
Israel sorprende por ser uno de los dos países de Oriente Medio con una mayor tolerancia de la homosexualidad y cada vez son más las ciudades de ese país que acogen festivales del orgullo gay. La ciudad que cuenta con una mayor comunidad LGTB es Tel-Aviv y, por tanto, la oferta de establecimientos y negocios dirigidos a gays y lesbianas es mayor. Tanto es así, que también cuenta con una playa abiertamente gay y un parque, el Park Haatzmaut.
Quizá por ello, Tel Aviv ha sido nombrada la capital gay de Oriente Medio, y mientras siguen adelante los preparativos de la Gay Pride Parade que se celebrará el próximo 11 de junio, no hay que perder la oportunidad de visitar algunos de los locales gays más emblemáticos de la ciudad. Entre ellos el Evita, famoso por sus fiestas temáticas, o el Freezone 13, que además apuesta por un diseño de lo más sofisticado. En esta ciudad, también hay lugar para los locales para lesbianas, como el Meshugaat (loca en español), una cafetería que también ofrece buena comida, o el Minerva, local con música dedicado principalmente a chicas homosexuales pero que acoge a todo tipo de público.
Además de estos locales donde disfrutar de una copa en un ambiente más relajado, hay otros sitios donde la realidad es mucho más dura. Para ello existe una asociación como Aswat, surgida en 2002 cuando un grupo de mujeres crearon un foro en internet para mujeres lesbianas palestinas. Poco a poco se convirtió en una de las más sólidas organizaciones de lucha contra la discriminación por razón de orientación sexual y un elemento de ayuda para mujeres lesbianas, bisexuales o transexuales en un ambiente tan hostil como el de la comunidad palestina.
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¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.