
Barbora es una joven estudiante procedente de Eslovaquia, más concretamente de una pequeña ciudad cuyo nombre no me atrevo a pronunciar pero sí a escribir, ya que Barbora me ayuda en su transcripción: Spisská Nová Ves. Está situado al noreste de la capital, Bratislava.
Tras esas gafas de pasta negra se esconde un alma revolucionaria. Maneja un castellano bastante fluido para el apenas mes y medio que lleva en Madrid. Así comienza mi encuentro con Barbora.

Una fría tarde de diciembre, en el madrileño barrio de Chueca, fumaba un cigarro en la puerta de un bar (cuyo nombre no puedo pronunciar) esperando a mi próxima entrevistada. Con un aire un tanto despistado (debido a la todavía considerable desorientación producida por el cambio, no sólo de ciudad, sino de país) diviso a esta joven eslovaca llamada Barbora. Licenciada en Antropología, viene a España para seguir con su tesis doctoral cuyo núcleo son las parejas no-heterosexuales.
Mi familia, cuando se enteró de que me gustaban las mujeres, se lo tomaron un poco mal al principio. Sólo veían aspectos negativos en este nuevo plano sexual, pero poco a poco se dieron cuenta de que soy su hija y de que me quieren por encima de todo, me acueste con quien me acueste.
No me gusta hablar sobre mi identidad. Si me preguntan directamente claro que lo digo, pero hablar por hablar sobre ello no lo suelo hacer porque no me gustan las categorías. ¿Qué soy: bisexual? No lo sé… No soy heterosexual, aunque también me he enamorado de chicos, pero no tengo claro sí podría convivir con un chico como pareja. Sí es cierto que desde pequeña tenía sentimientos fuertes por chicas. Recuerdo sentirme embelesada por alguna de mis profesoras.
Vivía en una ciudad de unos 50.000 habitantes situada al este de Eslovaquia. Allí no podía hablar con libertad sobre mi sentimientos hacía las mujeres. La comunidad homosexual vive oculta, ya que la tradición católica y conservadora es mayoritaria. Mi camino de libertad fue internet; a través del chat conocía a chicas. Tras ello, me trasladé a Bratislava y comencé la universidad. La vida en la capital era algo diferente. Podía gozar de algo de libertad, aunque no es común ver a una pareja homosexual besándose o en actitud cariñosa en lugares públicos. En una ocasión, iba con mi pareja por las calles de Bratislava y un hombre, de forma despectiva, comenzó a gritar: “¡Lesbianas, lesbianas...!”

Empecé a colaborar con una asociación. En 2010 organizamos junto con otros organismos la marcha del Orgullo Gay en Bratislava. Nos reunimos aproximadamente unas 900-1.000 personas. Habíamos quedado en una plaza para comenzar la marcha con un recorrido establecido previamente y avisado a las autoridades pertinentes. Por desgracia, nuestro itinerario tuvo que ser cambiado porque en las calles adyacentes a la plaza se reunieron neo-nazis con la intención de increpar a los manifestantes. La policía nos dijo que no nos podía proteger, así que no pudimos marchar por el centro y tuvimos que ir por la orilla del río.”
En Eslovaquia la homosexualidad no posee un espectro de visibilidad. Digamos que la tolerancia y el respeto hacia la comunidad homosexual no son muy latentes. En 2004 hubo un esbozo legislativo hacia la penalización discriminatoria por orientación sexual en el plano laboral, que finalmente fue aprobada por el Parlamento eslovaco. Esta realidad legislativa fue fruto de los requisitos mínimos que exigía la Unión Europea para la adhesión de Eslovaquia. En ese mismo año consiguió entrar en la Unión. Cuatro años más tarde (2008) el área de actuación de esta joven ley se amplió hacia la educación, sanidad…, hacia todos los planos de la vida social.
Aún así, no hay ningún tipo de reconocimiento ni de unión civil ni de matrimonio. Sí es cierto que en varias ocasiones han sido promovidas en el Parlamento propuestas de reconocimiento del matrimonio homosexual, pero nunca han llegado a la aprobación. Asociaciones como Iniciatíva Inakost (iniciativa de la alteridad) luchan para que el reconocimiento legislativo no caiga en el olvido.
Comentarios de Mirales generados por Disqus
¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.