
Anoche tuve un sueño. Y quien dice un sueño dice una pesadilla. Me desperté indignada, activista perdida y más a favor de nuestras familias si cabe.

Estaba yo en la Iglesia, vete tú a saber por qué, con mi hijo de 8 años y otros niños más. Supongo yo que era algo así como la catequesis. Ahí estaban todos los niños y niñas y yo, dispuesta a renovar mi fe, escuchando al párroco que muy solícitamente nos soltaba las arengas esperables de la religión cristiana.
Yo, que no soy muy religiosa, aguantaba pacientemente la pequeña tortura. Al principio sonaba bastante razonable. “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, “Hay que ser bueno”, “Obedecer a los padres y compartir con los hermanos”. Bueeeno, alguna parte infantil de la Iglesia puede ser moderada y ciertamente beneficiosa para los niños, pero no imprescindible.
En un momento su discurso cambió radicalmente: “La familia debe permanecer unida. Una familia como es debido está compuesta por un padre, una madre y sus hijos. Esas parejas homosexuales no son una familia y además estadísticamente se divorcian más y sus relaciones duran menos”. Mi tensión se elevó a la misma velocidad que un termómetro explotaría en las capas más profundas de la tierra. “¿Cómo puede soltar por la boca semejantes mentiras, basadas en su propia opinión y no en estadísticas reales, y quedarse tan tranquilo?”, le espeté yo de inmediato. “Yo tengo muchos amigos homosexuales que forman familias y que llevan toda una vida juntos”. Indignada me levanté, cogí a mi hijo y me fui.
Por suerte, mi sueño duró tan sólo unos minutos, pero las falacias de la Iglesia llevan vigentes más de dos mil años.

No pretendo ofender a quien crea y tampoco contentar a todo el mundo; sólo expresar mi opinión sobre lo que la Iglesia hace con nuestros hijos. Bueno, con el mío no, gracias. Espero que sea lo suficientemente inteligente como para no dejar que nadie le coma la cabeza en un momento de su vida en el que es una esponja y cree todo lo que le viene por cualquier flanco. Confío en que crezca poniéndolo todo en entredicho, que desafíe la autoridad si cree que tiene razón o si se siente agredido como persona.
Al principio pensé que estaba exagerando y que era sólo un sueño, pero luego, recapacitando, creo que no estoy muy desencaminada de la opinión de la mayoría de los que forman esa Iglesia caritativa y comprensiva. No pongo en duda que la idea de Jesucristo, si alguna vez existió y tuvo intención de formar una comunidad, fuese la de sembrar el bien y la caridad. Pero lo que hay ahora se parece mucho más a la Iglesia reflejada en la Ágora de Alejandro Amenábar. Donde se apedreaba al no creyente hasta la conversión o hasta la muerte.

Hoy en día no nos apedrean ni nos matan (por lo menos no es lo habitual), pero sí intentan hacernos quedar como infieles, pecadores, transgresores de la Ley de Cristo... No dignos, al fin y al cabo.
Nuestro amor no es amor, es vicio. Nuestros matrimonios no son matrimonios, sino un ataque contra los derechos humanos. Para muestra un botón. Una selección de las mejores frases de obispos españoles dando fe de su caridad cristiana:
"Pueden tener derecho a vivir juntos e incluso producirse un cambio de legislación que les permita transmitirse una herencia, pero no deben equipararse a las familias o a los matrimonios"
"No pueden formar familias ni matrimonio porque les falta la complementariedad sexual y la transmisión de vida"
"No se ajusta a la única definición de familia que existe, que es la de la Iglesia Católica y la del diccionario de la Real Academia"
"Solo pretenden escenificar formas de familia en las que la palabra familia está entre comillas, sin interesarles la definición real de familia y sin la capacidad para traer hijos al mundo dentro de la unidad" "Me parece muy grave, porque es la muerte de seres humanos y lo mismo que lamentamos el 11-M, el actuar y negociar con embriones es trabajar con la muerte de seres humanos" "Los matrimonios entre personas del mismo sexo no son los más propicios para educar a los niños, aunque la Iglesia respeta a los homosexuales" "Los gobiernos presentan la legalización como una conquista de la modernidad y la democracia, aunque en realidad, representa la caída en una profunda deshumanización". 1
Más información:
1. http://www.publiboda.com/bodas_gay/iglesia/index.html
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¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.