
Las piernas largas y blancuzcas de mi compañera de pupitre fue lo que mas llamó mi atención al iniciar mi sexto grado de primaria en el nuevo colegio. Eran esos pupitres dobles, y tuve la suerte de sentarme junto a ella. En ese momento empezó la amistad y me convertí en una chica popular, pues era la amiga de la más bonita del curso, todos me envidiaban. Estoy convencida de que allí mismo supe que me gustaban las chicas.
Las piernas largas y blancuzcas de mi compañera de pupitre fue lo que mas llamó mi atención al iniciar mi sexto grado de primaria en el nuevo colegio. Eran esos pupitres dobles, y tuve la suerte de sentarme junto a ella. En ese momento empezó la amistad y me convertí en una chica popular, pues era la amiga de la más bonita del curso, todos me envidiaban. Estoy convencida de que allí mismo supe que me gustaban las chicas.
Fui criada en este país, la única hembra de los tres hermanos, en plena intervención norteamericana, cuando el radicalismo, la intolerancia y el despotismo se ponían de manifiesto en cada esquina, y se perpetraban los crímenes más horrendos contra la libertad de expresión. En esa década, los años 70, los homosexuales eran muy mal vistos, se les consideraba crápulas, se escondían… De hecho, se dice que uno de los militares asesinados brutalmente en esa época lo fue por su condición sexual.
Tuve la suerte de poder viajar cada año de vacaciones con mi familia a Estados Unidos, y allí fue donde conocí a una chica, mi primer amor, y con la cual pude comenzar a leer artículos, ver películas del tema, documentarme y sentirme un poco libre. Cada año anhelaba que llegara el verano para ir a su encuentro, visitar el village, compartir con personas que desafiaban a la sociedad imponiéndose y haciendo suyo ese lugar.
Aquí tenía que aparentar, dejarme llevar por las tonterías que hacían mis compañeras de universidad, salir con un chico y no hacer absolutamente nada, sólo para demostrar que era “normal”. Buscando experimentar, me involucré con un chico. Salí embarazada, tuve que casarme y llevar un matrimonio que sólo duró 3 años, pues ya era inaguantable cada vez que intentaba tener relaciones sexuales. Lo único hermoso que me quedó de esa experiencia fue un hijo.
Tener que llevar una doble vida no ha sido fácil. He tenido que ocultar mis verdaderos sentimientos y deseos, callarme cobardemente cuando insultaban a algún chico gay, cuando hablaban del tema con tanto odio; vivir el repudio que representaba compartir la vida con una pareja de tu mismo sexo laceraba mi dignidad.
Cuando al fin decido comentárselo a mis amigas, muchas me dieron la espalda, muy pocas se relacionan conmigo. Algunas me han comentado que se sienten incómodas cuando las saludo con un abrazo; creen que por el hecho de que a una le gusten las chicas ese abrazo no sea sincero. Por eso me he refugiado en amigas que he conocido en otros países, las cuales me han brindado su apoyo y con las que no tengo tapujos al hablar.
Creo que con la apertura del mundo, a través de internet, hemos ido aprendiendo de otros países donde también les ha costado mucho, pero tienen un respeto ganado, y son dignos de tomarse en cuenta. Hemos tenido el apoyo y seguimiento de muchos de esos colectivos internacionales.
En nuestro país se empezó a celebrar el día del Orgullo Gay y Lésbico en el año 2001, y desde ese entonces las autoridades han negado todos los permisos para su celebración formal que les han sido solicitados por varias organizaciones LGBT. Esta actitud intolerante y retrógrada de las autoridades ha obligado a que se realicen actos informales alrededor del parque Duarte, donde cada sábado se reúnen las chicas y chicos de los diferentes colectivos agrupados y abiertos a cualquier persona.
Ni siquiera la prensa nos toma en cuenta, y las cantidades de protestas que se generan, por los vecinos del área, acusándonos de practicar “escenas indecorosas”, enfrentan a los agentes de la policía con los convocados allí.
En el 2005, la reunión informal convocada en el Boulevard de la 27 fue objeto de un operativo policial; al bar Fritos Verdes, que hacía de punto focal de la reunión, se le amenazó para que no abriera sus puertas, y poco después fue clausurado definitiva y arbitrariamente por la fiscalía. El fiscal calificó de “inmorales” a los participantes, no porque realizaran ninguna actividad reñida con la ley, sino por el simple hecho de ser gays o lesbianas. Cada vez que abre sus puertas un bar gay, las autoridades no tardan en cerrarlo, amparándose en cualquier excusa.
En la reciente modificación constitucional, las autoridades aprobaron el Art. 44, que también de manera expresa y aviesa excluye a las personas del mismo sexo del derecho a contraer matrimonio y a formar familia. Estas son algunas de las innumerables formas de discriminación a que hemos estado sometidos.
Una vez fui a una famosa librería y abiertamente pregunté a un vendedor si había libros de temática lésbica. Me miró fijamente, como con temor, y me dijo que no. Seguí mirando libros y sentí cómo las miradas y murmullos de todos sus compañeros me seguían.
En un hotel de Punta Cana, el lugar turístico más famoso de nuestro país, me hospedé con mi novia. Ella era española. Los chicos de animación se dieron cuenta de que nos habíamos besado en un bar de la playa, y uno se nos acercó a la mesa y nos dijo: “De verdad que ustedes no saben de lo que se pierden”.
Una chica que conozco, ingeniera de sistemas de computación, trabajaba en una de las mejores empresas de comunicación del país. Decidió dar a conocer su condición de lesbiana, y desde que lo supieron, sus superiores no dejaron de boicotear el proyecto al cual estaba asignada y, ante el fracaso del mismo, la despidieron. Hoy lleva dos años sin trabajar sumergida en una gran depresión.
Siempre he creído que la única forma de vivir en libertad mi condición es fuera de este país. Quizás sea una actitud cobarde, pero lo cierto es que ya, por lo menos para mí, el miedo supera mis ganas de ser feliz.
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¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.