
Me encanta aprender cosas nuevas que puedan aportarme conocimientos sobre otras culturas, otros países, conocer personas distintas a mí. Pero en este caso concreto, agradezco a la vida el haberme hecho nacer en este país. Cuando me propuse incluir mi columna en el “Especial Islam” no pensé que fuese tan complicado como me está resultando. Aún así, yo, amante de lo imposible, he conseguido lo que parecía inalcanzable, yo diría que ha sido como encontrar agua en el desierto.

Tenemos bastante claro que el matrimonio homosexual en el mundo no está demasiado extendido ¿verdad? De hecho, sólo en España, Noruega, Suecia, Bélgica, Canadá y otros 21 países de los más de 240 que hay en el mundo está reconocido como tal o tienen algún sustituto igual o parecido al matrimonio. Sin embargo, hay un total de 85 países y entidades en los que la homosexualidad se castiga con prisión o pena de muerte.*
El testimonio que tenemos a continuación es precisamente de una mujer perteneciente a uno de esos países en lo que sentir puede costarte, legalmente, la cárcel: Palestina. En Palestina el 96% de la población practica el islamismo, en concreto el suní y, aunque no tengo datos concretos, yo diría que sólo el 0.01% se atrevería a hacer unas declaraciones como las que os damos a conocer.
Rima Aboud es Coordinadora de Información y Publicaciones de la ONG de lesbianas palestinas residentes en Israel Aswat, con sede en Haifa. “Hay la creencia de que por el hecho de vivir en un país occidental significa que estas protegida por leyes democráticas. La verdad es que, en el caso de Israel, no estas absolutamente protegida, ya que el propio país decide no mirar a las injusticias cometidas por tu propia sociedad, alegando que no quiere intervenir en las formas de vida y en las tradiciones palestinas. Hace seis años, cuando me enamoré por primera vez de una mujer, empecé a cuestionarme mi sexualidad. Al principio, reprimí todo lo que sentía y elegí la única explicación lógica: que quería su espíritu independientemente de su sexo. El hecho de ser lesbiana no era algo que había considerado o que me había permitido parar a pensar. Nunca había oído hablar de un árabe homosexual, nunca había leído y nunca les había visto en la prensa. Mi gran miedo era ser la única lesbiana árabe que jamás haya pisado este planeta. Sabía que no tenía ninguna oportunidad como lesbiana. No podía herir a mi familia. Quería estar a la altura de sus sueños y de aquellos de la sociedad, entonces, me casé.”

Como Rima, cientos, incluso miles de mujeres en el mundo islamista decide no “deshonrar” a sus familias. Si quieren tener hijos, la única forma de lograrlo es casarse con un hombre y vivir una vida que no les pertenece. Una vida junto a un hombre que, en muchos casos, no eligen; y en muchos otros, una vida en la que no son amadas. Y en el 100% de los casos, una vida en la que no están enamoradas. En estas condiciones, es evidente que el formar una familia junto a una mujer, casarte y tener hijos es inviable. Todo lo más a lo que pueden aspirar estas mujeres es a casarse con un hombre, tener hijos con ellos y ser desgraciadas el resto de su vida o divorciarse y ser repudiadas por su familia. Las que deciden ser muy valiente y afrontar una vida en solitario obtienen las críticas de familiares y vecinos.
“Estaba ansiosa de conocer a alguien como yo. Estaba dispuesta a encontrarlas, leer sobre ellas y escuchar sus historias. Por aquel entonces, me juré que un día iba a contar mi historia, que iba a escribir un libro anónimo, para que la gente supiera de mi existencia y que viví esta vida como una mujer palestina homosexual. Si hubiera sabido entonces que después de un año de haberme casado un grupo de mujeres empezó a reunirse y a dar el primer paso para mujeres como yo, mujeres que pensaban que eran las únicas mujeres en el mundo árabe, me hubiera ahorrado noches sin dormir por preocupación y duda. Aswat se inició cuando nueve mujeres decidieron que ellas no querían sentirse así nunca más. Se dieron cuenta que si no se unían, habría muchas más mujeres que arruinarían su vida a causa de la soledad o por rendirse a las normas exigidas a las mujeres por la sociedad. Nuestra organización se convirtió en un espacio acogedor y seguro para esas mujeres que estaban condenadas a vivir un rechazo continuo en sus propias casas. Cuando les transmití a mis padres mi deseo de divorciarme y de irme a vivir sola se sorprendieron. No entendían porque prefería una vida solitaria a vivir en el calor y el confort de la casa paterna. Cuando me mudé, mi madre “liberal” vino a mi casa, “armada” con mi tío, y amenazó con forzarme físicamente a volver a casa si eso me iba hacer volver. Me pasé noches sin dormir y caminaba por la casa temiendo sus amenazas. Sin hacer falta decirlo, mi madre estaba muy decepcionada y herida, y se negó a dirigirme la palabra durante un año entero. Obviamente, mi historia no es la más dura de todas. Muchas mujeres sufren crímenes terribles y están siendo acalladas en sus hogares, por su propia familia y sus seres queridos.”
Lamentablemente, no en estos países no sólo se rigen por la Ley sino que también lo hacen por el fanatismo religioso. Ya es bastante vergonzante que en algunos países una mujer sea poco menos que un cero a la izquierda, pero lo es aún más el que por tener sentimientos o pensamientos distintos a los que se establecen no sólo vayas a la cárcel sino que tus familiares y vecinos puedan asesinarte brutalmente mientras que el Estado mira hacia otro lado.

“Hace dos años, una mujer, Drusa, fue asesinada brutalmente en Haifa. Nadie sabía quién lo había hecho, pero se sabía que fue una matanza por honor, que significa que algún miembro de su familia se sentía avergonzado por algo que había hecho, o no, y decidió matarla y enterrar la vergüenza que trajo a la familia. Su único crimen fue que alquiló un apartamento fuera de su pueblo. Otra fue obligada a huir de su hogar por causa de la violencia física constante que sufría. Se le prohibió abandonar su domicilio excepto para asistir a clases diarias. Aswat la acogió y le ofrecimos ayuda y apoyo. Hoy es una voluntaria nuestra y participa activamente de nuestros grupos de apoyo y cursos de ayuda. Ser mujer en una sociedad patriarcal es una lucha diaria para conseguir nuestro derecho a vivir, a ser y a elegir. La sociedad árabe-palestina tiene poca tolerancia, por no decir ninguna, ante la idea de la liberación de la mujer. Aquellas mujeres que se desarrollan profesionalmente y consiguen ascender en sus profesiones son consideradas “rebeldes”. Así que ya os podéis imaginar como percibe la sociedad a las mujeres que deciden explorar su sexualidad. Es un tema tabú en un entorno muy tradicional. Aswat nace en 2003 para dar respuesta a la necesidad, que no es otra que la de hablar sobre sexualidad, en nuestro propia lengua, con gente que viene del mismo entorno, la misma realidad y que tiene las mismas experiencias. Hemos constituido el primer espacio seguro para mujeres homosexuales palestinas que residen en Israel y en los territorios ocupados. Brindamos servicios innovadores, formación y cursos de empoderamiento, apoyo y alcance hacia las mujeres gays palestinas en Israel, los territorios ocupados y al público en general.”
La dirección de la oficina de Aswat es secreta. Solo lo saben organizaciones que están asociadas y fundaciones que les apoyan. Tuvieron que proteger las instalaciones por miedo a ataques de radicales extremistas que piensan que apoyan comportamientos inmorales y que desobedecen el orden biológico de Dios.

En otra punta del mundo encontramos a Muhsin Hendricks, que reclama su derecho a sentirse gay y musulmán. Fundó hace 13 años The Inner Circle, con base en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) y hasta ahora la única organización LGTB musulmana de ámbito internacional. Su objetivo, muy claro: “luchar contra la interiorización de la homofobia que conduce al suicidio de muchos musulmanes homosexuales y contra los matrimonios forzados y la presión social que obliga a los homosexuales musulmanes a llevar una doble vida”. En París, se celebró el Calem, I Encuentro Internacional de organizaciones LGTB musulmanas, y además de The Inner Circle han participado otras organizaciones integradas en su totalidad o en parte por musulmanes LGTB: como la francesa HM2F, la belga Merhaba, la marroquí Kifkif o la argelina Abu Nawas entre otras (algunas de ellas en situación de clandestinidad en sus países). También ha estado presente la española A.M.HO., Asociación de Musulmanes Homosexuales. Sus representantes han reivindicado la compatibilidad entre fe musulmana y homosexualidad y han intercambiado experiencias sobre cómo organizarse y llegar cada vez a más gente en entornos hostiles.
Está claro que tanto hombres como mujeres desean y trabajan por un mundo musulmán más abierto, tolerante y menos extremista, aunque para eso todavía faltan muchos años. Mientras tanto debemos seguir luchando y no conformarnos. Eso al menos están haciendo algunos clérigos musulmanes en el Reino Unido que, como anunciaron en febrero de este año, estarían dispuestos a celebrar bodas gays. De hecho, una pareja de lesbianas contó a la BBC que cuando decidieron casarse, al contrario de otras religiones, en las que la ceremonia debe practicarla un “ministro de dios”, en la suya (Islam) las ceremonias puede llevarlas a cabo cualquier persona que conozca el Corán. “Una de nuestras amigos conocía el Corán y se ofreció a hacerlo. También es lesbiana y nos dijo que podíamos hacerlo en su propia casa”.
Conclusión personal:
Nada es imposible, ni siquiera en las condiciones más extremas. Los caminos del Señor son inescrutables, así que si no los conoces ni los puedes averiguar, búscate uno que te guste.
Más información:
aswat@aswatgroup.com
www.aswatgroup.org
www.islamgay.blogspot.com
www.colegas.org
*Fuente: Ilga (Mayo 2010)

¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.