
El beso de la mujer araña es una de las obras “sobre homosexualidad” más importantes que se han escrito en Sudamérica. Fue un best-seller cuando se lanzó al mercado a mediados de la década de los setenta. Estuvo prohibida en Argentina durante la dictadura militar por describir con todo detalle los seguimientos a los que la policía sometía a los presos (y a cualquier ciudadano “sospechoso”). Un acoso permanente en el que se controlaba hasta el mínimo detalle de lo que hacía o decía el sujeto. Y todos, absolutamente todos esos detalles se investigaban en este régimen paranoico.
Qué terrible es perder la esperanza. Y eso es lo que me ha pasado… El torturador que tengo adentro me dice que ya se acabó todo, que esta agonía es mi última experiencia sobre la tierra, y hablo como un cristiano, como si después viniera otra vida, que no la hay… ¿verdad que no?
La novela fue adaptada al cine en 1985 por el director Héctor Babenco. Y en los primeros años noventa, la obra se paseó por las tablas de los teatros en el musical homónimo. Un espectáculo merecedor en 1993 del Premio Tony (el principal galardón teatral en los EE.UU). Y su influencia no se limita a estos dos campos artísticos, pues hubo incluso un famoso músico alemán que intentó componer una ópera con su argumento.
No se trata de una novela gay al uso. Es una obra compleja, no por su narrativa o su estructura, sino porque debajo de su texto hay una historia oculta. El relato de un combate. La lucha entre los movimientos radicales de izquierda y lo que se podría llamar una filosofía de vida tipo dolce far niente.
Sí, tengo amigas locas como yo, para pasar un rato, para reírnos un poco. Pero en cuanto nos ponemos dramáticas, nos huimos una de la otra. Porque ya te conté cómo es, una se ve reflejada en la otra y huye espantada.
En la época en la que Manuel Puig escribió esta obra, la sociedad estaba bastante confusa y agitada después de la subversión del parisino mayo del 68, la Primavera de Praga en la antigua Checoslovaquia y los movimientos socialistas-comunistas que se desarrollaban en Sudamérica. De hecho, su autor es uno de los pocos que se enfrentaron al fascismo sexual que impregnaba las ideas izquierdistas en esas regiones.
La obra comienza con un monólogo adornado con perlas de diálogo. Un monólogo en el que se comenta una película, una fantasía para olvidar la realidad. Es la narración de la historia de Irena, la mujer-pantera. Una introducción que nos dice todo lo que debemos saber sobre su narrador a través de las vicisitudes de esa mujer irreal.
Puig es un mitómano del cine y por ello recurre a poner en boca de uno de sus protagonistas sinopsis extensas (y muy bien narradas) de películas simbólicas. Películas que le sirven para contar aquello que quiere decir sin necesidad de decirlo. En cada una de ellas se intuye lo que se nos está comunicando. Se siente, se sabe y, sin embargo, nadie puede decir que eso esté escrito allí. Esto da lugar a un ritmo narrativo atípico y fluido. Un ponerse en el lugar de otro. Un ejercicio más para el lector. Él es quien debe interpretar aquello que se le presenta.
Las narraciones de las películas son emotivas, muy completas. Son relatos que tienen vida propia más allá de la película que narran. Son creaciones que superan a su autor y viajan sin control por un mundo imaginario, un universo de miles de noches de aburrimiento y soledad.
Además, el recuerdo de esas películas permite que dos encarcelados (injustamente en principio) se evadan de los escasos diez metros cuadrados de su celda y vivan en mundos imaginarios. Una especie de teoría del multiverso en la literatura. Puig crea mundos dentro de un mundo irreal que es reflejo del mundo real en la época y lugar en que acontece la historia.
Querido, vuelvo otra vez a conversar contigo… la noche trae un silencio que me invita a hablarte… y pienso si tú también estarás recordando, cariño… los sueños tristes de este amor extraño.
El beso de la mujer araña está protagonizada por dos convictos. Uno por ser un “maricón” que corrompía a menores y el otro por ser un guerrillero que combatía contra el régimen impuesto.
El primero es un homosexual de 37 años. Es Molina (Molinita para sus amigos y sus enemigos). Un mariquita con pluma, con mucha pluma. Un homosexual para el que los sentimientos son lo más importante de la vida. Un mariquita que anhela transformarse en mujer. Un gay que era despreciado por la sociedad en general y por el colectivo homosexual en particular. Un gay que aún hoy sería despreciado por algunos compañeros colegas de orientación. Y lo sería simplemente por su afeminamiento, por sus maneras delicadas y “mujeriles”.
El segundo es Valentín Arregui. Un revolucionario de 26 años, de ideología socialista, inmerso en un idealismo social y pro-belicista. Cree que las armas traerán la solución a todos los problemas o, al menos, a los más importantes. Y después de la revolución todo se resolverá y se vivirá en un mundo utópico. Un joven que se transformará, se liberará de prejuicios y complejos. Un joven que encontrará un amigo, un hermano mayor, un…
Molina y Valentín pasan gran parte del tiempo charlando en su celda. La celda donde ambos pagan sus “pecados” contra los organismos que están en el poder.
En esa celda nuestra nariz percibiría el aroma acre de la disidencia y el olor fétido de la traición. Y nuestro corazón sentirá la acechanza del sueño. Un sueño violento, cruel…
En esas conversaciones se exponen ideas y puntos de vista opuestos. Se contrastan las creencias de uno y los principios del otro. También se debaten prejuicios sociales y personales hacia temas de lo más variopintos. Y estas conversaciones consiguen que ambos se vayan acercando poco a poco.
Hay conversaciones enternecedoras y sorprendentes, como ésa en la que Valentín le pregunta a Molina por su homosexualidad, por qué es así, por qué no es como el resto de maricas que el conoce. Por qué siente eso y, sobre todo, lo ayuda a no sentirse inferior por ello. Intenta transmitirle ánimos, infundirle fuerzas para que se enfrente a quien pretenda ningunearlo o despreciarlo por querer vivir como es o expresar lo que quiere ser. Un homófobo arrepentido ahora intenta servirle como apoyo moral a un marica convencido.
Y es que, como es habitual, en Molina también escuchamos (o leemos) eso de la vergüenza, la mancha en la reputación familiar, el desprecio, las presiones de los allegados para dejar de ser como uno se siente que es… La historia de siempre que (por desgracia) sigue siendo verdad en tantos y tantos lugares.
Los “discursos” del protagonista también dejan ver cuáles son las respuestas ante esa opresión injusta, injustificada e injustificable. Molina recurre a su deseo de convertirse en mujer para defenderse del acoso. Es su manera de desafiar el orden impuesto con las armas.
A través de las palabras de Molina se describe la opresión que sufrían los homosexuales en esas décadas en casi todos los países del mundo. Opresión y represión brutal que aún hoy persiste en muchos países; en muchos, demasiados. Naciones con leyes que te llevan a la cárcel por ser homosexual. Incluso leyes que te llevan a la muerte, una muerte cruenta y ruin.
Hay un tipo de mujer, que es muy sensible, demasiado espiritual, y que ha sido criada con al idea de que el sexo es sucio, que es pecado, y ese tipo de mina está jodida, recontrajodida, es lo más probable que resulte frígida cuando se case, porque tiene adentro una barrera, le han hecho levantar como una barrera, o una muralla, y por ahí no pasan ni las balas.
El beso de la mujer araña es una obra con un toque del otro lado del Atlántico, pues su vocabulario conserva el acento argentino y los giros más característicos del español de nuestros hermanos de ultramar. Este detalle le da a la narración un colorido peculiar y se convierte en un atractivo añadido.
Hay algunos comentarios curiosos que pueden entreverse tras la cortina de la narración de las sinopsis, como aquellos que tratan sobre el miedo irracional a que la mujer que encerramos en nuestro cuerpo salga, se libere. Y también es muy interesante la crítica a la adaptación del matrimonio homosexual al modelo matrimonial propio del sistema burgués.
Se habla de chantaje, de violencia física y psicológica, de falta de escrúpulos, de lealtad, de corrupción, de sexo por desahogo… pero especialmente de camaradería, de compañerismo, de amistad, de amor.
Una pirámide de manipulaciones. Un par de tipos previsibles cuyas acciones son fácilmente predecibles. Un traidor arrepentido, un corrupto empecinado, una gallina más astuta que el zorrillo… o la zorrilla.
¿Y qué tiene de malo ser blando como una mujer?, ¿por qué un hombre o lo que sea, un perro, o un puto, no puede ser sensible si le antoja?
En el libro también se habla, y mucho, de mujeres. Se habla de femmes fatales, de mujeres feas, de mujeres frígidas, de mujeres casadas, de mujeres solteras y también hay un rincón para hablar de mujeres lesbianas, y de novias mojigatas, y de putas y de vírgenes.
El protagonista usa el femenino para referirse a sí mismo como si ya hubiera cumplido su sueño de convertirse mujer. Un uso que a muchos de nosotros no nos choca, pero que en la época en que se publicó la novela sí era algo desconocido y chocante.
De hecho, más que el protagonista de la novela, podría decirse que Molinita es la heroína de la novela. La heroína de sus películas. Una mujer que sufre y llora, goza y ríe… una mujer que al final de la película camina sola por la playa. Y mientras las lágrimas acarician sus mejillas, ella va pensando que la vida merece la pena aunque sólo se haya disfrutado un instante. Ese instante es lo que se lleva, lo que queda en el corazón.
Molina fue un niño bonaerense criado en la parte “más chusma” del barrio alemán de la ciudad. Un niño que veía películas de propaganda nazi. Y aquí Manuel Puig hace referencia, a través de su personaje, a una de las mejores cineastas de la Historia: la alemana Leni Riefensthal. Una mujer con un talento admirable, que puso al servicio de la maquinaria nazi durante sus primeros años. En este periodo rodó uno de los documentos propagandísticos visuales más importantes, de mayor calidad visual y más efectivos de la Historia: La trilogía de Nuremberg (Victoria de fe, El triunfo de la voluntad y Día de libertad: nuestras FF.AA.). También fue la pionera en el campo del reportaje deportivo al grabar los Juegos Olímpicos de 1936, celebrados en Berlín. El resultado fue el documental Olympia (Festival de las naciones y Festival de la Belleza); un reportaje esencial en la historia del cine por sus innovaciones técnicas y de producción, además de por ser el primer documento visual de un evento deportivo de tal magnitud.
¿Y por qué te gustan los hombres entonces?
Qué tiene que ver… Yo quisiera casarme con un hombre para toda la vida.
¿Sos vos un señor burgués en el fondo, entonces?
Una señora burguesa.
Pero ¿no te das cuenta de que todo eso es un engaño? Si fueras mujer no querrías eso.
Yo estoy enamorado de un hombre maravilloso, y lo único que querría sería vivir al lado de él toda la vida.
Los monólogos de Molina le sirven además para airear traumas que de otro modo no se atrevería a comentar. Y sus diálogos con Valentín los usa para superar situaciones, para salir de lugares incómodos, para atraerlo a su redil.
Y es que Molinita se convierte en la Scherezade de Las mil y una noches. En una Scherezade porteña. Y mediante la descripción de películas va ganándose gota a gota el aprecio y el corazón del sultán de su presidio. Seducción a la que contribuye la extraordinaria habilidad de “la mariquita” protagonista para configurar las vidas reales mediante la adaptación de una película.
Un proceso que es bastante largo, ya que las confidencias no pueden ser forzadas. Hay que darse tiempo, dejar que fluyan con el río de la confianza, crear un remanso de libertad. Y eso es difícil en una cárcel donde la vida no es sencilla. Hay violencia, dureza, furia animal, ataques graves…
Y una descripción de lo que son la censura y de la vigilancia política. Y de las argucias a las que tienen que recurrir los presos y sus familiares para comunicarse los mensajes reales a través de un lenguaje ficticio que parece ser lo más real y normal del mundo. Se critica con dureza el cinismo y la hipocresía. Y se recurre a hablar de zombies para poder hablar sobre aquellos que son controlados por quienes están en el poder, independientemente de su signo o su color.
A lo largo del libro hay un combate permanente entre el deseo de ayudar, la responsabilidad hacia los compromisos pactados y el rechazo a ser ayudado por parte de quien necesitaría esa colaboración. Y es que este autor argentino fue un luchador infatigable y un especialista en el análisis de las emociones humanas. Y en su optimismo vital estuvo convencido de que cualquiera, a pesar de ser alguien muy duro y cruel, reserva un lugar en su corazón para los sentimientos. Y así en una de sus sinopsis, Molina destaca cómo un oficial nazi implacable se conmueve y llora como un niño al escuchar la melodía de una composición de Richard Wagner.
No nos ofrece una visión idealizada o romántica de la vida en prisión. Es una descripción realista, de un realismo doloroso. Sentimos la suciedad de la celda, la iniquidad, el cinismo de los responsables; nos habla de vómitos, diarreas… chanchullos, sobornos, tráfico de artículos de primera necesidad como cigarrillos o café, de amenazas, de ajustes de cuentas… La angustia que genera sentirse entre dos fuegos. La ansiedad provocada por el miedo a ser descubierto por uno de los bandos, o por ambos. El sentimiento de desazón arraigado en el conflicto entre ceder al deber y a la responsabilidad y dejarse llevar por las querencias personales. El eterno conflicto entre el egoísmo personal y el bien de los demás.Pero si un hombre es mi marido… él tiene que mandar, para que se sienta bien. Es lo natural, porque él entonces… es el hombre de la casa.
El beso de la mujer araña es un canto a la habilidad de los seres humanos para evadirse de sus prisiones, físicas o personales; para escapar de esas celdas que no podemos abandonar. Es un canto a la imaginación. Y a la astucia también. A la astucia para seguir un doble juego y no morir en el intento.
Además de la narración de la novela, Manuel Puig introduce varias notas a pie de página en las que comenta los primeros estudios científicos sobre la homosexualidad, el origen de algunas de las hipótesis y las teorías creadas para explicar este “fenómeno” y sus posibles causas, los prejuicios y lugares comunes en los que se mueven aquellos que rechazan la sodomía o el lesbianismo, el origen del término homosexual… y el convencimiento de que los seres humanos somos bisexuales. Un detalle simple (no en el sentido de escaso) que se agradece. Se agradece mucho, porque nos acerca a cómo nos entendían, por qué nos rechazaban… Y además, leer estas notas histórico-científicas nos va a ayudar a entender actitudes, reacciones… y nos permitirá conocer las técnicas que se aplicaban para “curar” la enfermedad de la “inversión sexual”.
En la mitad de la obra nos toparemos con un giro de la trama que nos sorprenderá y cambiará nuestros sentimientos. Nos obligará a odiar a quien compadecíamos. Y nos golpearemos con pasajes contundentes y de una dureza que taladra el corazón, como la descripción del fusilamiento de un muchacho en el paredón o la venganza sobre inocentes por la muerte de un oficial.
Sentiremos el miedo de un preso enfermo a acudir a la enfermería por miedo a ser envenenado o drogado para que hable y revele el paradero de sus amigos, de su familiar, de sus compañeros de armas y revolución. Sentiremos su miedo y su dolor, y los haremos nuestros.
Yo no soy la mujer pantera.
Es cierto, no sos la mujer pantera.
Es muy triste ser la mujer pantera, nadie la puede besar. Ni nada.
Vos sos la mujer araña que atrapa a los hombres en su tela.
La letra de un bolero sirve como interruptor para activar el circuito de la amistad, amistad en el sentido que este término tenía en la Grecia Clásica. La letra de un bolero que actúa como vínculo definitivo, como ese grano de arroz que acaba por inclinar el fiel brazo de la balanza hacia uno de sus lados.
Un beso. Un beso es el último deseo de quien se sabe condenado a muerte. Quizás no a una muerte física, pero sí a una muerte emocional. Un destierro al mundo de la soledad con el único consuelo de saber que la vida del ser humano es provisional y que lo importante no es el resultado, sino lo que se haya disfrutado durante el proceso.
Una historia sobre la precaución. Un relato de gatos y ratones. Un relato de arañas y panteras. Un relato de hombres y mujeres, de hombres y hombres, de hombres que son mujeres. Un relato… Un relato que no es un libro pesimista. En sus páginas nos encontramos con pinceladas de esperanza, con rayos de luz atravesando túneles de carbón, con pequeñas grietas en muros de hormigón. El beso de la mujer araña es un libro que ofrece una visión esperanzada y esperanzadora.
Un condenado que abraza su destino con alegría, con cariño. Un condenado a muerte que busca su cucharada de dulce de leche.
Feliz Navidad.
Tesoro, aunque la vida no nos una nunca, y estemos —porque es preciso— siempre separados, te juro, que el alma mía será toda tuya, mis pensamientos y mi vida tuyos, como es tan tuyo… este dolor, o este penar…
Todas las citas han sido extraídas de: El beso de la mujer araña, Manuel Puig, Seix Barral, Barcelona, 1976.
Comentarios de Mirales generados por Disqus

¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.