
Cuando una sueña con la maternidad se imagina a sí misma con un bebé compartiendo esos momentos tan bonitos con su mujer. Pero si a tu mujer se le ocurre embarazarse a la misma vez que tú, ¿pensarías que se ha vuelto loca o serías tú la que se volvería loca de felicidad? Yo tengo mis dudas.

María y Susana son una pareja como cualquiera. Con sus inquietudes, sus gustos, sus deseos. Dos chicas inteligentes y con los pies en la tierra que comparten su vida desde hace casi 6 años. A priori nada parece dar a entender que algo no les funcione en sus cabecitas, ¿no? Pues no es así, están locas. Locas de remate. O eso al menos me dijeron ellas nada más conocerlas. “Si conoces a otras locas como nosotras, ponnos en contacto”, me dijo Susana luciendo su barriga de 6 meses mientras acariciaba la de María a falta de pocos días para su parto.

La verdad es que es una opción que yo nunca había barajado, porque me parecía que la vida, de repente, se convertiría en un caos. Pero, realmente, no es más complicada que tener mellizos. Dos bebés llorando a la vez, necesitando mimos a la vez, cambio de pañal, paseo, juegos...
Aunque yendo un poco más al fondo de la cuestión me doy cuenta de que hay algo más. Cuando estaba embarazada de mi hijo no tuve muchos de esos síntomas de embarazada, pero sí algunos. Los suficientes para que mi pareja y familiares se metieran conmigo durante todo el embarazo. “No paras de comer. Estás todo el día durmiendo. Vaya manía con los olores.”. Estas y otras eran frases que escuché sin cesar durante todo mi embarazo. Me sentía incomprendida. Como un cuerdo en un manicomio.
María y Susana no han tenido ese problema, sino todo lo contrario. Se apoyan y se comprenden. Se miman la una a la otra en todo momento. Sólo se miran y saben lo que siente la otra. Es mágico, es especial. Pero es que en esta historia no sólo esto es especial.
En mi humilde opinión, a todas las parejas del mundo (o a casi todas) les llega el momento en que deciden que es hora de ampliar la familia. Yo lo comparo con el despertador de la mañana. Te suena suavemente al principio y lo apagas y sigues durmiendo un ratito más. Puede que vuelva a sonar y lo vuelvas a apagar, pero llegada una hora, el despertador cobra vida propia y suena y suena sin que puedas hacer nada por pararlo. No te queda más remedio que doblegar tu voluntad a la suya y hay que levantarse. En la maternidad pasa un poco esto. Aunque no suele suceder en las dos partes al mismo tiempo. Pero ya he dicho que en esta historia todo es distinto.

Nuestras chicas, con su despertador en mano, se presentaron en FIV Madrid y decidieron que sería María quien se embarazase. Fueron necesarias nada menos que cuatro inseminaciones artificiales para conseguirlo pero, ahí estaba, embarazada. De regreso a su casita estaban emocionadas, felices y un poco locas ya. Decidieron que nada era bastante para su pequeño milagro y empezaron a elegir carrito y demás utensilios. ¡Venga, derroche!
A los pocos días, empezaron a pensar que sólo un hijo era poco y que les gustaba la idea de tener más de un hijo; y que, además, se llevasen poco tiempo. Para el resto de parejas que conozco “poco tiempo” pueden ser un año o dos, pero, como os imaginaréis, ellas no pensaron eso.
Así pues, como a María le había costado un poquito “quedarse”, empezarían ya para ir adelantando tiempo. Con tal suerte que Susana se quedó en la primera inseminación y para su sorpresa...¡DE MELLIZAS!
¡Menudo subidón!
En ese momento pensaron: “¡Madre mía, tres niños!” Entonces e-Bay fue su gran aliado, me cuentan a modo de broma. Y no andaban muy desencaminadas, porque el resto de cosas han sido de segunda mano, prestadas. Y es que, ¿quién hace frente a los gastos que conllevan tres bebés? A mí se me hace muy cuesta arriba pensar en toda la logística necesaria. Tienen ayuda, eso sí. La abuela está encantada con la ración triple de nietos, pero el día a día...
Aunque estas pedazo de mamás lo tienen todo controlado, o eso parece. Decidieron cambiar su residencia en el centro de la ciudad por una a las afueras para que sus pequeños Angkor, Dune y Apsara (son los originales nombres de estas originales mamás) pudiesen tener una infancia más tranquila. Tienen todo lo necesario para sus peques y lo más importe: están encantadas y les aman con locura. Esto es en lo único en lo que no son originales y comparten con el resto de madres.
Y vosotras, ¿qué? ¿Os apuntáis al lado loco de la maternidad?
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¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.