
Título muy representativo para esta obra de uno de los buques insignia de la flota de poetas españoles del siglo XX: Jaime Gil de Biedma. El más destacado de los poetas sociales de la década de los cincuenta.
La producción literaria de Gil de Biedma es muy escasa, escasa en cantidad y rebosante de calidad. Las personas del Verbo es un libro breve (200 páginas) en el que el autor reunió la esencia de su poesía. Las joyas de la corona de sus poemarios: Según sentencia del tiempo, Compañeros de viaje, Moralidades y Poemas póstumos.
Cuántas veces me acuerdo / de vosotras, lejanas / noches del mes de junio, cuántas veces / me saltaron las lágrimas, las lágrimas / por ser más que un hombre, cuánto quise / morir / o soñé con venderme al diablo, / que nunca me escuchó […]
(Noches del mes de junio)
Gil de Biedma fue un hombre culto y muy refinado, una versión española del arquetípico dandy británico. Un hombre que siempre escapó de la vulgaridad de su época y de la rudeza de sus contemporáneos.
Un escritor atípico que compuso casi toda su obra antes de cumplir los cuarenta, mientras la flor de su juventud aún no se había marchitado. Él amaba la juventud hasta el extremo. Pensaba que sólo siendo joven podía decirse que se estaba vivo.
Un hombre diferente que se describía como homosentimental no como homosexual. Y lo hacía así porque él disfrutaba del sexo con mujeres pero era incapaz de enamorarse de ellas. Él sólo podía enamorarse de hombres.

[…] Que la sinceridad / con que te has entregado / no la comprenden ellos, / niña Isabel. Ten cuidado. / Porque estamos en España. / Porque son uno y lo mismo / los memos de tus amantes, / el bestia de tu marido.
(A una dama muy joven, separada)
Jaime Gil de Biedma nació en el año del crack bursátil, 1929, en una familia católica y conservadora de la alta burguesía catalana. Peso a ello, él fue un hombre alejado de la religión y de la ideología política del Régimen franquista.
Fue un hombre contradictorio. Un poeta enamorado del teatro que consideraba la vida una representación cuyos argumentos eran muerte y decrepitud.
Era comunista de corazón pero sus marcadas muestras de clase, que denunciaban su origen, impedían que fuera considerado uno más en los cubículos en los que se reunían clandestinamente los opositores del Régimen.
Retomando uno de sus versos podría definirse como “Señorito por nacimiento, por conciencia escritor de poesía social”.
La realidad -no demasiado hermosa- / con sus inconvenientes de ser dos, / sus vergonzosas noches de amor sin deseo / y de deseo sin amor, / que ni en seis siglos de dormir a solas / las pagaríamos. Y con / sus transiciones vagas, de la traición al tedio, / del tedio a la traición. / La vida no es un sueño, tú ya sabes / que tenemos tendencia a olvidarlo. / Pero un poco de sueño, no más […]
(Canción de aniversario)
Gil de Biedma ansiaba una vida intensa y disfrutó de una vida intensa, repleta de placer y colmada de dolor. E intensa es el adjetivo que mejor se ajusta a su poesía. Es una poesía dura, descarnada, oscura, descarada… Versos con lenguaje brusco para envolver un sentimiento delicado.
Sus poemas son cantos íntimos. Sus versos son su visión personal de sí mismo, de los que están al lado, de la sociedad, del interior y del exterior.
Es una poesía muy directa, casi cruel en ocasiones. Poesía realista no surrealista. Poemas enraizados en la realidad cotidiana. No hay metáforas innecesarias, todo es útil, todo tiene un fin. Incluso en los versos románticos se perciben esas características. Unos poemas amorosos que aparecen envueltos por un velo de erotismo que recuerda a Luis Cernuda.
De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso, / dejar atrás un sótano más negro / que mi reputación -y ya es decir-, / poner visillos blancos / y tomar criada, / renunciar a la vida de bohemio, / si vienes luego tú, pelmazo, / embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes, / zángano de colmena, inútil, cacaseno, / con tus manos lavadas, / a comer en mi plato y a ensuciar la casa? […]
(Contra Jaime Gil de Biedma)
Jaime Gil de Biedma era un hombre con dos caras:
En su imagen diurna era un alto ejecutivo respetable para la sociedad del momento. Era un ejecutivo responsable y muy eficiente. Un hombre modélico que vestía trajes impecables.
En su faceta nocturna era un crápula juerguista que buscaba las experiencias más intensas. Era un homosexual nocturno que disfrutaba de su sexualidad. Un amante de la juventud, de las orgías, de la diversidad…
Un promiscuo insaciable con un instinto sexual infatigable que se ocultaba al amanecer. Un Conde Drácula que resurgía cada noche de su atáud, no a buscar bellas doncellas para saciar su sed de sangre sino a buscar sexo que apagara su ardor.
A qué vienes ahora, / juventud, / encanto descarado de la vida? /¿Qué te trae a la playa? / Estábamos tranquilos los mayores / y tú vienes a herirnos, reviviendo / los más temibles sueños imposibles, / tú vienes para hurgarnos las imaginaciones.
(Himno a la juventud)
“Más poema que poeta”, Gil de Biedma era un personaje sexual, que gozaba con el sexo y la vitalidad juvenil. Un profesional al que su trabajo obligaba a viajar con mucha frecuencia a destinos en medio mundo. Destinos en los que podía saciar esos instintos. Destinos en los que tal vez encontró a su verdugo. Y es que el antes denominado “cáncer gay” fue el encargado de sellar sus versos en 1990 cuando el poeta había recién arribado a su sexta década.
Un hombre comprometido que denunció la hipocresía social y los defectos del sistema capitalista; criticó el conformismo burgués; clamó contra la discriminación de la mujer en las sociedades machistas; habló de la miseria y de la opresión; y escribió lo que latía en su interior.
Mientras que tú me miras con tus ojos / de verdadero huérfano, y me lloras / y me prometes ya no hacerlo. / Si no fueses tan puta! / Y si yo no supiese, hace ya tiempo, / que tú eres fuerte cuando yo soy débil / y que eres débil cuando me enfurezco… / De tus regresos guardo una impresión confusa / de pánico, de pena y descontento, / y la desesperanza / y la impaciencia y el resentimiento / de volver a sufrir, otra vez más, / la humillación imperdonable / de la excesiva intimidad […]
(Contra Jaime Gil de Biedma)
Su poesía destila ironía y acidez. En sus versos, Gil de Biedma recurre al lenguaje coloquial para expresar sus sentimientos y hacer crítica de la sociedad y sus coetáneos. Cada palabra en su sitio, al natural, sin adornos ni artificios.
Una obra breve, un mero suspiro, que ha ascendido hasta las cimas del Himalaya poético español del siglo XX. Gil de Biedma es uno de esos autores que no se nos pueden escapar.
Y no debe escaparse porque su poesía es un deleite sensorial. Y digo sensorial porque lo es tanto para la vista como para el oído. Y para confirmar esto último, os recomiendo la Antología Personal editada por Visor. Un audio-libro en el que el propio poeta lee algunos de sus poemas más representativos (En el castillo de Luna, El cuerpo es el mejor amigo del hombre, Volver, No volveré a ser joven, El juego de hacer versos, Contra Gil de Biedma). Un deleite para sibaritas: caviar español. Bon appetit!
>Aprender a pensar / en renglones contados / –y no en los sentimientos / con que nos exaltábamos–, / tratar con el idioma / como si fuera mágico / es un buen ejercicio, / que llega a emborracharnos. / Luego está el instrumento / en su punto afinado: / la mejor poesía / es el Verbo hecho tango. / Y los poemas son / un modo que adoptamos / para que nos entiendan / y que nos entendamos […]
(El juego de hacer versos)
Todas las citas han sido extraídas de: Las personas del Verbo. Jaime Gil de Biedma. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2006.
Comentarios de Mirales generados por Disqus

¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.