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por María Vindel

Viviendo una falsa vida en Serbia

Junio 2011

 

Tina lleva tres años viviendo en España. Su historia es triste, pero a la vez es un canto a la valentía, al amor y a la libertad. Tomó el camino del exilio, marchó de su país; no buscaba un empleo mejor ni un salario mayor. Allí su sueldo y su puesto eran superiores al de ahora en Madrid. Buscaba lo que siempre le han negado simplemente por el hecho de amar a una mujer: su libertad. No quiere dar su nombre verdadero, porque todavía le acompaña el lastre de un cierto miedo al reconocer a la sociedad su homosexualidad. Treinta años ocultándose dejan huella.

En Belgrado había ciertos bares donde podías besar a las chicas, pero olvídate de hacerlo en la calle; ni en Belgrado ni en ningún otro sitio. Te pegan o te matan, depende de quién te vea. No podía ir con mi chica de la mano por miedo a las agresiones. Y te estoy hablando de la situación en Belgrado, que supuestamente es la ciudad más abierta mentalmente de Serbia.

Se crean intentos de marcha del Orgullo Gay, pero siempre se ven cortadas por grupos de ultraderecha. En la última que recuerdo, los manifestantes fueron asaltados por estos vándalos con el resultado de un centenar de heridos y otro centenar de detenidos. Lo peor de todo es que la ley no nos protege. Para estos malhechores su máxima condena fue un día de prisión.

Desde pequeña, no me sentía bien en mi país. Por eso cuando les dije a mis padres que me marchaba no les sorprendió, aunque nunca les dije el motivo verdadero de mi marcha: “Papá, mamá, me voy para vivir mi verdadera vida”. Estaba harta de vivir una falsa vida, me cansé de mentir ante la sociedad, no quería seguir diciendo que era heterosexual cuando realmente era falso. Deseaba que la gente me conociera tal y como soy.

La situación actual de Serbia respecto a la homosexualidad es como la España en la época del franquismo. Para que la sociedad serbia cambie y evolucione su mente, creo que deberán pasar unos 15 o 20 años.

En el trabajo no puedes decir que eres lesbiana, si abría la boca me despedían. Mis amigas lesbianas que hoy día siguen allí, ante la sociedad, el trabajo y sus padres son heterosexuales. Sólo hablan de su verdadera orientación sexual en su círculo de amistades. Ellas han aceptado esa doble vida, pero yo no puedo ser feliz así. En España puedo ir de la mano por la calle con mi chica, aunque siempre habrá alguna persona que mire mal. Al principio me sentía incómoda, arrastraba la cultura serbia del miedo. Tras treinta años viviendo de una manera (ocultándome), me costó acostumbrarme a esta libertad tan ansiada.

Ser lesbiana es la mejor y lo peor que me ha pasado: lo peor porque tenía que mentir a los colegas de trabajo, a la familia, a casi todas las personas que me rodeaban. Incluso en uno de mis trabajos mi jefa se enteró y me tuve que marchar, porque me insultaba y chismorreaba con los demás compañeros sobre mí. Quería que la gente me aceptara como realmente soy, pero si lo decía sabía que su trato hacía mi iba a cambiar. Prefería que me pegaran por ser bollera (ya que eso te duele en el momento, pero después te dejan en paz) antes que sufrir el rechazo. Y lo mejor (risas) porque he tenido mucha suerte en el amor y porque es lo que me hace feliz, lo que me hace sentir una vida completa y llena. Dejé atrás a familia, amigos y un buen trabajo, pero no cambiaría lo que tengo ahora, mi felicidad, por nada del mundo.

Salió de su país con una simple maleta en la mano. Hoy tiene trabajo, novia, dos gatos y un conejo, pero además de todo esto posee lo que siempre deseó: libertad.

Marco legal

 

Desde 1994 la legislación Serbia permite las relaciones homosexuales entre personas adultas. En 2009 firmó la declaración de la ONU sobre orientación sexual e identidad de género por presiones de la Unión Europea. Serbia aceptó debido a su interés en formar parte de la UE. El matrimonio homosexual o las uniones civiles no están permitidos. La Constitución sólo recoge el matrimonio con una única acepción: unión entre un hombre y una mujer. Por supuesto, con estos hechos, la adopción no se contempla. Más del 50% de la sociedad serbia considera la homosexualidad como una enfermedad. Esto se refleja en los boicots realizados a los diferentes conatos de marcha del Orgullo Gay, cuando grupos de ultraderecha hostigaron e increparon a los participantes.

La activista, feminista y lesbiana serbia Tijana Popivoda resume de forma excelente la situación en su país, en apenas unas palabras en una conferencia celebrada en San Francisco: “En el país donde vivo, Serbia, así como en la mayoría de otros lugares del mundo, con la visibilidad puede decirse que nuestras vidas corren peligro. ConVisibility can mean that we are exposed to be insulted or beaten up in public spaces. la visibilidad estamos expuestas a ser insultadas o golpeadas en los espacios públicos. There are no laws that protect our rights to live lesbian existence, we are still full of psychiatrists and religious leaders who are judging us and telling us that we are sick. No hay leyes que protejan nuestros derechos a vivir la vida como lesbianas. Todavía estamos llenos de psiquiatras y líderes religiosos que nos están juzgando y que nos dicen que estamos enfermos. Homophobia is in every step we make in our lives. La homofobia está en cada paso que tomamos en nuestras vidas”.

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