
"No sin mi hijo" es la historia de una madre que, sin filiación previa, no ha dejado de luchar por conseguir los derechos de visitas y filiación de su hijo. ¿Quieres conocer más acerca de esta increíble mujer? ¿Habrá conseguido hacer feliz a su hijo y poder estar siempre a su lado? No te lo puedes perder.
Los encuentros de familias, charlas y jornadas son un gran momento para sacar nuestro lado más activista; para explicar nuestras reivindicaciones y solicitar los derechos que nos corresponden. Hasta ahí creo que estamos todas de acuerdo. Pero, además, nos sirven para acercarnos un poco más a nuestros y nuestras iguales. Personas que están o han estado en situaciones parecidas a las nuestras y con las que creamos vínculos fantásticos. Son espacios donde nuestros hijos e hijas se relacionan con niños en su misma situación. Por suerte, la mayoría crecen y viven sin mayores problemas, pero también existe una minoría que sufre grandes discriminaciones por diversos motivos. María Isabel B. F., o Maribel para los amigos, pertenece a Galehi (Asociación de gays y lesbianas con hijos). La conocí en Hervás, un bonito pueblo situado al norte de Plasencia, provincia de Cáceres. Estábamos participando en el IV Encuentro de Familias Homoparentales y el primer día vi a su hijo: un pedazo de rubio con ojos azules con una cara de ángel impresionante. Le hice un comentario sobre lo guapo que era su hijo y comenzamos a hablar.
“Cuando mi hijo ha entrado en la sala de actos y os ha visto a todos con vuestros hijos se ha puesto a llorar. Le he preguntado qué le pasaba y su respuesta ha sido: Mamá, era verdad, ahora sé que hay más niños como yo”. Sus primeras palabras hicieron que quisiese seguir escuchando su historia. Apuesto a que a estas alturas tú también quieres oírla.
“Me resulta muy difícil resumir, vuelvo a revivir cosas muy dolorosas. Nuestra relación duró once años y medio. Desde el principio quisimos tener un hijo. Si no lo hicimos antes fue porque yo quería estar absolutamente segura de que la relación era sólida. Cuando creí que era así, tomamos la decisión y dejamos claro delante de amigos que si algún día nos separábamos nuestro hijo nunca estaría en medio de los problemas que pudieran surgir.

Se inseminó ella, porque era más joven y porque yo tenía una menopausia inducida por una operación de útero. Hicimos el proceso en Ginefiv y nos quedamos embarazadas la segunda vez: el 14 de febrero de 2003 (Bonito día ¿verdad? Así es mi hijo.) El 5 de marzo nos dieron el alta en Ginefiv y buscamos un ginecólogo en Talavera, quien controló toda la espera haciéndonos revisiones periódicas todos los meses.
El niño nació en el hospital público Nª Sª del Prado en Talavera a las 13 horas del día 13 de noviembre de 2003. Fui yo quien ingresó a mi ex en el hospital con unos poderes que hicimos en el notario. Estuve con ella en dilatación dejando claro que éramos pareja hasta que entró en quirófano. Te estoy hablando de un tiempo en el que no existía ninguna ley y el que dos lesbianas tuvieran un hijo era más que tabú. Tengo que decir que el trato del personal fue magnífico, y me dejaron incluso bañar a mi hijo, cuando era una cosa que hacían las enfermeras y que no dejaban hacer a nadie. Creo que el amor que siento por mi hijo fue entonces más fuerte que las normas y los prejuicios. Fui la primera persona que lo tuvo en brazos. ¡Fue maravilloso!
Cuando llegamos a casa sentí un poco de decepción porque mi ex estaba siempre fuera de casa y dedicaba muy poco tiempo al niño, escondiéndose en una depresión post-parto que tenía en casa pero no en la calle. No cogió en brazos al niño hasta que tuvo seis meses. Decidimos entonces que yo aparcaría un poco mi trabajo para ocuparme del niño, porque según ella su trabajo no se lo permitía, y así lo hicimos. Nunca dejé de insistirle en lo importante que era que pasase más tiempo con él, y esperaba que se diese cuenta. Durante los dos años y medio que vivimos hasta la separación, a mí siempre me llamó mamá y a ella Ana, y así sigue. Antes de esto, cuando se aprobó la ley, decidimos casarnos y mientras en la escuela infantil le inscribimos como si su 2º nombre (mi apellido) fuera su primer apellido, dejando claro que lo hacíamos para que cuando se pudiera inscribir como hijo de ambas ya se hubiera acostumbrado.
Cuando se ratificó la Ley pedimos a nuestro abogado que preguntase en el Registro Civil qué teníamos que hacer para inscribirle como hijo de ambas, y nos contestaron que esperásemos un poco porque no habían tenido tiempo de leerse la Ley. En resumen, en junio de 2006 mi ex me plantea la separación de la noche a la mañana y me dice con muy malos modos que me tengo que ir de mi casa y que se queda con el niño. No comprendía nada, sobre todo porque pensábamos casarnos en septiembre. Cuando acudí a un abogado y empezamos a investigar, me enteré de que había puesto a su nombre todo lo que era de las dos. Bueno, esa es otra historia. De todas formas yo había cogido vacaciones para que el niño no fuera a la escuela en los meses de más calor e intentaba hacer razonar a mi ex, cosa bastante difícil porque desapareció de casa. Sólo venía algunos días a dormir y de madrugada. A finales de julio me fui a Mérida a casa de unas amigas con mi hijo y volví el 5 de agosto. Esa noche cogió al niño, lo metió en el coche y se lo llevó. Creí que me moría de dolor.

Al día siguiente se presenta en los juzgados y me denuncia por maltrato familiar y reconoce nuestra relación y mi relación con mi hijo. Me llaman a declarar y cuando la jueza me ve en el estado psicológico y anímico en el que estaba, alucinó. Evidentemente no existía ninguna prueba, porque ni siquiera había estado con el niño y conmigo. Se me pregunta si voy a pedir la custodia y digo que por supuesto, y basándose en unos acuerdos firmados por mi ex y por mí, me concede las visitas de mi hijo hasta septiembre, fecha en la que tengo que presentar la demanda civil. Aconsejada (mal) por mi primera abogada, presento la demanda par ratificar únicamente las visitas. A los tres días de mi comparecencia la jueza dicta sentencia y me reconoce las visitas. El 12 de agosto de 2006, mi ex envía un fax diciendo que tiene miedo de que yo le haga daño, después de haber estado yo sola dos meses con mi hijo y ella no sabemos dónde; pero la jueza llama a su abogada, le pone las pilas y al final entrega al niño al día siguiente. Nunca, pasen los años que pasen, olvidaré los ojos de mi hijo aquel día cuando me vio en el punto de encuentro y se tiró a mis brazos. En septiembre presentamos la demanda civil para la ratificación de la sentencia y en la vista previa pedimos un peritaje psicológico del niño. El peritaje se realiza, aunque no se está cumpliendo la sentencia, y mi hijo y yo estamos sin vernos, previa advertencia de la perito de denunciar en el juzgado el incumplimiento. En la sesión, cuando el niño me ve se lanza a mis brazos gritando: ¡Mamá! Y durante la sesión está súper feliz, pero cuando le dicen que se tiene que ir con su otra mamá, tiene un ataque de ansiedad, se agarra a mi cuello y empieza a llorar y a gritar: Mi madre es esta, repitiéndolo constantemente y: ¿Qué voy a hacer sin ti? Todo esto aferrado a mi cuello. Mi ex lo suelta a trompicones de mi cuello y tumbado en el suelo le pone el abrigo y se lo lleva. Creí morirme de dolor.
No sé si en el Supremo se vio esta prueba, que presentarse se presentó, o no la quisieron ver, pero la legislación española obliga a la justicia a que prevalezca el interés del menor. Gané la demanda en 1ª y 2ª instancia. Todo este tiempo ha estado regado de incumplimientos, amenazas de muerte, robos en mi casa, insultos y hasta una paliza que me dio la familia delante de la Guardia Civil cuando fui a recoger a mi hijo. Esta lucha no ha terminado a fecha de hoy, porque todavía tenemos varios juicios pendientes; aún así, después de las visitas presenté y gané la demanda de filiación de mi hijo en 1ª instancia. Esta demanda se presenta año y medio después de ganar la primera instancia. Gano porque las pruebas que presento son abrumadoras, ante la defensa de mi ex que se confunde y miente repetidamente en el juicio, y porque para los juzgados de familia realmente el bien superior es el interés del menor, cosa que a mi modesto entender ha obviado el Tribunal Supremo en la sentencia de mayo. Entre una y otra existen como sesenta sentencias ganadas por incumplimiento y tres procedimientos penales por desacato. En el último se advertía que de seguir así se le retiraría la patria potestad y la custodia.

El próximo penal por desacato es el 22 de septiembre. Espero que la justicia tome cartas en el asunto y defienda a un menor, al que se ha pegado y que está sufriendo la violación sistemática de sus derechos básicos y fundamentales, como hacerle decidir a quién quiere. Durante estas últimas vacaciones hemos sido acosados por el teléfono. Hemos recibido hasta 60 llamadas. Quiero resaltar que en el juicio de filiación mi ex dejó claro que me fue dando largas con la boda porque no cree en el matrimonio homosexual (palabras textuales) y que en el recurso de apelación a la Audiencia provincial se dedicó a agredirnos por escrito a todas las lesbianas, gays, y transexuales. ¿Alguien lo entiende siendo ella lesbiana? En este camino he perdido mi casa y casi mi trabajo. Entiendo que muchas mujeres en mi situación se queden destrozadas en el camino. Esto necesita mucho dinero y mucho tiempo que tienes que restar a tu trabajo y a tu vida. Tienes que luchar no solamente en los juzgados, sino también en los diferentes organismos de la administración, sanidad, educación, etc. Si he sobrevivido a todo esto ha sido gracias a la fuerza de mi hijo y su constancia en repetirme que me quiere muchísimo, que quiere vivir conmigo. Y cuando he estado sin fuerza, su forma de apretarme la mano y decirme: Mamá, no me dejes. Yo siempre le contesto que nunca dude; jamás lo voy a dejar.”
Como ella bien ha explicado, pasar por todo esto no es fácil. No me puedo ni imaginar cómo me sentiría si mi ex me dijese que va a quitarme a mi hijo. Lo que sí tengo claro es que haría todo lo que fuese necesario para que eso no ocurriese. Sólo de pensar que la Justicia apartase de mí a lo más bonito de mi vida, me pone los pelos de punta y hace que las lágrimas afloren a mis ojos. Por desgracia, no cuento con el testimonio de la otra parte. Me hubiese gustado preguntarle qué le pasó por la cabeza, por qué quiso tener un hijo con alguien a quien no consideraba su pareja; si la consideró así en algún momento y en qué momento dejó de hacerlo. Y sobre todo, le preguntaría por qué le está haciendo pasar a su hijo por semejante calvario. Pero esto no es posible.
Maribel es la primera mujer española que ha conseguido la filiación de su hijo sin tener un vínculo genético con él. Pero lo que es más importante, hace a su hijo feliz. Y es que no hay más que ver el brillo de sus tímidos ojos azules cuando está junto a su madre.
Y vosotras, ¿qué estaríais dispuestas a hacer por vuestros hijos e hijas?
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¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.