abandonada y reducir su vida a una existencia de solterona. Y viviremos encuentros insólitos en un andén entre una lesbiana solitaria y un niño apasionado por la Aeronáutica.

Eres consciente de cosas en ti que... te separan de la manada y preferirías morir antes de buscar la tolerancia de gente cuya estupidez y falta de imaginación desprecias. ¿No tengo razón?

Una obra cuya lectura sería recomendable aunque sólo fuera por gozar de la escena representada en la habitación de un médico interno del hospital Saint Jerome londinense. Una escena en la que Renault nos hace participar en una cacería dialéctica subyugante: hombre y mujer enfrascados en darse batalla, explorar el terreno y arrastrar al oponente a su campo para lograr una victoria pírrica en el combate entre sexos.

Especialmente las mujeres. Además de sus problemas personales, pasaron varias generaciones de silencios y de quedar arrinconadas, y luego llegaron los años veinte y vino esa moda algo histérica de sacárselo todo de encima. A mí me complace verlas, la verdad.

En su esencia Dos amigas es una obra romántica con un corazón satírico en un cuerpo de ingenuidad. Dos amigas es un compendio de cartas destinadas a un ser ideal, a la proyección de un sueño convertido en añicos de realidad. Dos amigas también es la historia de una pareja de mujeres bisexuales: dos amigas íntimas que probando a ambos sexos en el lecho acaban optando por caminos opuestos en sus placeres. Y por encima de todo, Dos amigas es una novela escrita con lágrimas de mujer cuya trama puede resumirse en una frase escrita a lápiz en el reverso de un papel conservado entre las hojas de los Sonetos de Shakespeare:

“Aunque nunca lo sabré, viviré en la duda hasta que mi ángel malo haga salir al bueno.”

Muchas gracias y ¡FELIZ 2012!

Todas las citas han sido extraídas de: Dos amigas, Mary Renault, Trad. Alberto Mira, Egales, Madrid (2009).

Imágenes: Retrato de Amelia C. van Buren de Gustave Courbet, Mujer posando desnuda de Francesco Hayez y Psyche abriendo la caja dorada de John William Waterhouse.

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  • ¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.

    Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.

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