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por Marta Márquez

Nuevas parejas, nuevos celos

Diciembre 2011

 

Hemos hablado de matrimonios que se separan, niños que multiplican sus hogares, mamás que valoran más su odio hacia su ex mujer que el amor hacia sus hijos pero ¿qué pasa cuando tu ex no es la madre de tus hijos y desaparece por completo de su vida?

No voy a extenderme sobre lo que sucede para que una pareja rompa, ya que, si por suerte nunca os ha pasado lo habréis leído en columnas anteriores. Pero sí vamos a hablar sobre qué sucede cuando una pareja se rompe y no son sólo muebles y cuenta corriente lo que se comparte.

Tienes uno o varios hijos y te encuentras de cara con la segunda oportunidad que la vida te da para ser feliz en pareja. Tras unos meses, o años, de próspera relación… ¡puf! los tiempos de bonanza desaparecen.

Cuando una no tiene “cargas familiares” pasa el período de duelo por la ruptura y ¡hala, a seguir tu vida! Pero conseguir estabilidad emocional cuando tienes una pequeña criatura en la oreja preguntando cada día: “¿Dónde está Pepita? ¿Por qué se ha ido? ¿Cuándo va a venir a verme? ¿Por qué no vamos a verla?” (en cada caso sustituir Pepita por el nombre de la ex correspondiente) es un poquito más complicado. A todas estas preguntas hay que sumarle la dificultad en responderlas, porque no sólo te juegas herir a tu hijo, sino que muchas veces ni siquiera sabes qué contestar.

Los principios son muy duros, pero todo pasa. Quizá las dos estéis heridas y ni siquiera podáis veros o quizá la distancia lo hace poco probable. Puede ser que durante un período largo no sea posible la comunicación, pero eso los niños no lo entienden. Cuando un niño pasa mucho tiempo con alguien acaba convirtiéndose en una relación filial y desaparecer de su vida de repente puede desestabilizarlo. Claramente, lo ideal sería mantener el contacto con estos, pero como eso no siempre es factible, lo mejor será retomarlo poco a poco según la estabilidad de cada una de las partes.

Como es lógico, no todo el mundo reacciona de la misma manera y es imposible realizar un análisis real de todas las alternativas posibles, por lo que he decidido hablar en primera persona sobre mi propia experiencia y la de mi hijo.

Sin entrar en quién se fue o quién se quedó, diré que mi hijo era muy pequeño cuando su padre y yo nos separamos, pero ya tenía 6 años cuando mi novia y yo rompimos. Ella le ha criado como si fuera su madre. Él ha aprendido a ser persona con ella. Para él, éste ha sido un divorcio en toda regla. Los dos se adoraban y ahora están muy, muy lejos. Al principio parecía como si no la echase de menos, quizá como mera arma de defensa. Pero poco a poco fue descubriéndose que hablaba de ella constantemente; de sus juegos, de nuestras vacaciones, de las bromas entre ellos. Efectivamente, la echa mucho de menos, pero todavía no tiene habilidad suficiente para expresarlo. Le falta una parte de su familia y no puede hacer nada para remediarlo.

Ni qué decir tiene que yo quiero la felicidad más absoluta para mi hijo y que todo lo que yo pueda hacer para que sea feliz lo haré. No se trata de comprar más Bakugans o consentir sus caprichos más absurdos, sino de intentar aportar a su vida sentimientos, experiencias y pensamientos enriquecedores y, por supuesto, hacer lo imposible para que las personas que le quieren y a las que él quiere estén cerca de él. Estamos educando al futuro; hagamos del futuro un lugar mejor.

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