
Melissa nace siendo lesbiana y lucha día a día contra la intolerancia, la homofobia y la invisibilidad. Vive en un entorno donde la homosexualidad todavía se considera enfermedad. A través de la literatura combate el tradicionalismo discriminatorio.

Melissa Ghezzi nace en Lima en 1975. Es arquitecta y escritora. A lo largo de su trayectoria ha recibido diversos e importantes premios por sus obras poéticas, como el Premio Nacional Poeta Joven 2008 y Revelación Poética 2008. Además, su carrera como lesbiana también ha sido reconocida con el Premio Visibilidad Lésbica 2007. Para reivindicar la existencia de lesbianas en su país crea Voces para Lilith, un libro donde se unen la prosa y el verso mediante distintos relatos de hasta ocho autoras diferentes. Esta obra es la primera antología literaria lésbica publicada en Sudamérica.
Melissa nos relata su historia como lesbiana y luchadora por la visibilidad.
A los 6 años, mientras tomaba una ducha, imaginaba a una amiguita del cole acariciándome. Ese recuerdo regresa cada vez que discuten mi sexualidad y la reducen a una mala experiencia con los hombres. En mi ciudad, nada ha sido fácil. De niña posiblemente veté mis deseos y los conduje hacia lo aprendido en mi entorno, nada parecido a dos mujeres amándose. En mi juventud, llegado mi despertar sexual, me odié y cuestioné durante ocho largos años. Le discutí a Dios haberme dado una condición irreversible.
Descuidé todos los aspectos de mi vida. Desde entonces, cuántas situaciones tan dolorosas me han golpeado. Luego de diez años de lesbiana, la Nochebuena del 2010, mi pareja, a quien conocían perfectamente hacía casi un año, no fue invitada a la cena navideña de mi familia. Decidí no asistir, comerme la rabia, y fue la navidad más triste de mi vida. Esa noche odié ser lesbiana. Increíblemente mi familia es quien más me ha discriminado directamente. Con mis amigos en general la cosa ha sido mucho más liviana, salvo el día en que uno de mis grandes amigos de la infancia me pidió que lo retirara de mi lista de contactos.

En el Perú casarse es una utopía. Existe la ley que prohíbe la discriminación, pero hay ciertos puestos que requieren de esposa e hijos para encajar. Salir del closet fue una necesidad colectiva para enfrentar a la sociedad que rechazaba mi vida. Abrazar a mi pareja en la calle es hacer activismo. Lo cierto es que la intolerancia empieza por la auto-discriminación. Mi dignidad no puede depender de los demás, debe depender de cuánto yo permito que los demás me falten el respeto. Yo siempre he sido la lesbiana que vive su sexualidad públicamente y mi trabajo literario es sobre ello, con el firme propósito de quebrar paradigmas y visibilizar. Para conquistar hay que dar pasos con el corazón a la izquierda y con la razón a la derecha. En el año 2005 empezó de alguna manera mi labor en Lima, a través de mi arte, la literatura, y ha sido un largo camino para llegar, luego de seis años, a publicar la primera antología literaria de temática lésbica publicada en Sudamérica. Trabajo arduo y para el cual tuve que colgarme el cartel de lesbiana. El coraje que tenga yo es ejemplo y mi trabajo en este campo ojalá sirva de inspiración y de llave para aceptarse y salir del closet.
Perú es uno de los países sudamericanos con mayor índice de homofobia. Ni aprueba ni reconoce el matrimonio homosexual, ni siquiera la unión civil. Solamente hay una ley que prohíbe la discriminación por razones de sexo. Pero esta ley sólo existe en el plano teórico, porque apenas se lleva a la práctica. Por desgracia, al cabo del año se producen más de una veintena de crímenes homofóbicos.
Ser homosexual y miembro de la Policía o Fuerzas Armadas del Estado es incompatible. En 2004, el Tribunal Constitucional derogó una ley que prohibía la inclusión en el cuerpo de Policía o Fuerzas Armadas de cualquier persona homosexual; dicha ley establecía que si durante el ejercicio de su profesión una persona hiciera uso de dichas prácticas, sería sancionada con la expulsión inmediata del cuerpo. Cinco años después, la ex ministra del Interior, Mercedes Cabanillas, proclama una ley llamada “Ley de Justicia Militar”. En uno de los puntos recoge que tener relaciones sexuales con una persona del mismo sexo y que menoscaben o causen escándalo a la imagen de la institución será causa clara de expulsión del cuerpo. Esta ley sigue vigente. Lo poco que se avanzó en 2004 se perdió en 2009.
En 2011 se cumplió el quinto aniversario de la Marcha del Orgullo Gay en Lima, capital de Perú. En esta ciudad existe algo de visibilidad, porque es el punto que reúne a más personas de diferentes lugares del mundo. En las elecciones celebradas este mismo año sólo dos partidos políticos llevaban como propuesta legalizar el matrimonio homosexual.

Más información:
Melissa Ghezzi hablando de su libro Voces para Lilith en un programa de la televisión peruana:
http://www.youtube.com/watch?v=ZrcLNrAAQ8c
Melissa y coautoras del libro:
http://www.youtube.com/watch?v=UZqR-1nI0sQ
¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.