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por Rubén GP

Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay

Julio 2011

 

Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay es una novela con título de cómic. Y lo es porque en sus casi 600 páginas se narra el nacimiento, evolución, extinción y resurgimiento de los cómics en los EE.UU. Una narración paralela a la evolución de las vidas de Sam Klayman (Sammy Clay) y Josef Kavalier (Joe), los dos jóvenes primos protagonistas de este absorbente relato.

Un relato que bien podría verse como una biografía a dos bandas, o incluso a tres si se tiene en cuenta a la hermosa Rosa Saks, o incluso a cuatro si a la lista se les añaden a los pequeños Thomas. Una biografía algo rocambolesca en la que se cumple a rajatabla el principio de Lampedusa.

Doce años de vacío, una declaración escueta, un encogimiento de hombros y aquellos dos ya se llevaban tan bien como antes.

Esta obra de Michael Chabon mereció en 2001 el Premio Pulitzer que concede anualmente la prensa estadounidense. No puede decirse que haya una historia principal pues al igual que un tapiz necesita hilos de varios colores, aquí son varias las cuerdas esenciales de su trama. Es por tanto, una novela coral en la que las situaciones se entremezclan como las ramas de una zarza.

El libro se divide en 6 partes. Cada una de ellas dedicada a una de las etapas de los poco más de veinte años de la vida de los dos primos artistas que se encierran en sus letras. En el título que encabeza estos periodos se nos da la clave para entender cómo encaja esa pieza en el puzzle de la trama y también se nos da un trampolín desde el que adentrarnos en el laberinto de ese periodo.

Los hilos de la trama se van cerrando en una telaraña; y al igual que en la Naturaleza, cada uno de esos sumideros se convierte en un nodo desde el que se despliega un nuevo tapiz de ilusiones, ideas, decepciones, batallas...

La vida nace y desaparece en el mismo punto del Universo, o de los universos paralelos recién descubiertos. Unos mundos complementarios que se reflejan en la novela. Resulta muy interesante ver cómo se interrumpe el curso de la acción en un mundo para saltar al otro universo. Del cómic salta a la realidad y viceversa. Y en este cambio que podría dar pie a una nueva situación, descubres que no es sino una prolongación de la anterior que ha elegido un camino paralelo.

Luego se inclinó y, para sorpresa de ambos, le doy un beso a su hermano en los labios. Era el primero de aquellos besos que se daban desde que el hermano menor era un bebé y el mayor un niño con pantalones cortos.

Una novela de seres humanos y de personajes de viñetas. Pues ellos también son protagonistas y tienen mucho que decir en esta entretenida “historieta”. Y no sólo los héroes y las heroínas. Los guionistas, dibujantes, entintadores, empresarios... y todo lo que se integra en el planeta Cómic.

El cómic nació como un entretenimiento “para niños”. Vivió una época dorada durante la II Guerra Mundial por la riqueza de material bélico y la sensibilidad a flor de piel de los espíritus destinatarios. Cayó en el olvido casi absoluto a finales de los años 40. Resurgió como entretenimiento “para adultos”. Y varias décadas más adelante alcanzó el trono en el que fue coronado (con justicia) la Octava de las Artes. Bastante tiempo después de que el Cine fuera incluido en el restrictivo club de seis miembros perpetuos.

Se encontró a los primos dormidos en el suelo de la cocina, medio abrazados entre ellos.

El viaje de Las asombrosas aventuras... arranca en la ciudad de Praga cuando los nazis invaden Checoslovaquia. El foco se fija sobre uno de los dos hijos de un matrimonio de médicos judíos. Josef y su hermano pequeño Thomas viven en una ciudad asustada y temerosa, en la que la Magia y el Ilusionismo son las vías de escape de la cárcel de la realidad. En esta época, la influencia del Gran Houdini aún era muy intensa tanto en la sociedad como en la imaginación de los niños. Aquí su habilidad para abrir candados, violar cierres y soltar cadenas se usa como metáfora del deseo de libertad que cultivaban esos seres humanos convertidos en bastante menos que animales de granja.

El ataúd de El Golem judío de Praga y un extraordinario truco de ilusionista son el pasaporte para que Josef abandone ese mundo y pueda llegar a los “benditos” EE.UU. La nación donde le espera “una vida mejor”, o al menos la promesa de que lo sea.

Más tarde, Sammy se preguntaría a menudo que habría sido de él, en qué callejón o cuneta habría terminado su cuerpo roto y violado si su madre no hubiera telefoneado a la casa de...

Un beso en los labios de su hermano pequeño y las arias que cantaba su abuelo son el último recuerdo de la que fue su adolescencia en el Este de Europa. Un lejano país de magos, una tranquila ciudad de torres afiladas transformados en una cercana Arcadia de la Desolación y la Desesperanza.

A los sentimientos típicos del síndrome de Ulises de cualquier emigrante (nostalgia, sensación de desarraigo, soledad), en el corazón de Joe anida también el miedo. Un terror inmenso por el destino de su familia bajo el gobierno nazi y una angustia inconsolable por su incapacidad para hacer algo que pueda cambiar ese destino oscuro. Un Fobos y un Deimos a los que se une DIOS DEL DOLOR el dolor por no estar en el gueto judío de esa ciudad fantasma para confortarlos, para tomar sus manos en el lecho de muerte, para compartir sus suplicios. Y meses después a este dolor se le añade la vergüenza que siente Mr. Kavalier por disfrutar de una felicidad que les es negada a los demás miembros de su familia.

Pero el artista judío, delgado, descuidado y de nariz prominente no es homosexual. Es su primo estadounidense Sammy quien tiene la suerte (desgracia en aquella época y aquella sociedad) de ser un pez más en la red arco iris. En Sammy hay rasgos homosexuales desde que aparece en escena. Detalles que no van a pasar desapercibidos para cualquiera que sepa un poquito sobre este mundo de individuos “de la acera de enfrente”: su nerviosismo al tener que compartir la cama con su primo la primera noche; ver a su padre desnudo frente a él en un hammán neoyorquino lleva sus ojos al pene de su progenitor, y a su mente a un territorio inexplorado con una mezcla de ignorancia y temor; no sale con chicas... Un muchacho gay en un ambiente con tal ignorancia sobre la homosexualidad que llega al punto de plantearse si ser gay era un motivo para que alguien dejara de ser un buen chico. Una sociedad que moldea las mentes de sus miembros hasta que logra identificar ser gay con soledad, frustración, angustia, temor, miedo, ansiedad... Esto es, con ser un outsider en la peor acepción del término.

La homosexualidad estaba marginada, era una enfermedad mental y la penaban las leyes estadounidenses de principios de siglo. Estas prohibiciones morales y legales hacían que la vida de muchos hombres se redujera a vidas clandestinas en cuartuchos escondidos en callejones eternamente oscuros. O para los más afortunados, esas vidas en la sombra brotaban en “orgías” campestres en casas solariegas desperdigadas por los desiertos de hierba de los cotos de caza privados.

Una vida de temor y angustia por los problemas para asumir esa homosexualidad como parte intrínseca del sujeto que “la sufre”, ansiedad enraizada en el conflicto ético: ¿esto está bien o no?

Una clandestinidad que el autor transforma en ironías y dobles sentidos en las conversaciones de los personajes que luchan por liberarse y vivir fuera de la mentira que hasta ahora había sido su único hogar.

Por muy clandestino e imposible que hasta entonces le hubiera parecido siempre, a Sammy le parecía natural el hecho de amar a hombres como un don de lenguas o el talento para encontrar tréboles de cuatro hojas. Las nociones de denegación y miedo eran superfluas en un sentido muy real. Sí, muy bien, quizás estaba enamorado de Bacon, ¿y qué?

Nuestro buen Joe crea un superhéroe (El Escapista) en el que concentra todos sus sueños, sus deseos de venganza, su pasado y su futuro. Y así su personaje golpea a Hitler, machaca a los nazis y elude cualquier trampa del enemigo. Es un experto en fugas, en huir de los lugares en los que quieren encerrarlo quienes odian la libertad. Y también es alguien con un solo objetivo: ayudar a liberar a cualquiera que sufra el dolor del encierro.

Superman, Batman, Mujer Maravilla, Capitán América se mezclan con El Escapista, Polilla Luna, Lobo Solitario, La liga de la llave de oro... y todos ellos se unen para servir como medio de evasión. Desatan los nudos emocionales de sus creadores, ayudan a sus lectores a dejar atrás parte de sus angustias y temores, satisfacen sus anhelos, les muestran la esperanza de una vida diferente y mejor...

El odio racial y el antisemitismo nazi se combinan con los brotes de furia anti-germánica que nacen en los contados judíos que han llegado a la “tierra de las oportunidades”. Un viaje sangrante hasta Jauja tras cruzar las alambradas que los confinaban como el redil limita a las ovejas.

Una fuga durante la que se desarrolla una lucha cruel entre la mansedumbre o el perdón y el deseo de venganza, de sangre, de muerte.

Es muy doloroso leer cómo las actas de defunción y las noticias más funestas son entregadas con la misma rutina con que se expende un documento oficial. Los encargados de las oficinas de visados son tan viles e insensibles que se regodean en las desgracias de quienes dependen de ellos como única y última esperanza. Bueno, al fin y al cabo, para ellos era lo mismo que sellar el ganado antes de embarcarlo.

Y más doloroso aún es comprobar cómo la desesperación y una visión clara del único destino posible obligan a una madre a resignarse a no ver más a su hijo. Y a pedirle que la olvide, que no piense más en ella (ni en quienes quedaron atrás), que haga su vida y deje que los acontecimientos fluyan tranquilos. Una resignación aceptada para no impedir el crecimiento de su hijo. Una renuncia que encierra la esencia del amor materno. Saber que un hijo es feliz en algún lugar del mundo sin que ella sea una sombra para él, hace que su tristeza tenga el consuelo que merece.

En el relato hay además un personaje metafórico que sobrevuela la trama sin llegar a ser nunca parte de ella. Es El Golem, ese gigante de arcilla de la mitología judía. Aquí Chabon recurre a ese concepto de Golem (o creación del demiurgo) como una transposición del personaje de Joe. Es aquella parte del hombre que pesa convertida en polvo pero que es ligera como el aire cuando es moldeada. Son las ilusiones y los recuerdos de un hombre.

Quiero que nos olvides, Josef, que nos dejes atrás para siempre. No está en tu naturaleza, pero debes hacerlo. Dicen que a los fantasmas les resulta doloroso estar entre los vivos, y a mí me tortura la idea de que nuestra existencia agobiante enturbie o dificulte tu juventud.

La desesperación y el rencor del dotado dibujante checo lo llevan a buscar pelea con cualquier alemán que se cruzara en su camino. Y en este viaje autodestructivo, se encontrará con el único miembro de la llamada Liga Aria-Americana. Joe destrozará sus oficinas y le dejará un autógrafo de El Escapista de quien el pro-nazi era un adicto.

Este encuentro es importante no por el intento terrorista de este fanático para aniquilar a algunos de los “poderosos judíos americanos” en un Bar Mitzva en el que Joe actuaba como ilusionista.

El encuentro es importante porque, como ironía del Destino, va ser un elemento clave en la aniquilación de la felicidad de Sammy. La hermana xenófoba de ese pro-nazi será quien, desde su puesto como ama de llaves de un magnate textil, vengue la afrenta de Joe a su hermano. Una venganza muy irónica porque logrará su revancha sin dañar a Joe sino haciendo añicos el primer sueño de Sammy y marcando su vida para siempre. Y todo ello sin que esta arpía conozca la relación familiar entre ambos muchachos.

Después del fin de semana en esa mansión libertina y de su particular noche de los cristales rotos, nada volverá a ser lo mismo en lo más íntimo de Mr. Clay.

A Bacon el olía el aliento a vino, pero una gota dulce permanecía todavía en sus labios cuando unió su boca a la de Sammy. El vello incipiente de sus barbillas hizo un ruido áspero como de electricidad. Sammy se quedó tan sorprendido que cuando...

Pese a todas las prohibiciones podremos sentir el calor de un beso que se dan dos chicos en el mirador del Empire State Building en una madrugada de guerra en la que los relámpagos violetas y los truenos azules desgarran el cielo gris. Es el beso del judío con piernas de alambre Sammy y el actor apolíneo Tracy Bacon. Una pareja de solitarios que se conocen, se descubren y poco a poco se se acarician, se besan, se huelen y se aman.

Después de identificar a quien comparte tu orientación, nace la complicidad entre quienes se saben idénticos en lo que a asuntos de cama se refiere. Y así el torrente desciende hacia el valle del Amor bajo la mirada de madres mucho más intuitivas de lo que sus hijos piensan; y más tolerantes también.

Un noviazgo gay entre Clay y Bacon que dura hasta que un suceso brutal y descarnado rompe la esfera de cristal en la que se incubó. Un suceso que cambia el espíritu del primero de los chicos pero no destruye el amor que sentía por su compañero. Simplemente lo transforma en un miedo atroz, un horror al que se une el horror de la guerra. Una guerra que como todo ogro insaciable, se cobra su tributo en vidas inocentes o culpables. Ella no hace distinciones, su paladar no es tan exquisito.

La venganza de esa ama de llaves pro-nazi rompe ese noviazgo. La policía y el FBI irrumpe en la mansión en la que se desarrollan “actividades inmorales” y arrasa con todo lo que se le pone por delante. Esta parte del relato es muy dura. Y no porque haya descripciones escabrosas. Lo es porque en esos párrafos se refleja cuan abyecto y cruel puede llegar a ser aquel a quien se supone encargado de velar por el cumplimiento de la ley.

Un par de agentes gays del FBI que violan y se aprovechan sin contemplaciones de esos hombres a los que han sorprendido “incumpliendo la ley moral”. Precisamente los agentes del departamento de moralidad y orden público son los que pisotean las normas y mancillan la dignidad de los supuestos delincuentes.

Las lágrimas brotan cuando vemos el lastre que se deposita en el alma de un hombre que se ha tenido que vender para obtener la libertad. Una libertad sazonada con el semen de un agente corrupto y la sangre de una víctima inocente. Pasajes duros con descripciones de hechos vergonzosos que en su realismo descarnado nos hacen pensar en qué es un ser humano. Y quién merece este título.

Le agarró un mechó de pelo y le dio un tironcito, meneándole la cabeza de un lado a otro sin soltarle el pelo y al mismo tiempo sonriéndole. Si Joe fuera una chica, Julie casi habría pensado que Sammy estaba tirándole los trastos.

La lectura de esta novela también nos da la oportunidad de vivir en el que fuera el barrio artístico de NY por excelencia: el Greenwich Village en el distrito de Manhattan. Entre sus calles adoquinadas con las ventanas de pintores y literatos surrealistas, Joe encontrará el amor en la figura de Rosa Saks. Una joven artista, hija de un adinerado tratante de pintura, esnob, homosexual y amigo de Salvador Dalí. Una mujer que va a ser la única en las vidas de Sammy, Joe y su hijo Thomas. Una princesa neoyorquina que vivía en una casa ajardinada con una cabeza de ajo por tejado y un dormitorio con una habilidad inigualable para atraer a las polillas.

Un ambiente bohemio en el que encaja muy bien la música jazz como medio para expresar los nuevos sentimientos, lo que va a ser el más allá. Fantasías regadas con la ilusión del optimismo, cestos oníricos tejidos con el mimbre de la añoranza.

Además hay espacio para críticas y alabanzas a algunos de los grandes creadores y artistas vanguardistas y modernistas como Orson Welles, Salvador Dalí, Paul Klee, Luis Buñuel, Gustave Klimt, Dolores del Río, Duke Elligton, Jean Cocteau, Ella Fitzgerald, . Y algún que otro hueco para los incipientes movimientos beat, decandentistas, pop, nihilistas y demás vanguardias...

Corrientes que también influyeron en el desarrollo del cómic. Lo más destacado es la influencia de El ciudadano Kane de Welles. Esta película soberbia (vedla, please!) se convirtió en un mito y en fuente de inspiración para guionistas, pintores, cineastas, dibujantes de cómics y demás artistas que intentaban crear un nuevo lenguaje narrativo como había logrado el inmenso Welles en esa fábula del rico solitario. Ese prodigoso efecto en el que la distancia se convierte en acercamiento y la proximidad es vista como lejanía.

La correspondencia de Rosa había sido como el latido de un corazón con una arteria cortada. Salvaje e incesante al principio y luego cada vez más lento […] hasta que el flujo se había convertido en un goteo y finalmente se había interrumpido. El corazón se había parado.

En Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay abundan ejemplos de ese paradigma tan querido en el imaginario estadounidense: “el hombre que se hace a sí mismo”. Veremos a violinistas melancólicos convertirse en comerciantes pragmáticos; a artistas gráficos transformados en consejeros delegados de grandes compañías; a inmigrantes sin blanca que pasan a ser adinerados propietarios; a habitantes de los barrios bajos del distrito de Queens que se pasean años después con su coche nuevo por las calles de una de las urbanizaciones típicas de la clase media liberal.

Y todas estas personas alcanzan sus nuevos estatus gracias a su mucho trabajo duro, a una pizca de picardía inocente y a bastante agudeza. Y por supuesto, a un toquecito de buena suerte.

Y en medio de ese prototipo de “sueño americano”, no se nos oculta la existencia de individuos dispuestos a apropiarse de las ideas de otros. Pesadillas personificadas que medran estrujando a los demás y abusando de su ignorancia o su bondad. Seres dotados de una habilidad especial para saber quedarse con todo el pastel concediendo no más que algunas migajas al auténtico creador de “eso” que lleva un aluvión de billetes verdes a las cañadas de las cuentas bancarias de esos pastores de la desvergüenza.

Actitud deshonesta que se enlaza con otro de los más arraigados principios de esa gran nación: todo se hace por dinero. El objetivo es “montarse en el dólar” para después dedicarse a hacer aquello que uno ha deseado siempre. Aunque ese anhelo no sea más que pasarse las horas tumbado al sol, bebiendo un combinado y viendo la televisión.

Otro aspecto que queda muy claro es que el ser humano es una criatura social. Esto va marcado a fuego en las hélices de su ADN. Como podemos leer en el libro: “Todos los universos, incluyendo el nuestro, empiezan con la conversación.” La soledad absoluta es una entelequia. Cualquiera necesita a otro individuo en el que pueda confiar, una bolsa en la que depositar los anhelos y las desilusiones, una fuente con cuyas alegrías y tristezas pueda llenar su tinaja.

La libertad era una deuda que sólo podía pagarse comprando la libertad de los demás.

Contemplando el abandono y la desolación que reinaban en los terrenos que durante 1939 ocupó la Feria Mundial de la Industria en el barrio neoyorquino de Queens, el autor nos hace reflexionar sobre la fatuidad de los sueños de grandeza del hombre. Unas ilusiones que pese a estar condenadas a la desaparición, son necesarias incluso imprescindibles. Ellas son evanescentes pero siempre dejan un poso. Un abono que como el limo negro del Nilo es el fermento del terreno seco en el que van a brotar nuevas ideas que mejorarán la vida del hombre y les devolverán la magia perdida.

Un ilusionismo omnipresente ya que algunos párrafos de esta novela esconden la magia de la eternidad. Según los lees, sientes que ahí te están narrando algo que va mucho más allá de una historia de ficción. Lo que aparece a los pies de tu sombra no es sino la realidad. Y más aún en un mundo en el que la magia y la ilusión nos confunden aun sin quererlo.

Magnífica es la habilidad para cambiar una vida triste, oscura y aburrida por una existencia llena de aventuras y luz con el simple hecho de imaginarlo. Y enriquecedoras son las dobles lecturas de los argumentos de los cómics, de las motivaciones de sus personajes, de sus obsesiones, de sus batallas, de sus acompañantes, etc.

Tanto en la literatura como en el folklore, la importancia y fascinación de los golems residía en su falta de alma, en su fuerza incansable e inhumana y en su asociación metafórica con una ambición humana desmesurada, y en la facilidad aterradora con que se ponían bajo el control de sus creadores a la vez horrorizados y fascinados.

Michael Chabon describe muy bien el conflicto que para la sociedad estadounidense supuso su participación en la II Guerra Mundial. Y no oculta ninguna de las etapas del proceso: la indiferencia inicial; el convencimiento progresivo de lo necesario e imprescindible de su intervención; y el efecto “detonador” del ataque japonés sobre la base naval estadounidense de Pearl Harbour ese fatídico (y a la vez salvífico) 7 de diciembre de 1941.

Después de la entrada de los EE.UU. en la guerra, Joe Kavalier se prepara a disfrutar su “época dorada”. Tras unos primeros años muy duros, ahora es un dibujante con tanto éxito como talento, conoce la suavidad de la piel de su prometida Rosa bajo las sábanas, dispone de un nuevo apartamento cerca de la Quinta Avenida y va a recuperar la parte más importante de su pasado.

Una Golden Age que se baña en la despreocupación y la alegría sin límite. Un tiempo en el que todo se cree posible y se disfruta de la caricia bondadosa de la vida en cada instante.

Una vida idílica a la que un torpedo le arranca la esperanza. El torpedo de uno de los submarinos alemanes (los temibles U-Boat) que como un lobo sanguinario cazó al corderillo ilusionado. El barco Arca de Miriam se hunde frente a Las Azores y... allí deposita su carga de almas.

Este revés de la Suerte incendia el ya de por sí ardiente rencor de Joe. Se siente como una pantera en una bañera. Su naturaleza belicosa busca una salida para su violencia y su deseo de venganza. Vía de escape que se encuentra en la Guerra. Ese enfrentamiento que ve como un escenario providencial para dar rienda suelta a la bestia que le rasga las entrañas. Una venganza que se encarga de apagar el hielo que invade la estación antártica a la que es destinado el operador de radio de segunda clase Joe Kavalier. Una etapa en el “Continente Blanco” en la que salvo el recuerdo del perro husky “Ostranada más es agradable. Son meses en los que viviremos la locura y los delirios que provoca la ausencia de contacto humano. Un aislamiento que convierte a un hombre en un vegetal que vive atado a un avión o enganchado a una estación de radio. Una vida rodeada de hielo que transcurre pendiente de las ondas hertzianas y olvidado de los hábitos humanos más básicos.

Una experiencia que consigue que Joe se vaya convirtiendo poco a poco en un ser anti-social. Un individuo que anhela vivir en soledad rumiando su dolor. Y así lo hace, pues terminada la guerra y recuperado de sus heridas, se adentra en el interior del país y allí desaparece.

Una desaparición que se rompe con un intento de suicido aparatoso y teatral con mucho de lucimiento y poco de intención. Una aventura más de un hombre-personaje que en esta ocasión ha sido pensada por un niño de ojos azules, pecas rosadas y once primaveras en su rostro pálido: el pequeño Thomas Clay-Kavalier Saks.

Y entre tanta desgracias flotan muchas notas de humor, chistes y bromas, juegos de palabras y de emociones... un conjunto de recursos que alivian la tensión de la narración principal. Y que nos llevan a concluir que la Historia siempre avanza, sin mirar atrás. Puede que las vidas se extingan, pero van a renovarse con el nacimiento de otro ser. Un ser el que se va a revivir la ilusión perdida.

El deseo que sintió, viendo a Joe, era inequívocamente físico, pero en el sentido de que Sammy sintió el impulso de ocupar el cuerpo de su primo, no de poseerlo.

Cuando Joe parte en un barco en pos de una venganza imposible, los otros dos protagonistas firman un matrimonio de conveniencia. Para Rosa es el mejor modo de disimular su embarazo de mujer soltera. Y para Sammy, es la oportunidad que necesitaba para disimular su auténtica orientación.

Dos amigos generosos que se ayudan mediante un acuerdo que les da un hogar a ambos y al retoño de la que fue una pareja feliz. Y aunque los vecinos hablan y los compañeros de trabajo rumorean, ellos aparentan una vida matrimonial perfecta. Una familia de cartón piedra con besos castos propios de hermanos, vidas íntimas independientes y montones de preguntas sin formular.

Conocía la homosexualidad, por supuesto, como idea. Aunque nunca la había relacionado con ninguna de sus emociones. Nunca se le había ocurrido que dos hombres, ni siquiera homosexuales pudieran besarse de esa forma. Daba por sentado […] que todo aquello debía ser una cuestión de mamadas en callejones oscuros o de las prácticas indebidas de los marineros británicos sedientos de amor. Pero aquellos dos hombres con corbata y bigote estaban besándose como la gente se besa.

Y en medio de todo esto se nos presenta la Investigación del Senado estadounidense sobre la influencia negativa de los cómics en los niños y adolescentes. Aunque suene a ciencia-ficción, a finales de los años cincuenta aún había congresistas y senadores que asociaban homosexualidad con pederastia y pornografía. Ese subcomité del Senado actúa como una Inquisición moderna que condena y juzga de antemano. El precedente de la famosa “quema de brujas” del senador republicano McCarthy contra comunistas y de paso contra... ya sabéis qué y quiénes.

Temerosos de que los cándidos infantes se volvieran ciudadanos peligrosos, asesinos, pervertidos o desviados sexuales los representantes del pueblo se dispusieron a investigar. Hubo muchos interrogatorios públicos (televisados en directo) en los que editores, dibujantes y guionistas eran acusados (con más o menos descaro) de adoptar “conductas desviadas” y cultivar las más variadas perversiones sexuales. Detalles tan ridículos como preguntar cuál era la relación entre Batman y Robin o el porqué de la existencia de “acompañantes” masculinos para casi todos los superhéroes.

El resultado de estas investigaciones y “linchamientos éticos” públicos no os lo cuento porque os lo podéis imaginar: familias rotas, suicidios, burlas, vergüenza, temor, hombres y mujeres que optan por no amar antes que por vivir marcados por ese amor...

Cuando estaban en la cama juntos, Bacon siempre estaba olisqueando con aire nostálgico el pene de Sammy, asegurando que olía exactamente igual que un montón de lonas amontonadas en la cabaña de su abuelo en...

En definitiva, los personajes principales de Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay son escapistas. Personas que huyen, escapan de sus vidas, de sus problemas, de sus desgracias y de sus alegrías. Se pasan un sinfín de años huyendo. Y no huyen de los demás. Huyen de sí mismos, de sus silencios, de sus miedos, de su vergüenza, de sus remordimientos y sus miserias. Y huyen del intento inocente de un niño para disimular que sabe aquello que los adultos pretenden ocultarle o temen contarle.

Una fuga que no es más que una ilusión sin magia. Cuando huyen, ellos creen que así van a ser libres. Sin embargo, se equivocan porque se confunden de dirección. En lugar de distanciarse, emprenden una marcha que los acerca más y más al núcleo de sus temores y de sus terrores. Así se envuelven en una tela de araña en espiral, un torbellino que asfixia sus corazones y les cierra las salidas.

La verdadera magia de aquel mundo roto estaba en el talento para desaparecer de las cosas que contenía, para perderse de una forma tan completa como si nunca hubieran existido.

Y así llegamos al final del libro. Un final abierto, en el que los personajes son libres para vivir sus realidades tal y como ellos desean no como otros les imponen. Al menos, van a poder hacerlo por una vez. Afortunados ellos, ¿no os parece?

Muchas gracias.

Todas las citas han sido tomadas de: Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, Michael Chabon. Trad. Javier Calvo, Mondadori, Barcelona (2002).

Imágenes:Estatua de Ceres de Rubens, Diana y sus ninfas de Domenichino, Mercurio y Venus de Correggio, Venus sedentede Rubens y Zeus e Io de Correggio.

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