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por Rubén GP

El barco de orquídeas

Octubre 2011

 

Octubre es el décimo mes del calendario gregoriano y su nombre significa mes octavo. Y ello porque en el calendario juliano (por Julio César) ocupaba la octava posición ya que entonces el comienzo del año estaba a finales de marzo -mes de Marte- en el arranque de la primavera.

Este mes de octubre, primer mes después del verano, es el mes de la rutina, un mes para olvidar el descanso estival. Es el mes en el que comienza la carrera escolar después del prólogo septembrino. Septiembre, esa treintena ocre tapizada con los reencuentros felices con nuestros hogares y los no tan felices con nuestros trabajos. Septiembre aún huele a verano, a mar, a bosque, a montaña… Y octubre, ¿a qué huele octubre?

Se ha vuelto cristalino últimamente / Y, al deslizarse como una / cinta de humo, suena como una cítara / de diez cuerdas […]
(El arroyo otoñal, Hsüeh T’ao)

Septiembre con sus contrastes y sus evocaciones ha volado, se desvaneció ante nuestros ojos como el vaho en el cristal. Y dijo adiós, adiós… Sin embargo, antes de decir adiós se dispuso a servir como pórtico al mes otoñal por excelencia: octubre. Un mes con olor a ciruelos que suele asociarse con la decadencia y la decrepitud. Probablemente por el color rojizo de los hayales y por las hojas amarillentas que alfombran avenidas, rúas y callejones. Hojas cobrizas que juguetean con nuestros pies en un último intento por quedarse, por no ser arrastradas por el viento y llevadas al olvido. Como hacen los buenos versos.

Un mes de melancolía que rezuma romanticismo. No un romanticismo público, bullicioso y exuberante como el primaveral. El romanticismo del otoño es íntimo, discreto y silencioso. Un sentimiento de rostro dorado y paseos vespertinos por un mar oligisto. El sol duerme un poquito más cada día y nos invita a recogernos antes, a disfrutar de la plácida calidez del hogar. Y ¿qué mejor manera de aprovechar ese tierno abrazo que leer (o escuchar) poesía en voz alta mientras oímos de fondo el crepitar de la madera en la chimenea?

A esa belleza le resulta / difícil levantarse. Su carmín / perfumado se refleja en / el agua otoñal, una rama inclinada […]
(Nenúfares, Ma Hsiang-Lan)

Por eso mi segunda recomendación de este mes también es un volumen de poesía. No es poesía triste, en la que se relaten desgracias o se canten amores perdidos. No es poesía que adore lo divino o ensalce lo humano. No es poesía rica en estrofas místicas ni poesía contestataria. No es poesía erótica en la que los cuerpos se fundan y las caricias se confundan. No es poesía que cante a la Naturaleza ni poesía que verse sobre lo etéreo.

Y no es ninguna de ellas en particular porque en esta obra están todas ellas.

El barco de orquídeas es un lujo literario. Sensibilidad oriental. Y no sólo eso. Es sensibilidad oriental femenina porque todos y cada uno de los poemas han sido escritos por MUJERES. Heterosexuales o lesbianas, casadas o solteras, jóvenes o viejas, hermosas u olvidadas por Venus, virtuosas o viciosas, fieles o adúlteras… Un grupo heterogéneo de ninfas honradas con la gracia de Erato.

Después se hunde hasta el fondo / de una trémula copa de / jade el collar roto del pasado, / dos piezas que deslumbran / con su rojo brillo: julio y marzo […]
(Si piensas con fuego, Hsiung Hung)

Y no han sido mujeres cualesquiera. El barco de orquídeas es una recopilación de poetisas chinas. Una selección de auténticas maestras de la pluma y doctoras del sentimiento. Unos poemas que pueden denominarse excepcionales. Y son excepcionales en un doble sentido: Estos versos más allá de su valor literario tienen la virtud de ser una rareza. Son una anomalía, algo excepcional.

Y lo son porque en la tradición China la poesía fue un elemento central de la educación de cualquier varón instruido. Y no sólo en China sino también en Japón. Basta recordar las competiciones de rimas entre cortesanos en el Palacio Imperial que se describen en la excelente Genji Monogatari. Una de las cumbres de la literatura universal que, por cierto, fue escrita por una cortesana japonesa: Murasaki Shikibu. Otra deliciosa rareza cuya lectura os recomiendo aun a pesar de la extensión de sus dos volúmenes.

Un saber esencial al que las mujeres chinas, y cuántas veces hemos oído está melodía, tenían vetado el acceso. Una prohibición tan estricta que algunas de las familias de las pocas mujeres que versificaban, destruían la obra de la poetisa por temor a que “eso” manchara la reputación familiar y los aislara.

El espejo de mi tocador es un gato / jorobado. Mi imagen cambia / continuamente como en un agua / que corre. Un gato jorobado. / Un gato mudo. Un gato solitario. / El espejo de […]
(El espejo de mi tocador es un gato jorobado, Jung Tzu)

Afortunadamente, pese al veto, hubo mujeres valientes. Mujeres conscientes de su don que compusieron poemas deliciosos. Poemas que no pudieron publicarse pero que al menos fueron conservados en círculos privados.

Por eso cuando leemos El barco de orquídeas (¡Título maravilloso!) sabemos que tenemos ante nuestros ojos (oídos) una ejemplo de rebeldía, de lucha contra los convencionalismos sociales. Aunque sus temas sean muy diversos, sus métricas variadas y sus estilos antagónicos, estos poemas tienen un elemento en común: son un clamor de igualdad. Un grito contra los matrimonios concertados y contra el aislamiento social, intelectual y emocional de la mujer en esas sociedades.

Un reflejo de lo que la voluntad, unida a la creatividad, puede llegar a hacer. El canto de unas pocas mujeres, de la alta nobleza, que eran instruidas junto a sus hermanos varones. Un canto que ensalzaba la patria y hablaba de amor, amistad, fábulas, soledad…

Arranco la hoja del calendario. / ¿qué día es hoy? Es como, / si una nube, negra como un cuervo, / pasara por delante de mis / ojos. Quiero ser una mujer de paz / y filósofa.
[…] (Recuerdos, Ping Hsin)

En El barco de orquídeas viajan, aprovechando la metáfora, algunas de las flores más selectas de los jardines de la corte imperial. Poesía distinguida y sinuosa como los elegantes trazos de la caligrafía en la que fue escrita. Y algún que otro polizón de belleza salvaje que no se acomoda al parterre y canta a la libertad de las praderas y los arrozales.

Este libro ha sido editado en español por la editorial Gadir en su colección La voz de las cosas. Y la traducción del inglés ha corrido a cargo de Carlos Manzano quien ha hecho un maravilloso trabajo, teniendo en cuenta lo difícil que es plasmar el sentimiento poético en otro idioma. Manzano expresa con acierto el contenido de las metáforas visuales, tan propias de la Literatura Oriental, y construye un entorno que invita a la evocación.

No puedo dormir en paz. / Las voces de la Naturaleza hablan/ a los afligidos corazones de los hombres. / Yazgo sosegada para calmar mi corazón. / Me niego a recordar / la trágica muerte […]
(Medianoche, Jen Jui)

En la obra, muy cuidada en su edición, se echan de menos algunas ilustraciones o grabados tradicionales que contribuyeran a aumentar el efecto de las ya de por sí poderosas imágenes descritas en los versos. Un extenso conjunto de notas históricas –agrupadas en un capítulo- sobre cada uno de los poemas y una breve reseña de la evolución de la Literatura femenina en China completan el libro. Un libro en el que también se incluye la secuencia temporal de los principales periodos históricos chinos para emplazar cada poema en su época.

El barco de las orquídeas es una obra cuya lectura es un privilegio. Una recopilación que honra a esas mujeres osadas y luchadoras que usaron el cálamo como voz para articular su rebeldía. Un libro con aroma de otoño y corazón de primavera. Un poemario con olor a ciruelo y color de flor de cerezo. ¡Gozad escuchando y leyendo su sinfonía sensitiva y espiritual!

Un cúmulo de nubes vespertinas. / El perfume de las flores / en la obscuridad. Una melodía / tocada con arpa acompaña. / El recitado de poesía. El humo / se eleva […]
(Embriagada por las sombras de las flores, Yü C’hing-Tseng)

Todas las citas han sido extraídas de: El barco de orquídeas. Poetisas de China. Kenneth Rexroth y Ling Chung. Trad. Carlos Manzano. Editorial Gadir. Madrid, 2007.

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