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por Laura Zorrilla

Cuando Dios se equivoca

Marzo 2011

 

Reseñar el dolor es difícil. No se puede pasar por encima de él para explicar por qué brota en versos (y no en otra cosa). No se puede resumir ni ofrecer envuelto en interpretaciones. Hablar del último libro de Carmen Moreno supone entrar en un dolor que no es postura ni motivo, sino esencia. Es una experiencia que vale la pena, precisamente por la incomodidad que implica el viaje. Los libros cómodos nunca nos enseñan nada.

Peor que morir
es el deseo cobarde
de quedarse entre los dos mundos

Entender Cuando Dios se equivoca pasa, quizás, por digerir estos tres versos y por estar dispuestos a hacer un ejercicio de introspección personal. Dicha introspección empieza siendo una inmersión indiscreta en el alma de la autora; en su desgarro, en sus vivencias, en su conciencia o no-conciencia de sí misma… El lector tiene la sensación ligeramente incómoda de estar accediendo a un lugar al que nadie le ha invitado. Como si, al extender despreocupadamente la mano, alguien nos pusiera un corazón en ella. “Toma, puedes mirar. Puedes abrirlo incluso”. Y el lector entonces abre, despacio y con el pulso tembloroso.

Pero ese ejercicio de espionaje anímico, ese viaje al fondo de los sentimientos de Carmen Moreno acaba convirtiéndose en un recorrido por nuestras propias inquietudes. Quien alguna vez haya sentido la tentación de “quedarse entre los dos mundos” no podrá evitar recordar la angustia. Y se preguntará qué motivos le llevaron a escoger el mundo incierto de los vivos.

La idea que recorre este poemario es la de la pérdida: la de uno mismo. La voz poética lucha incansablemente por reconocerse, por recobrarse, por hallar de nuevo una identidad que no sabemos si alguna vez existió. Lucha, en realidad, por no perderse del todo. No es el único tema del libro, ni la única herida. Pero tal vez sean esos versos de búsqueda los que proporcionan los momentos más profundos y limpios de la poesía de Carmen Moreno.

Escribo para respirarme
este asma que me agarra los pulmones
las palabras son una forma
de transmutar cualquier muerte
reprimo lo
que soy
pero no puedo callar esta voz
que asegura que
escribiré al fin el testamento
de aquella otra
a la que no dejé existir

Preside las páginas de Cuando Dios se equivoca una consciencia devastadora de las varias personas que nos habitan. De las posibilidades de ser, que a veces desechamos. Y del dolor que nos causamos a nosotros mismos. Pocos libros hablan tan bien como éste de la incapacidad humana de aceptarnos.

Es en medio de esta pelea titánica por conseguir un alma que no se autodestruya, cuando la autora llega a la conclusión de que Dios se equivocó con ella.

(…) no podré reencontrar el camino
y te mandaré una postal
de mis arterias-látigos
en la que te explique que
cuando Dios se equivoca
crea seres que viven agazapados
tras una luz diferente
tras un YO transformado
que blasfema contra el hombre
que nos habita

En realidad, se trata de una queja antigua, que ha tenido diversos nombres. Carmen Moreno la reformula magistralmente en una sentencia pesimista sobre la condición de quienes, como ella, a veces llegan a la vida por caminos más complejos. De este modo consigue transformar el dolor en un modo de interpretar el mundo; que es, a fin de cuentas, en lo que consiste la poesía.

Cuando Dios se equivoca tiene un pulso firme e implacable. Se camina por sus versos con paso solemne, calibrando las palabras, pues siempre están en lugares certeros y precisos. Es una poesía devastadora, por esa capacidad inusitada para describir el horror. No hay concesiones retóricas ni paseos introductorios que preparen al lector. El verso es puro: imagen perfecta, analogía visceral. Es, sin lugar a dudas, el ejemplo más claro de una belleza construida sobre los estragos de la pérdida.

Guarda este libro las voces de Hölderlin y de Leopoldo Panero (referentes escogidos por la autora), pero es imposible no ver también ese grito antiguo, tan perturbadoramente metafísico, que desde la lírica más popular lleva tanto tiempo existiendo en muchos poetas (y no poetas). ¿Cuántas personas somos? ¿Quién se esconde en nosotros? ¿Cómo podría salvarme de mí mismo? Cuando Dios se equivoca contiene esa inquietud, que han desgranado desde Pessoa hasta la italiana Alda Merini en el siglo XX, y que aquí toma un nuevo rumbo, más arriesgado si cabe. Porque en su libro, Carmen Moreno se expone absolutamente. Y no hay artificio literario que pueda maquillarlo.

Es incómoda, por lo tanto, la lectura de este libro. Doy fe de ello. Los versos duelen y las preguntas se suceden. No existe la posibilidad de abstraerse y consumir los poemas desde una distancia estética o desde una posición de alejamiento consciente. Somos, muchos de nosotros, presencia viva en las palabras de Carmen Moreno. Y sus heridas abren otras que hasta entonces estaban sutilmente enterradas. Sin embargo, es posible que Cuando Dios se equivoca sea una de las pocas oportunidades que tengamos ahora mismo de acceder a una poesía de calidad, escrita desde la sincerad y la madurez artísticas. Sin poses.

He escrito demasiadas veces
la historia que me niega la esperanza

en el fondo soy una mujer que grita de miedo
quién alimentará al niño que era entonces
cuando el tiempo era una temeridad para la boca
y los besos no tenían pecado

he escrito demasiadas veces para la madre
la que se va haciendo pequeña

sigo siendo desmesurada en la pérdida
y tengo un látigo en los dedos

yo quise escribir en las puertas
sin saber ni por un momento que el fuego
del que vive este infierno se alimenta de mí

Más información:

Carmen Moreno, Cuando Dios se equivoca, EH Editores, Jerez, 2010.

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