
Hace un par de semanas iniciamos la búsqueda de una mirada precisa, una mirada de una mujer quizá con velo, quizá no. Una mirada de una mujer lesbiana, que viviera en un país donde la religión predominante fuera el Islam. Escribimos correos, llamamos por teléfono a diferentes asociaciones y algunas amigas nos pasaron sus contactos. Nos movimos. Buceamos y nos secamos. Conforme fueron transcurriendo los días, íbamos conociendo algunos detalles, como por ejemplo, que en muchos países las mujeres mantienen un secreto absoluto sobre el tema, que sigue siendo tabú, que la legislación en muchos países no castiga la homosexualidad pero en la práctica sí lo hace. O que las mujeres abiertamente lesbianas se marchan de su país para intentar vivir con mayor libertad. Algunas vienen a España, otras se dirigen a otros países. Hablamos con asociaciones de todo tipo. Todas nos ayudaron bastante, pero al final del mes la dificultad de encontrar esa otra mirada habla por sí sola.
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¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.