
Las mujeres de En la Frontera, editorial valiente que agita las aguas del feminismo lésbico en la Latinoamérica insurgente, nos ofrecen el libro Desobedientes: Experiencias y reflexiones sobre el poliamor, relaciones abiertas y sexo casual entre lesbianas latinoamericanas.
Las editoras-recopiladoras son mujeres de las que solamente viendo su trayectoria geográfica se deduce su condición de almas inquietas: Norma Mogrovejo, nacida en Perú y residente en México; Yuderkys Espinosa, de la República Dominicana con residencia en Argentina; Marian Pessah de Argentina, que ha vivido en Israel y reside en Brasil; y Gabriela Robledo de Argentina, integrante del colectivo BDSM (“pero voy a misa”). Las autoras (de diferentes áreas, edades, procedencias, tendencias…) y la realización del libro bajo el cuidado de Paula Torricella, muestran la profesionalidad de una obra rigurosa.
Si el título es prometedor, el contenido no defrauda. Es sugerente, diverso, auténtico, original y, sin embargo, pegado a la realidad.
Cuatro editoras para trece autoras, bajo el impulso de Yuderkys Espinosa, quien lo presenta con estas palabras: “Las páginas de este libro hablan de las vidas y las opciones de lesbianas de carne y hueso que construyen en el día a día el mundo que sueñan… El material es valioso porque reúne los saberes acumulados personalmente por cada una, a fin de poner en duda la idea arraigada de que la felicidad, el respeto, el cuidado, el placer sólo pueden ser posibles dentro del dos”.
Las editoras concibieron el libro valorando las conversaciones que ellas mismas sostenían en la intimidad y las confidencias sobre el devenir de sus vidas amorosas. Los problemas, disgustos, placeres y, sobre todo, los impulsos del deseo. Y ciertamente las lesbianas tenemos una experiencia probada en la capacidad de atender al deseo. Si no, nunca habríamos sido capaces de reconocernos como lesbianas y de vivir con placer la sexualidad.
¿Cuántas, tras haber hallado a la “mujer de nuestra vida” y haber construido una “hermosa convivencia” que nos ha dado estabilidad y un porcentaje importante de felicidad, no hemos sentido la angustia de perderlo todo de nuevo por el chispeante y siempre inquieto “deseo” que de repente reclama otro cuerpo, otra experiencia? Yo creo que todas. Si hemos sido capaces de romper antes con todo y de enfrentarnos al mundo reclamando el derecho a vivir nuestra sexualidad según el deseo, ¿es lógico que nos neguemos a aceptarlo ahora? ¿Por qué? ¿Quién lo ha dicho? ¿Acaso no es el orden patriarcal el que ha impuesto el modelo “familia”?
Hace tiempo que sabemos, que el modelo “familia” no sirve ni a las familias heterosexuales. Que la infidelidad ha necesitado la persecución, la condena jurídica, religiosa y cultural para imponerse. Que los celos, en cambio, han sido ensalzados en poesías, canciones y dramas diversos, y comprendidos por los poderes reinantes.
Ya está bien, es hora de sacudirnos el polvo heredado y aceptar que los amores diversos no presuponen desamor, ni humillación, ni indignidades. Al contrario, el respeto, el cariño, la comprensión, la generosidad y la sinceridad son nuestros valores. Amémonos y nos entenderemos. Esa es la propuesta de Desobedientes y es una interesante propuesta. Leedlo.
Desobedientes
Varias Autoras
En la Frontera editorial
Buenos Aires, 2009
Distribución en Latinoamérica: enlafronteraeditorial@yahoo.com
En España: aconcaguapublishing@yahoo.com

¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.